El sexto rector padillista

Días antes de la designación de Tonatiuh Bravo Padilla como nuevo rector de la UdeG, la comunidad universitaria manifestó su inconformidad en las calles y en foros para denunciar lo que consideraron una mascarada donde el gran elector fue El Licenciado Raúl Padilla. Pese a ello, apenas anunciado el triunfo de Tonatiuh –quien obtuvo 106 de los votos de los 182 consejeros universitarios–, hubo quienes se alegraron. No obstante, advierten que el principal reto del cuadragésimo noveno rector es deslindarse de Raúl sin caer en el “síndrome de Carlos Briseño”. Resguardado por decenas de policías de Guadalajara y agentes de seguridad privada, el Consejo General (CGU) de la Universidad de Guadalajara (UdeG) eligió el 31 de enero último a Tonatiuh Bravo Padilla como el rector número 49 en la historia de esta institución, la segunda casa de estudios más grande del país. Bravo Padilla, quien ocupaba la rectoría en el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), obtuvo 106 de los 182 votos de los consejeros; Ruth Padilla Muñoz, coordinadora del Sistema de Educación Media Superior, quedó en segundo lugar con 36 votos; Héctor Raúl Pérez Gómez, rector de Ciencias de la Salud, en tercero con 24, y Pablo Arredondo Ramírez, en último lugar con 16 boletas. Poco antes de la elección, grupos de inconformes realizaron manifestaciones y protestas callejeras, así como foros de análisis para denunciar la falta de democracia en el seno de la UdeG; criticaron también la desviación de recursos de la institución para la farándula, lo que, dijeron, va en detrimento de las actividades académicas y docentes. Al filo de las 10 de la mañana del citado día 31 de enero, mientras se realizaba la sesión extraordinaria del CGU, decenas de estudiantes, algunos con máscaras de los candidatos a la rectoría, realizaron una protesta frente al paraninfo Enrique Díaz de León, donde sesionaban los consejeros universitarios. Reunidos en el parque Rojo, en la confluencia de Federalismo y Juárez, los marchistas comenzaron a desplazarse, al ritmo de una batucada y acompañados por zanqueros, con rumbo a la rectoría de la UdeG, donde hicieron un plantón. Durante el trayecto algunos exhibieron la imagen de un borrego y balaron para expresar su molestia por la mascarada de elección del nuevo rector, en la cual, decían, el gran elector era Raúl Padilla López, el líder del Grupo Universidad. Ya en la explanada, un joven disfrazado de Raúl Padilla puso en el suelo las fotos de los cuatro candidatos para que los fotógrafos tomaran sus placas desde diferentes ángulos. Los zanqueros amenizaron la marcha con bailes y malabares, acompañados por la música que retumbaba en el viejo edificio donde hace muchos años funcionó el Cine del Estudiante. Un grupo de inconformes pretendió entrar al edificio de la rectoría, cuya entrada principal estaba resguardada por policías de Guadalajara y agentes de seguridad privada. Ante la imposibilidad de romper la valla de seguridad, se conformaron con leer un documento en el que enumeraron sus demandas; al final entregaron un pliego petitorio a las autoridades y se retiraron. Durante la lectura, el joven Santos Urbina destacó que este año –el periodo de Tonatiuh se inicia el próximo 1 de abril y concluye el 31 de marzo de 2019– la UdeG tendrá un presupuesto de 8 mil 900 millones de pesos, uno de los mayores entre las universidades públicas del país. La cifra, dijo, es casi el doble de lo que ejercerá el ayuntamiento de Guadalajara. Según los manifestantes, la institución destinará la mayor parte de sus fondos a actividades empresariales y partidistas, más que a los objetivos académicos y culturales. El descontento en la comunidad universitaria se refleja, dijeron, en la elección de los consejeros, donde sólo participa alrededor de 20% de los posibles electores. Así es como se integró el actual CGU, el máximo órgano de gobierno que el pasado 31 de enero eligió a Tonatiuh Bravo como rector. E insistieron: El CGU es un órgano colegiado carente de legitimidad y autoridad moral. Se quejaron también del creciente número de rechazados en la universidad; hablaron de 60% para el ciclo 2013 “A” y de 50% de los aspirantes a ingresar a bachillerato. La jornada electoral   El 31 de enero por la mañana, en el interior de la rectoría de la UdeG las edecanes se afanaban por supervisar a todos los que entraban en el inmueble. Los observaban con detalle en busca de la invitación y seguían a los que les parecían sospechosos. A los reporteros les pedían su acreditación para dejarlos entrar. En la sala Lola­ Álvarez Bravo, adjunta al Paraninfo, uno de los agentes de seguridad privada pedía a los comunicadores conectar sus equipos de cómputo en una sola área del recinto, lo que irritó a la mayoría. Los asistentes de los cuatro candidatos atestiguaron el altercado con los reporteros. Poco antes de las 11 de la mañana, a las 10:52, casi una hora después de lo programado, se inició la sesión del CGU, con 182 consejeros. Los últimos en llegar a esa reunión fueron Roberto Castelán Rueda y Ricardo Villanueva. El pleno del consejo dispensó la lectura del acta anterior y pasó directamente a la elección. Marco Antonio Cortés Guardado, rector sustituto y presidente de la asamblea, pidió a sus colaboradores mostrar a los asistentes y a reporteros una urna transparente para evitar suspicacias. Acto seguido, el secretario de la universidad, Alfredo Peña, nombró a cada uno de los consejeros para que pasaran al frente del estrado a emitir su voto. El día anterior, 30 de enero, integrantes del Colectivo Reflexión Universitaria (CRU) organizaron un foro de análisis en el cual participaron el escritor Juan José Doñán, la comentarista Isabel Sepúlveda, el representante del Sindicato de Trabajadores Académicos y Administrativos de la UdeG Román Munguía Huato y el representante del CRU Bernardo Jaén Jiménez. El encuentro se realizó en las instalaciones del Fondo de Cultura Económica, en avenida Chapultepec. Algunos ponentes coincidieron en que, independientemente de quién sea el nuevo rector, su principal reto será mostrar su habilidad para evitar caer en los errores de Briseño Torres, quien entró en conflicto con Raúl Padilla, al acusarlo de desviar recursos universitarios para la promoción de proyectos ligados a la farándula a través de iniciativas como el Auditorio Telmex, el Teatro Diana, La FIL, el Festival Internacional de Cine de Guadalajara y otros. Briseño Torres se suicidó el 19 de noviembre de 2009, casi año y medio después de su destitución, tras de comprobar que las autoridades judiciales le habían cerrado todas las posibilidades de regresar al despacho de la rectoría. En el proceso de elección y alejado del registro oficial, el maestro de filosofía Ignacio Mancilla se declaró candidato independiente y llamó a la comunidad universitaria a realizar un análisis objetivo sobre los graves problemas que arrastra la institución. Habló también de la pertinencia de promover la democracia y la integración de órganos de gobierno que hoy operan de espaldas a la comunidad universitaria y de la necesidad de ahondar en el proceso de transparencia y rendición de cuentas y en el uso de los recursos públicos en la UdeG. El discurso de Tonatiuh   En los encuentros con los medios de comunicación en vísperas de su designación, Bravo Padilla adelantó que desde la rectoría intentará mantener las puertas abiertas; buscará también, dijo, sacar el mayor beneficio de todos los liderazgos con que cuenta la universidad, en una clara alusión a Raúl Padilla, y que velará por mantener una buena relación con los diferentes niveles de gobierno en los ámbitos federal y estatal. El 24 de enero, al exponer su proyecto ante el CGU, Bravo Padilla habló de elevar la matrícula en los niveles medio y superior, buscar mayores recursos para la UdeG y elevar los emolumentos de los trabajadores académicos y administrativos. Algunos de los que han participado en otras elecciones recuerdan que en el 2000, la maquinaria manejada por El Licenciado Padilla trabajó para colocar en la rectoría a su hermano Trino Padilla, antes de la salida del cargo de Víctor Manuel González Romero. En ese momento, otros cuatro universitarios quedaron fuera, entre ellos Juan Manuel Durán, el exvicerrector Misael Gradilla, Carlos Briseño y el mismo Bravo Padilla, quien siempre había enfrentado el recelo del líder máximo de la UdeG. En 2006, relatan, Bravo Padilla quedó fuera de la contienda por encargo de Raúl Padilla, pues éste decidió “jugar” con Carlos Briseño. En esa ocasión, dicen, el exrector del Centro Universitario de Ciencias Sociales, Juan Manuel Durán Juárez, y el exvicerrector Raúl Vargas López pretendieron pasar por encima de Raúl Padilla. En la elección del pasado 31 de enero, minutos después de que se anunció el triunfo de Bravo Padilla, fuera del paraninfo se comentaba que por fin, después de 15 o 18 años de intentos frustrados, había llegado a la rectoría. Exuniversitarios consultados por Proceso Jalisco aseguran que al nuevo rector le gusta asumir los retos: “Tonatiuh nunca ha sido una persona callada, no se deja, aun cuando la discusión sea con Raúl Padilla. Durante mucho tiempo la consigna hacia Tonatiuh era otorgarle lo que quisiera para diluir su imagen y “evitar que creciera políticamente”. En 2006, tras su derrota, Bravo Padilla se fue “exiliado” como legislador federal del PRD; la UdeG le mantuvo su sueldo quincenal de 11 mil 927 pesos, según publicó este semanario en su edición 254. Bravo Padilla devolvió lo que había cobrado de enero a marzo de 2007, pero luego recuperó sus percepciones. Quienes lo conocen consideran que Bravo Padilla intentará llevar una administración sin grandes contratiempos políticos e instrumentar propuestas para beneficiar a la comunidad académica y estudiantil, aunque, dicen, no debe descartarse que en los próximos meses el jefe del Grupo Universidad lo presione para que golpee al gobierno de Jorge Aristóteles Sandoval, quien asume el cargo el próximo 1 de marzo. “A Raúl ya no le preocupa la posibilidad real del crecimiento de un personaje como Bravo Padilla, porque la rectoría, en tiempos actuales, se hizo pequeña, en el marco del conflicto con Carlos Briseño”, dice uno de los entrevistados. “Raúl Padilla, al igual que Elba Esther Gordillo, es un personaje de poder. Raúl no tiene amigos, tiene súbditos. Vale la pena preguntar dónde están sus viejos amigos. Algunos se mantienen quién sabe cómo. Es el caso de Gustavo Cárdenas Cutiño (tesorero de la UdeG), él sabe del manejo de los dineros; poco se sabe de Antonio Magallanes, exdirigente del sindicato de académicos y exlíder del PRD Jalisco “Muchos de los que trabajaron cerca de Raúl o le sirvieron a la universidad ya se fueron. De los otros, valdría la pena preguntarse dónde están; qué pasó, por ejemplo, con Carlos Moyado, con Misael Gradilla, con Víctor Manuel González Romero, con el exvicerrector Ricardo Gutiérrez Padilla, con el propio Briseño. “Todos saben o supieron que Padilla termina por tratar a todos como empleados. Él es un cabrón; tiene la mano muy pesada y no respeta. Tonatiuh lo entiende y ahora vamos a ver qué tan hábil resulta, porque corre el riesgo de vivir el síndrome de Carlos Briseño y terminar peleado con el líder del grupo”, dice otro de los exuniversitarios consultados.