Gobierno para el repudio

Tal vez alguna generación anterior a la nuestra pudo haberse sentido orgullosa de los gobiernos que padecieron; habrá que preguntarlo a los historiadores. Pero el desencuentro entre la generación presente y el equipo gobernante actual es evidente. No se reduce esta distancia afectiva a la mera suspicacia del hombre de la calle para con los hombres del poder. Es notorio el repudio a la fauna de los grillos, pertenezcan al poder que sea. De antiguo se ha tildado a los abogados de corruptos. Ellos aterrizan sobre todo al Poder Judicial. Pero el estigma de la repugnancia ciudadana se ha extendido ya también a los miembros de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Ahora ya no se notan distingos. Vemos destilar dolo del actuar de todos ellos; todos están dando pábulo a nuestra desconfianza sempiterna.

Tal desamor no es etéreo. No aparece y desaparece por hechizos o encantamientos. Proviene de la dura realidad contable de nuestros pesos y centavos. No vemos correspondencia entre la recaudación del dinero público y su aplicación atinada y honesta. Se les ha ido cogiendo en la pichada de desvíos y peculados. Ahora ya no es mera sospecha, sino verdad dura que el comportamiento de los hombres del poder con las cuentas del erario obedece a un instinto de ratas de albañal.

Para muestra están los enredos del Congreso del estado, que no termina de ser exhibido. Se han entreverado los últimos días tres denuncias más sobre sus cochupos: una acusa de no pagar las cuotas de sus empleados a Pensiones, aunque se las descontaron y alguien se quedó con ellas. La segunda expone que el ISR de los trabajadores tampoco se entregó al SAT, a pesar de que se las retuvieron y tampoco aparecen. La tercera habla del mismo atraco, pero con las cuotas del IMSS. Lo de Pensiones se eleva a 40 millones, lo del SAT a 70, lo del IMSS a 12, más lo que se acumule en la semana.

El estribillo de la complicidad es el que más rápido aprenden quienes llegan al gobierno. Los diputados anteriores estaban puestos a taparle las pillerías a Emilio, el monaguillo disfrazado de gobernador. Pero los rebasaron los plazos y tuvieron que irse. Se largaron con pitos destemplados y cedieron la vergüenza de la acreditación a los nuevos. Éstos juraron poner orden en la casona de Hidalgo. Alguna ilusión podía abrigarse, porque siempre muere al último la esperanza. Pero vano fue el sueño de quienes alentaron tal pulsión.

El titular del Ejecutivo, que está por salir, traía una cola pendiente por concepto de los Juegos Panamericanos de 2011, que se eleva a mil 400 millones de pesos. Le solicitó al Congreso la aprobación de 3 mil 200 millones, para salir airoso de sus apuros. Tenía de plazo para pagarlo el 21 de enero. Como se ve, su petición resulta más abultada de lo que dicta el apremio. Para dorar la píldora, la nueva Legislatura le aprobó un crédito por 2 mil 439 millones, no todo lo pedido pero sí mil millones más que lo de la urgencia. Este litigio del monaguillo ya cruzó el puente levadizo y no le quitará más el sueño. Cumplirá esta obligación, aunque haya manejado tales dineros sin control alguno, incluso aunque lo haya desaparecido en sus arcas personales.

Le fue aprobado el crédito con 32 votos a favor y siete en contra. El PRI, el PAN, los dos del PRD y el del verde se quedaron en el pantano. Sólo dos panistas y los cinco del MC, siete en total, marcaron su raya. Esta votación le da la razón al sentir negativo de la población sobre la conducta política de los legisladores. “Se mancharon”, afirman los chavos; “saliste igual que la otra”, decimos los más viejos. Sólo se salvan los del voto minoritario, quienes se opusieron. Habrá que alentarlos para que sostengan viva esta bocanada de aliento contra una mayoría corrupta e incorregible. Que profundicen esta línea de acción limpia, aunque se vean aún como endeble caña que humea.

No es el único punto de desencuentro. Esta semana se instaló en la Plaza de Armas de Guadalajara un plantón exigiendo juicio político y la instauración de un juicio popular en contra del “despilfarrador de los panamericanos, el que endeudó a generaciones enteras de jaliscienses y atentó contra Temacapulín, Acasico y Palmarejo, el que hizo donativos a Televisa y a la jerarquía católica con dinero público”, reza la convocatoria. Formula además que Emilio González Márquez bloqueó el reglamento que debió elaborar por mandato del Congreso, para que por ley los adultos mayores de Jalisco recibieran una digna pensión, de acuerdo con el programa 70 y Más. Aparte de los 500 pesos mensuales de apoyo económico, esta ley obliga al gobierno a entregar medio salario mínimo, acordado cuando los ancianos tomaron el Congreso durante varios días a finales de 2011. Desde el mes de julio los ancianos ya no han recibido el apoyo. Los del plantón afirman que Emilio desvió alrededor de 110 millones de los 200 aprobados por el Congreso.

A nivel nacional la zambra registra dislates comunes. Las participaciones que la federación otorga a los estados y a los municipios andan en el filo de 10% del presupuesto. La Auditoría Superior de la Federación informa que la crisis del 2008-2009 significó un desplome severo en este renglón. La mitad de los municipios del país enfrentan deudas tan serias que hacen simplemente inviable su tarea administrativa. De 2006 a 2010 aumentaron de 16 a 23 los estados que arrojaron déficit presupuestal. Por esta deuda el funcionamiento de las estructuras de gobierno en el país se encuentra en vilo. Jalisco parecía no bailar en esta danza absurda. Pero nos enteramos que Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque encabezan la lista de los municipios más endeudados. Si ahora el Congreso autoriza al estado la ampliación del techo de crédito, que siempre deriva en más endeudamiento, no tardaremos en engrosar la lista de las entidades en quiebra. De todas formas, nuestras cifras locales van acordes con el desastre nacional, donde la emigración actual aparece ya como la más grande de la historia del país; la de nuestros muertos, desaparecidos, secuestrados, desplazados, debido sobre todo a la imbécil y sorda guerra civil que azuzó Felipe Calderón, es espeluznante; la de nuestros pobres, hambrientos, desempleados ya nos puso al nivel de Bangladesh y Uganda. La destrucción ambiental, la amenaza al maíz, la venta de buena parte del territorio, la enajenación del país por parte de las empresas trasnacionales…

A cambio las élites protegidas por el poder están de plácemes. Derivado de informaciones diplomáticas de la embajada gringa en México (Wikileaks divulgado por La Jornada: https://ow.ly/gYacs), se sabe que la riqueza de los mexicanos más poderosos sumaría 10% del PIB del país. Componen esta lista: Carlos Slim, Alberto Bailleres, Germán Larrea, Ricardo Salinas Pliego, Jerónimo Arango, Roberto Hernández, Emilio Azcárraga, Alfredo Harp Helú y Lorenzo Zambrano, los grandes ganadores desde que empezó entre nosotros la ruleta del neoliberalismo. ¿No será hora todavía de ir volteando la tortilla?