De Felipe I. Echenique March

Señor director:

En la entrevista que el señor Salomón Bazbaz ofreció a Columba Vértiz de la Fuente en Proceso 1889 (UNESCO premia al Centro de Artes Indígenas de Cumbre Tajín), al igual que Miguel Alemán V. en su artículo Los totonacas (sic), patrimonio cultural de la humanidad, publicado en El Universal del 12/12/2012, se auto-elogian, como si no supieran que en boca propia es vituperio.

Bueno, cada quien hace de su persona lo que más le parece. En eso no puede haber ningún problema. Donde sí lo hay es cuando espetan que los opositores a su festival Cumbre Tajín guardamos silencio por el reconocimiento que hizo la UNESCO al parque Takilhusukut. No señores, no guardamos silencio a ese reconocimiento. Lo vemos con la misma indiferencia con que los tribunales trataron los recursos legales presentados por más de seis años para evitar la destrucción de vestigios arqueológicos y la comercialización y banalización que ustedes impusieron en la zona de monumentos arqueológicos del Tajín cuando el segundo fue gobernador de Veracruz.

Ustedes hicieron lo que quisieron –con la obsecuente permisibilidad del presidente de la República, los secretarios de Educación Pública y los directores del INAH– gracias a la impunidad y al desapego a la ley, que es la moneda corriente en el mal llamado sistema jurídico. Su parque temático del que tan orgullosos están hizo polvo los testigos de la historia primigenia de los ocupantes y constructores de lo que nosotros conocemos como zona arqueológica del Tajín.

Para ustedes la zona arqueológica es escenografía y negocio. La UNESCO emite marcas y etiquetas que explotan los grandes consorcios del turismo donde ustedes están muy metidos y donde la derrama hacia abajo es muy escasa. Querer vender su capricho y su negocio como algo a imitar, ahora, bajo el subterfugio de la educación, los pinta de cuerpo entero, no preocupados por el entorno social y la educación, sino por sus negocios.

¿Cuánto piensan cobrar por su franquicia? Quizás podríamos pensar distinto, si ustedes hubieran actuado conforme a derecho y ahora nos ofrecieran datos contundentes, verificables de las derramas económicas, sociales, educativas y culturales que ha dejado entre la población de la zona del Totonacapan, su mentado festival Cumbre Tajín y sus denominadas 16 casas-escuelas.

Muestren datos y logros reales y no consignas que sólo intentan jalar más recursos para una escenografía que nació muerta, pues no se enraizaba en lo profundo de la tradición totonaca, sino en la corrupción y complacencia de un sistema político que no vemos que llegue a su fin aun con alternancias y cambios de maquillaje.

 

Atentamente

Historiador Felipe I. Echenique March