2013: Volver a empezar

Al año que se fue lo despedimos con trompetillas, a tenor de los zapatistas que le dieron un adiós inusitado pero refrescante. No cabe duda que el México profundo nos torna siempre a las raíces, sin chauvinismos, sin folclorismos estólidos, buenos tan sólo para la decoración turística.

Nuestros autóctonos nos retrotraen al espejo vital del que nunca deberíamos apartarnos. Recuperamos trozos de la parte olvidada de nuestra vida de la que no podemos abjurar. Pero ahora vamos a otra cosa.

Por razón de haber realizado este redactor, a fin de año, un breve viaje de descanso fuera del país, hubo ocasión de constatar algunas variables que tenemos todos los días por casa, en las que nuestra atención no repara lo suficiente. Es gracia que la distancia del hogar haga que las captemos como nuevas o como llenas de flecos de interés. Para ir al grano nombremos el escándalo suscitado en el paraíso internacional de la banca la primera semana de 2013, reportado ya por todos los medios. El banco suizo Wegelin & Co. facilitó a ciertos multimillonarios la evasión de impuestos fuera de su país. Declarando en casa se hubieran sometido a leyes estrictas. Pero escabulleron tal obligación buscando resquicios. Con eso de que el dinero es sangre del corazón, a las grandes firmas les duele el codo igual que a los pequeños propietarios y cierran el puño. Esta práctica desleal no fue descubierta en las Islas Caimán, sino en el mero corazón de la banca mundial impoluta, en la nevada Suiza. No es triquiñuela novedosa lo de evadir impuestos, sino el lugar del que siempre se hablan lindezas. Los menesteres bancarios generan la misma porquería entre nosotros como entre la gente que habita en el primer mundo. Sólo que a ellos los damos por buenos.

El año pasado se supo que, en nuestro México lindo y querido, al banco HSBC le detectaron operaciones de lavado de dinero, presuntamente proveniente de los bajos fondos del mundo del crimen organizado. Se dieron a conocer hasta los montos de las operaciones y las multas resultantes, si bien no se dieron a conocer los nombres de los responsables. Es de suponerse que los hay, pero seguiremos sin conocerlos. Si siguen saltando estas sorpresas, hemos de aceptar entonces que los mayas tuvieron razón al profetizarnos que nos esperaba nueva era.