Viviendas chatarra

Hace cinco años, cuando aún se construían las 5 mil casas-habitación del fraccionamiento Los Silos en Tlajomulco de Zúñiga, la empresa Arcor presumió su modelo de vivienda ecológica e incluso se llevó un reconocimiento nacional. Pero a un lustro de distancia los residentes de ese complejo se quejan porque, dicen, no sólo compraron inmuebles de ínfima calidad, sino también innumerables problemas, como la falta de servicios y una inseguridad creciente que ahora los hace sentirse prisioneros en sus propias casas.

El sueño de tener una casa propia se convirtió en una pesadilla para miles de personas que adquirieron su vivienda a través de su crédito Infonavit en alguno de los fraccionamientos construidos recientemente en Tlajomulco de Zúñiga.

La zona, dicen, no sólo carece de servicios, sino que los asaltos, violaciones, pleitos entre pandillas y balaceras son cotidianas.

En un recorrido por los clústers (conjuntos habitacionales) que se ubican en Santa Fe y en el fraccionamiento Los Silos, construidos durante la gestión de Antonio Tatengo (2007-2009), Proceso Jalisco observó que en el entorno son frecuentes las riñas entre pandilleros.

Los vecinos han optado por salir temprano de sus casas a trabajar y regresan lo más temprano posible para evitar exponerse a algún asalto. Los de menos recursos se quejan de la pésima calidad de las viviendas, por las cuales pagaron entre 175 mil y 200 mil pesos.

A ello se suman, dicen, la falta de transporte público y agua potable, las vialidades destruidas; las áreas verdes, que son comunes, están en completo abandono. En ellas los pandilleros suelen reunirse para vender o consumir droga; algunos de los distribuidores de estupefacientes son conductores de los mototaxis que dan servicio en el fraccionamiento y suplen al escaso transporte público.

Cuando los ladrones observan alguna casa deshabitada, irrumpen en ella y la desmantelan. Se llevan cables, accesorios de baño, puertas, tuberías, tinacos, tanques estacionarios, calentadores, domos; rompen cristales, grafitean las paredes y aprovechan para drogarse.

Durante el día, cuando los moradores abandonan sus viviendas para realizar sus actividades cotidianas, los ladrones están al acecho. Y aprovechan para irrumpir en ellas y llevarse lo que pueden. Algunas veces llevan incluso una camioneta para subir el menaje, comentan los colonos.

Dicen que cuando llaman a la policía para hacer una denuncia por lo general se demoran o de plano no acuden al lugar. “Mucho menos lo hacen cuando les hablamos para decirles que hay balacera o que los ladrones andan en las azoteas”, dice una de las vecinas entrevistadas.

Las “favelas” de Tlajomulco

 

El fraccionamiento Los Silos, ubicado cerca de la Arena VFG (Vicente Fernández Gómez), corrió a cargo de la constructora Arcor, de los hermanos Arturo e Iván Cordero –este último propietario del hotel boutique Demetria y de varias fincas de valor artístico para la colonia Americana– y de Víctor Urrea Stettner, quien fue destituido como contralor municipal de Guadalajara durante la administración de Jorge Aristóteles Sandoval.

El conjunto habitacional, que en 2007 se ofertó como modelo de construcción ecológica y se hizo acreedor a un reconocimiento nacional, comprende 5 mil viviendas. Frente a la entrada se ubica una avenida de dos carriles, en uno de los cuales circulan principalmente mototaxis. Las unidades de transporte público que cubren la ruta tardan hasta media hora, lo que dificulta la movilidad de los vecinos, la mayoría de los cuales no cuenta con vehículo particular.

En el camellón central se asientan torres de alta tensión, hacia el fondo, escondidas entre matorrales, se encuentran cientos de casas deshabitadas que hoy son usadas como retretes por los drogadictos.

El circuito izquierdo conduce hacia los centros escolares: un jardín de niños, una primaria y una secundaria. El centro de salud más cercano se encuentra en la población de La Calera, a 30 minutos del lugar si se va en automóvil. Las áreas verdes están descuidadas, lo mismo que el auditorio al aire libre diseñado para conciertos y obras de teatro.

El lugar se convirtió en punto de reu­nión de drogadictos y delincuentes cuyas edades oscilan entre 14 y 22 años. Ahí pasan las horas empuñando una estopa bañada en tonsol. Apenas se incomodan cuando ven a los reporteros, algunos continúan inhalando.

A espaldas del auditorio está la maltrecha cancha de futbol que se hizo famosa en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) porque le robaron una de sus porterías. Se alcanzan a ver unas líneas pintadas con cal que trazan el campo olvidado.

Dos adolescentes comentan que no estudian ni trabajan. “Sólo pasamos el rato”, dicen. A unos metros de lugar se encuentra un “circuito” para transporte público, que en realidad es un camino lleno de piedras, basura y hierba.

En Los Silos el único entretenimiento es la televisión, cuya señal llega a las diminutas casas de 75 metros cuadrados mediante antenas azules, colocadas en las azoteas. La publicidad indica que aún se puedan adquirir viviendas de una o dos recámaras, sala-comedor-cocina, baño y un lavadero.

También existen microdepartamentos que, a semejanza de las favelas brasileñas se apilan en una zona rodeada por torres de alta tensión de la Comisión Federal de Electricidad. Allí la convivencia entre vecinos es estrepitosa.

En cada departamento hay un barandal de acero del que generalmente cuelga ropa. Teresa de Jesús Esparza, quien vive en uno de ellos con su esposo y sus dos hijos, uno de los cuales camina con muletas, dice que cuando se acercan al balcón sienten que la electricidad recorre su cuerpo.

Hace cinco años, cuando Los Silos estaba en construcción, Arturo Cordero, su impulsor, presumió que sería un fraccionamiento de vivienda popular con todas las condiciones de habitabilidad residencial: áreas verdes, paradores de autobuses y zonas comerciales que funcionarían con energía solar (Milenio Jalisco, 16 de abril de 2007).

La constructora obtuvo ese mismo año un premio nacional por ese “proyecto sustentable”. La Secretaría de Medio Ambiente de Jalisco incluyó la fotografía de una de las casas del fraccionamiento como portada de un libro que editó.

Un lustro después, los casatenientes se quejan: Los Silos son el peor lugar para vivir. La mayoría intenta vender su casa o rentarla, lo que resulta difícil sobre todo si se considera que el fraccionamiento sólo dispone de agua potable dos horas al día.

Infonavit, complaciente

 

En el fraccionamiento Santa Fe, ubicado en las inmediaciones del poblado Concepción del Valle, la situación es similar.

La empresa Homex prometió que sólo construiría 15 clústers, pero terminó por hacer 58, cada uno con 800 viviendas en promedio. La mayoría son de dos recámaras, baño, un pequeño patio, cochera para un auto compacto y sala-cocina-comedor, y se cotizan en 230 mil pesos con crédito Infonavit pagadero a 20 años. Al final, dicen los vecinos, terminamos pagando 1 millón de pesos.

Para Roberto de Jesús García Martín, investigador del Departamento del Hábitat y Desarrollo Urbano del ITESO, resulta más económico rentar una casa en una zona céntrica que sí cuenta con los servicios básicos.

En Guadalajara, asegura, las rentas oscilan entre 2 mil y 5 mil pesos mensuales. Y hace cálculos: si alguien renta una vivienda y paga 2 mil pesos mensuales durante 20 años, desembolsa 480 mil pesos, menos de la mitad de lo que los trabajadores terminarán pagando por una vivienda adquirida mediante un crédito de Infonavit.

En un recorrido por Santa Fe, los vecinos señalan a Proceso Jalisco que el clúster 13 es el más peligroso, pues ahí hay de todo: infidelidades, escándalos, pero sobre todo asaltos e inseguridad. Los afectados optan por no presentar su denuncia. “Nunca nos atienden”, dice uno de ellos.

Optaron por crear un comité de seguridad preventiva y ahora, cuando se percatan de que los ladrones están en la azotea, comienzan a golpear las delgadas paredes para dar la señal de alerta. Acto seguido salen a la calle con sus lámparas encendidas y las dirigen a la azotea.

Los líderes de las pandillas Changuis, Gama, Duende y Sama llegaron a la zona cuando la constructora decidió construir más clusters, comenta una vecina que llegó del Distrito Federal. Dice que buscaba una vivienda en Mazatlán, Sinaloa, pero cuando se enteró de que el fraccionamiento se inundó, Homex le ofreció una casa en Santa Fe. Ella aceptó.

El arquitecto Roberto de Jesús García Martín, del Departamento del Hábitat y Desarrollo Urbano del ITESO, responsabiliza al Infonavit por alentar la construcción de fraccionamientos que son indignos para la condición humana.

Y advierte: de continuar este modelo de vivienda, la periferia de la ciudad se convertirá en una favela, referente mundial de los cinturones de miseria, criminalidad y condiciones de vida insalubres.

“Cuando trabajé en Chulavista y Santa Fe dije: ‘Jamás me había metido en casas tan extraordinariamente vacías, con conflictos sociales’. Y luego me dijeron: ‘Ayúdanos en Silos’. Silos se los lleva de calle (en conflictos).”

El académico considera que la proliferación de fraccionamientos de este tipo son producto de los arreglos entre autoridades, constructores, cámaras empresariales y colegios de arquitectos e ingenieros.

El problema empieza cuando el Infonavit acepta otorgar líneas de crédito a constructores que no cumplen con la factibilidad de agua, electricidad e infraes­tructura vial. Y una vez que las tienen, los constructores se amparan y pisotean todas las normas urbanas, dice García Martín.

E insiste: “Todas (las casas) son malísimas. Si vas a cualquiera de esos fraccionamientos, la gente te dice que la electricidad está hecha con pedacitos, con puras sobras de otras obras. El concreto de las calles se levanta a los pocos meses; todo el material es de ínfima calidad. Eso no deberían aceptarlo ni Infonavit ni los gobiernos. Por eso los desarrolladores se amparan. Por eso digo: ‘Lo que tiene que cambiar es la ley’”.

Los fraccionamientos están aislados, sin conexión con la zona centro de Guadalajara. Abandonados a su suerte, sus residentes generan sus medios de subsistencia. Dice que lo mejor es ayudarles a que ellos mismos rescaten su fraccionamiento y se hagan autónomos, autosustentables. Saben, insiste, que ni el gobierno ni el desarrollador les va a componer lo que está descompuesto.

El urbanista considera que las personas de escasos recursos se enganchan con los desarrolladores urbanos porque éstos les venden la idea de que tendrán un patrimonio, aunque éste se desmorone en menos de cinco años.

Una estrategia errónea

 

Roberto de Jesús García Martín asegura que el Infonavit ha fracasado en su misión de dotar a los trabajadores de casas de interés social. Por ello el gobierno federal impulsó los Desarrollos Urbanos Integrales Sustentables (DUIS) y otorga los créditos a través de Nacional Financiera y la Secretaría de Desarrollo Social, entre otras instancias federales.

Refiere que la estrategia del Ejecutivo en materia de vivienda ha sido errónea porque inventan premios para los buenos constructores, cuando por ley todas las empresas inmobiliarias deben sujetarse a estándares de calidad.

Según el especialista, el Infonavit cuenta con programas de apoyo financiero a fraccionamientos con problemas, lo cual es absurdo porque el recurso se debe de gastar antes de que afloren las dificultades.

Incluso plantea una reforma urgente al Infonavit. La gente, dice, tiene que estar bien asesorada cuando intente adquirir una vivienda. Además, la Ley del Infonavit no menciona la extensión de las viviendas, sólo alude a los salarios mínimos, lo que da pauta a la construcción de departamentos en espacios muy reducidos.

Es preferible regresar a los viejos esquemas en que la gente pedía su crédito al Infonavit para construir su vivienda: “Yo regresaría a lo que se hacía antes, a la autoconstrucción, cuando se regulaban tierras y se capacitaba gente y se le otorgaban recursos para que construyera sus propias viviendas.

“Yo creo que debería ir por ahí, obviamente con capacitación, haciendo en forma colectiva casas saldría mucho más barato y tendrían mejores viviendas.”

García Martín propone también regular el costo de la tierra porque, dice, el sistema de oferta y demanda contribuye a la especulación. Y esta es una de las razones por las que no se han urbanizado los antiguos terrenos de la zona industrial de Guadalajara.

“Ahí se podría hacer un mundo de redensificación, pero sigue siendo un espacio muerto. ¡Claro!, lo quieren vender como si fuera Puerta de Hierro. Hay bastantes zonas en Guadalajara que podrían redensificarse para viviendas económicas, pero antes tiene que regularse el costo de la tierra y hacer una muy buena planeación. Finalmente, el problema es la mala planeación.”

Señala que el mismo mercado de la oferta y demanda ha motivado un crecimiento en la renta de viviendas porque un sector de la población ya se dio cuenta de que es preferible alquilar una casa en la zona centro de Guadalajara que adquirir una en fraccionamientos alejados y sin servicios.

Detalla incluso que cuando el grupo de investigadores con el que trabaja se metió a Los Silos encontraron que los adolescentes están solos más de ocho horas al día; que los mayores índices de embarazos tempranos y de prostitución infantil se localizan ahí, y que prolifera el narcomenudeo.