La indigencia se ha potenciado en Guadalajara en los últimos 12 años, sostiene el enfermero Carlos Acero, secretario general del Sindicato Democrático de Trabajadores del Instituto Jalisciense de Asistencia Social (IJAS). Por eso, y ante el desinterés institucional, él ha optado por dedicar sus tardes libres a recorrer las calles y auxiliar a quienes lo requieren. “Ellos están siempre así, sólo que nos hemos acostumbrado a invisibilizarlos”, dice, y arremete contra el IJAS por dejarlos en el abandono pese a que en 2012 dispuso de 50 millones de pesos para la asistencia social.
Se llama Carlos Acero y es enfermero de la Unidad de Asistencia para Indigentes (Uapi). Le gusta tanto su trabajo que, dice, ocupa sus tardes libres para brindar asistencia a los adultos en situación de calle y abandono en el Centro Histórico de Guadalajara. Lleva 12 años haciéndolo.
Suele recorrer las calles de la zona y frecuentar a los indigentes que estima, platica con ellos y los atiende cuando es necesario, aunque sabe que a los funcionarios del Instituto Jalisciense de Asistencia Social (IJAS) no les agrada lo que él hace.
Comienza a caminar por la zona trasera a la Presidencia Municipal alrededor de las cinco de la tarde, cuando la temperatura desciende. Sabe que en ese punto se reúnen siempre a la misma hora cuatro indigentes para hurgar entre los botes de la basura en busca de comida. Lo hacen deprisa, ignorando el ruido de los transeúntes y el ulular de las sirenas en la avenida.
La mayoría se mueven rápido; deambulan por el entorno, incluso hablan mientras caminan cabizbajos, casi nunca sonríen. Son enfermos crónicos, algunos con cuadros agudos de ansiedad y depresión. La gente los considera dementes, comenta Carlos.
Con el tiempo uno aprende a diferenciar quién sufre verdaderamente una situación de abandono total y quién sólo finge no tener un hogar para juntar un par de pesos en épocas decembrinas. Se distinguen, dice Carlos, por el cuidado de las uñas, la resequedad de la piel, sus largas y polvorientas barbas y cabello, la suciedad de sus pantalones, pero sobre todo por el semblante de soledad que inunda sus miradas.
Don Gabriel, de 90 años, es un claro ejemplo de soledad. Lleva dos días sentado en su silla de ruedas en la baqueta del cruce de las avenidas 16 de Septiembre y Madero en espera de sus familiares. Al otro día estará en otro crucero, en López Cotilla y Corona, por ejemplo, donde permanecerá durante varios días, hasta que logre juntar más dinero.
“Era paciente de Uapi”, comenta Carlos, quien lo reconoce de inmediato. Dice que sus familiares lo sacaron del centro de atención y lo pusieron a mendigar en las calles de Guadalajara. Ahí lo dejan durante varios días y luego lo recogen.
Don Gabriel presenta tres llagas abiertas en su pecho a causa del frío y la falta de higiene. Es probable que de la cintura para abajo tenga más úlceras infectadas por permanecer en una sola posición durante más de 72 horas, dice el enfermero.
Los pies del anciano están hinchados, sus tenis comienzan a molestarle. Su avanzada edad le impide ir al baño por sus propios medios y la cobija con la cual cubre sus piernas es insuficiente para protegerse del inclemente frío.
“El proceso de envejecimiento debería ser algo digno –dice Carlos–. El Estado está obligado a brindar la asistencia social a los sectores más vulnerables.”
Proceso Jalisco acompañó a Carlos en uno de esos recorridos. En sólo dos horas ha visto a más de 20 indigentes sobre una misma avenida. Al llegar al templo de San Francisco, entre Prisciliano Sánchez y 16 de Septiembre, hay otro grupo. “Están siempre así, sólo que nos hemos acostumbrado a invisibilizarlos”, comenta.
En una banca de parque están Laura y su hijo. Tienen casi dos meses “viviendo” en el lugar. Ella ronda los 90 años. Cuando no está dormida, se encorva sobre un montón de cartones y comienza a rascarse con fuerza por debajo de su blusa como si quisiera arrancarse la piel. Su hijo le ayuda cuando ella quiere ir al baño. La toma del brazo y la acompaña para que desahogue a la vuelta del templo.
Durante el recorrido la reportera ve cuando un par de jóvenes llega al parque y comienzan a repartir chamarras y cobijas para los indigentes que duermen en las inmediaciones, algunos sobre el pasto húmedo. La mayoría provienen de Michoacán, Guanajuato y Nayarit. Los que no alcanzan cobija se contentan con una bolsa de plástico transparente que les sirve como sleeping.
Carlos recuerda las palabras de un par de indigentes que vivían en las banquetas del monumento de la Rotonda de los Hombres Ilustres, quienes le dijeron: “El chiste es despertarse entre las cuatro y cinco de la mañana, porque aquí el frío es lo que mata. Muchos ya no despiertan”.
No hay más cupo
Pese a que en agosto pasado el IJAS aceptó una recomendación del ómbudsman estatal, gracias a la cual los directivos del instituto se comprometieron a que la Uapi siga funcionando, el albergue no recibirá durante este invierno a ningún indigente.
La Uapi es la única institución en América Latina donde los indigentes pueden quedarse noche y día, la mayoría para recibir tratamiento médico y psiquiátrico, pues padecen algún tipo de trastorno mental.
Desde 2011 la directora del IJAS, Olga María Ramírez Campuzano, se queja de la sobrepoblación. Dice que no puede trabajar con más gente en situación de calle. Y aun cuando el albergue tiene capacidad para 190 personas –actualmente atiende a 161–, en 2012 sólo recibieron a una. En los últimos seis meses fallecieron dos ancianos.
Carlos, secretario general del Sindicato Democrático de Trabajadores del IJAS, sostiene que el cupo no debe ser un pretexto: “Hubo años como 2007 que tuvimos hasta 273 pacientes. El espacio es muy amplio y encontramos la manera de acomodarlos para que todos reciban una buena atención. Lo que el IJAS quiere hacer es cerrar los centros de asistencia social y privatizar el organismo. Cada vez les importa más el dinero y menos las personas”.
En 2011 la indigencia se incrementó 30% en el municipio de Guadalajara, según la Casa Albergue Permanente de Desarrollo Integral para Personas en Situación de Indigencia (Cadipsi). Ese año se contabilizó a 200 indigentes sólo en los alrededores del Centro Histórico.
En 2012, el fenómeno de indigencia creció 40%, en comparación con el año anterior, pues la Cadipsi registró en sus instalaciones a 955 indigentes más que el año precedente, según se desprende de la información del DIF Guadalajara entregada a este semanario a solicitud expresa.
Sin embargo, para el IJAS –y por consiguiente para la Uapi–, el aumento de indigencia no es motivo suficiente para ampliar sus servicios de atención multidisciplinaria.
A ello se debe que se hayan suspendido los servicios de rescate nocturno durante los festejos decembrinos para llevar al albergue a cuatro o cinco personas; desde hace tres años se dejó de dar asistencia médica a las personas en situación de calle; tampoco existe un censo de indigencia o ayuda de localización para encontrar a los familiares de quienes viven en la vía pública. Lo más grave: la Uapi comienza a desaparecer.
Y aun cuando el IJAS recibió más de 50 millones de pesos para la asistencia social durante 2012, cerró el Centro de Terapias Especiales de la Unidad de Atención a la Violencia Intrafamiliar (UAVI) que atendía a 200 niños con problemas de lenguaje; el asilo Club de Leones, y algunos centros de capacitación en la zona metropolitana y otros municipios (Proceso Jalisco 422).
Lo más triste, dice Carlos: antes de que termine la administración del panista Emilio González Márquez, las autoridades intentarán desincorporar también el asilo Leónidas K. Demos, donde hay 33 pacientes –21 mujeres y 12 hombres– en situación de abandono. El albergue está ubicado en Mariano Jiménez 249, en las cercanías del Instituto Cultural Cabañas.
Y concluye: “Es la Navidad más triste que he visto. Antes, era en esta época cuando más trabajo teníamos; llegaba más gente al albergue. Ahora vemos que los habitantes de la ciudad son quienes mejor ser organizan para salir a las calles a repartir chamarras o comida. Lamentablemente esos regalos no resuelven el problema de la indigencia, que se ha potencializado en los últimos 12 años”.








