De Víctor Hugo López-Araiza
Señor director:
En el número 1882 del 25 de noviembre de este año de su revista Proceso en el artículo Legado de espinas escrito por la Señorita Gloria Leticia Díaz, en la sección referente a la “Línea 12 del STC” quiso escribir sobre la corrupción que existe en el STC metro de la Ciudad de México y alude lo que el Diputado Héctor Saúl Téllez Hernández, Presidente de la Comisión de Hacienda de la VI Asamblea Legislativa del Distrito Federal menciona que recibió entre otros documentos de la queja 288/12 presentada ante la Contraloría del Gobierno del Distrito Federal refiriéndose a “presuntos” actos de corrupción entre el personal del S.T.C. metro y el dueño de Industrias Lopraiza, S.A. de C.V. Víctor Hugo López-Araiza y del Corral (se refiere a mi persona). Ella menciona esto como que extrañamente la contraloría recibió alguna queja que involucra a la corrupción, supongo yo, del mencionado oficio-queja y que existen actos de corrupción de mi parte.
Licenciado Rodríguez Castañeda con todo respeto a la señorita Gloria Leticia Díaz; o no logró la lectura de los documentos de dicha queja o no sabe interpretar, o no sabe leer bien, pues yo, Víctor Hugo Lopez-Araiza y del Corral, soy dueño de Industrias Lopraiza, S.A de C.V. (que es lo único real y cierto de ese párrafo de su artículo) envié el 21 de abril de 211 (que le ruego señor director de Proceso lea usted completamente), después de una visita personal que habíamos hecho meses antes al director general del metro, en la cual reclamo prácticamente el no acción en el tema tan grave que se había hecho a pesar de dos oficios escritos, y que fue de un monto de casi tres veces mayor que los 3.5 millones de pesos que la señorita Gloria Leticia Díaz asienta equivocadamente, por no haber leído toda la correspondencia que de mi escritorio se envió con los anexos de las dependencias oficinales que recibimos y que me estoy permitiendo en esta carta anexar para conocimiento de usted señor director de Proceso sabiendo del cuidado de lo que se edita en su revista, y que sin duda en lo personal usted cuida mucho.
Anexo se servirá usted encontrar la correspondencia que dirigí tanto a la Secretaría de la Función Pública, como al IFAI, como a la Contraloría del Gobierno del D.F. y Contraloría del STC (metro), para poner en conocimiento de ellos el suceso y conocieran los datos que por el IFAI se supone son conocidos y argumentar correctamente cualquier palabra que salió de mi persona, mismos que pongo en su conocimiento igualmente con la debida atención y respeto para que doña Gloria Leticia Díaz tenga a bien leerlos y conozca que lejos de ser yo el que alude como corrupto; es mi empresa la que está señalando las corrupciones, que aunque sabemos de otras tantas, esta es solamente la que nos atañe directamente en esta ocasión.
Desde el año 1977 hemos sido proveedores muy serios del STC, porque si bien es cierto que antes no había habido tanta incidencia y que cualquier persona, funcionario público se atreve a solicitar “cochupos” para su beneficio propio, mi contestación personal a muchos encargados del departamento de adquisiciones del STC que han pasado es: “discúlpeme señor, pero yo vengo a vender mis bombas, no vengo a comprar al personal del metro” y licenciado Rodríguez Castañeda, si todos nosotros los proveedores no tuviéramos miedo de quedarnos sin vender nuestro producto y fueran lo suficientemente honestos, éticos y sinceros sabemos que México seria otra cosa, pero desgraciadamente y usted lo sabe muy bien, tienen que aceptar corruptelas porque su producto o no es de gran calidad, o no es el adecuado, o sencillamente son intermediarios falsos que el propio adquisidor le pide que se acerque a los fabricantes para auto nombrarse como representante vendedor del proveedor. En el caso de Industrias Lopraiza, S.A. de C.V. solamente yo, personalmente, y mis empleados del departamento de ventas tratamos las ventas directamente ó a menos que alguno de nuestros distribuidores este haciendo el esfuerzo de vender directo los productos de nuestra marca, entonces le apoyamos en el servicio que forzosamente debe dar, pero no aceptamos que de esta empresa salga un dinero para reforzar cualquier corrupción y engañar al fisco.
Por lo anterior me indigna extremadamente que una reportera suya sin haber hecho investigación alguna, ni haberse puesto en contacto con mi persona para ayudarle a respaldar su artículo, me haya involucrado y que me ponga ante sus lectores como un empresario deshonesto y corrupto como lo ha hecho libertinamente con su artículo.
Apropósito Lic. Rodríguez su revista me fue traída a mano la semana pasada por un mensajero incógnito, con un recado escrito en computadora, amenazador y A N O N I M O que anexo, que sin duda viene o de alguno de los empleados del metro que a través de tantos años vendiéndoles al S.T.C. y alguna vez escuchando mis señalamientos contra la corrupción los hayan sancionado; ó lo mas triste y difícil, pero factible, que la señorita reportera en combinación con alguien trató de perjudicarme en mi imagen de empresario serio, formal, ético y honesto de todos conocido.
Esperando que de alguna forma la ética de la REVISTA Proceso que usted dirige, informe a sus lectores de que yo soy una persona honesta, seria, formal y ética y no el corrupto que apuntó la señorita Gloria Leticia Díaz.
Sin otro particular, deseándole que siga el éxito en la dirección de su revista, me es grato saludarle muy
Cordialmente
Víctor Hugo López-Araiza y del Corral
Director General
(Nota de la Redacción: La presente carta, fechada el 3 de diciembre de 2012,
se reproduce aquí de manera literal.)
Respuesta de la reportera
Señor director:
El nombre del señor Víctor Hugo López-Araiza y del Corral, así como el de su empresa, aparecen en un documento de queja presentado ante la Contraloría General del Distrito Federal y la Presidencia de la República –del cual tengo copia–, donde se les involucra en “presuntos actos de corrupción” con personal del Sistema de Transporte Colectivo-Metro.
Eso fue todo lo que se dijo al respecto en un solo párrafo de un reportaje cuya extensión fue de alrededor de ocho cuartillas. Así, la reacción del señor López-Araiza parece desproporcionada, pues la presunción de corrupción no lo hace corrupto, y a los periodistas no nos corresponde esclarecer si una persona actuó honestamente o no en determinadas circunstancias. Eso siempre queda en manos de las autoridades.
Atentamente
Gloria Leticia Díaz








