Este espectáculo de Polo Falcón se presentó en el Auditorio Alejo Peralta, sede de la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional dirigida hábilmente por Gabriela Díaz Alatriste. Lleno total, exitazo; la gente comentaba: “Avísenos cuando haya otra”. Y es que la zarzuela tiene un profundo arraigo en nuestro país, como en la mayoría de Hispanoamérica.
La zarzuela, un género de teatro cantado y hablado, prima hermana de la ópera y de la opereta, originaria de Madrid, España, debe su nombre a que las primeras funciones que se realizaron de este género teatral fueron en el Teatro de la Zarzuela, dentro del pabellón de caza de los monarcas españoles, muy cerca de Madrid. Entre las primeras obras se cuentan títulos como La selva sin amor (1629), de Lope de Vega, o El golfo de las sirenas (1657), de Calderón de la Barca.
Cuando el nacionalismo como movimiento estético se comienza a extender por todo el mundo desde su natal Rusia, la zarzuela toma un carácter netamente español y madrileño, ya que en su música y estilo muchas de las obras de este género eran italianizantes; de esa época provienen las más famosas zarzuelas con las que se conjuntó este disfrutable programa que presentó el IPN. Abrió este concierto escénico con tres selecciones de La verbena de la paloma, de Tomás Bretón, obra cumbre del género chico, llamado así por su breve duración; se acostumbraba presentar a La verbena… junto con otra obra también corta, la Obertura, las coplas de don Hilarión interpretadas con mucho histrionismo por el productor y director del espectáculo Polo Falcón: “Una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid…”. Y la Habanera “¿Dónde vas con mantón de Manila?”, dúo cantado por Lorena von Pastor (hija de la queridísima soprano Guillermina Higareda) y Rodrigo Garciarroyo, aguerrido tenor que acaba de triunfar en el Sansón y Dalila de la ópera de Cuernavaca. Tocó el turno a la mezzosoprano Verónica Alexanderson con la entrada de Paloma de El Barberillo de Lavapiés, de Francisco Barbieri, obra alegre y encantadora como pocas pero llena de difíciles adornos para la solista, que Verónica sorteó con habilidad. En seguida el coro-chotis de La Chulapona, de Moreno Torroba, con el Coro Alpha Nova del propio IPN; sorprende que sin ser profesionales del canto canten bien, afinados y a tiempo, y además ejecuten los sencillos pasos del chotis, algo que al Coro del Palacio de Bellas Artes no hemos visto hacer. Del mismo autor de Luisa Fernanda, el dúo de La flor, Los vareadores con coro y solista, donde el barítono Carlos Sánchez nos regaló un Vidal Hernando excelente de voz, carácter y actuación como hacía mucho no veíamos, y que nos hace abrigar esperanzas de un verdadero renacimiento de la zarzuela. Concluyó la selección con la Mazurca de las sombrillas.
El intermezzo de La leyenda del beso con música de los maestros Reveriano Soutullo y Juan Vert hizo derramar lágrimas de emoción a más de uno.
Otros momentos inolvidables fueron selecciones de Las carcelarias, de Ruperto Chapí; El gato montés, de Manuel Penella; El niño judío, de Pablo Luna; La boda de Luis Alonso, de Jiménez, bellísima obra orquestal que bailó el ballet de la Compañía Mexicana de Zarzuela y Opereta con coreografía de Clemina Zugasti. Y terminó el festín con La tabernera del Puerto, de Pablo de Sorozabal, y la Jota de La Dolores, de José Serrano interpretada por toda la compañía. Atestiguamos varios cambios de vestuario y gran producción.
Una gala en todo lo alto. Con ambas funciones, el 6 y el 8 de diciembre, concluyó la temporada 2012 de la OSIPN.








