Partidero

Como es costumbre, apenas conoció el monto del presupuesto que se le asignó para 2013, la Universidad de Guadalajara respingó. El rector Marco Antonio Cortés Guardado visitó incluso a los diputados de la LX Legislatura para exigir un incremento de 43%. Les dijo que requería de 3 mil 300 millones de pesos más para concluir centros educativos y el conjunto de Artes Escénicas en el Centro Cultural Universitario, el mismo que encabeza directamente Raúl Padilla. La suma rondaría entonces los 11 mil 300 millones de pesos, en lugar de los 7 mil 710 millones que los gobiernos estatal y federal destinan a la institución más o menos a partes iguales. Y aun cuando el rector exigió más fondos al Legislativo, la UdeG nunca rinde cuentas ni se compromete a hacerlo, menos aun acepta una auditoría, por lo que maestros e investigadores de la propia universidad se quejan porque, dicen, muchas dependencias carecen hasta de jabón y papel del baño y no tienen para pagar a quienes hacen el aseo. “Debemos turnarnos para hacer la talacha”. Eso sí, hacen grandes construcciones como el auditorio Telmex, Teatro Diana y eventos de lujo como la Feria Internacional del Libro y el Festival de Cine, dicen.

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¿Acaso la Procuraduría General de Justicia estatal le apostó al olvido? A un año del asesinato e inhumación clandestina en la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) de cinco personas –la desaparición ocurrió el 9 de diciembre  de 2012 y el macabro hallazgo fue cinco días después–, aún hay impunes. Si bien a los pocos días fueron detenidos cinco de los participantes en el multihomicidio –dos adultos y tres menores–, y al mes se entregó el principal autor material: Gerardo Flores Gómez, El Tatuado, aún no han sido capturados dos coautores materiales o intelectuales: Israel Mariscal, presidente saliente de la FEG, y su sucesor, David Enrique Castorena. El Tatuado murió de manera extraña en el Reclusorio Preventivo de Puente Grande a los pocos días su ingreso. Tras aquella sucesión de acontecimientos, pareciera que la procuraduría se replegó. Al cumplirse el aniversario del múltiple crimen, el procurador Tomás Coronado desechó cualquier negligencia en las investigaciones y aseguró que “fueron ágiles y extraordinarias”. Aseguró también que todas las fiscalías del país tienen la información suficiente para la captura de esos dirigentes fegistas que tienen orden de aprehensión. Además, estarían libres otros 12 presuntos participantes en la muerte y entierro del comerciante  Armando Gómez  y de su hijo Óscar Ismael  Gómez Saucedo, sus compañeros preparatorianos Juan Valencia Guerrero, Gabriel Morán Cervantes y Francisco Javier Carrillo García.

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De lo que quedó en el tintero. En la entrevista al cardenal Francisco Robles Ortega y cuya parte medular se publicó la semana pasada en el número 1884 de Proceso, le expuse que aquí mucha gente lastimada se alejó de la Iglesia y ha dejado de creer y que no pocos sacerdotes que se sintieron solos demandaban un padre, un pastor. Me respondió: “Yo he llegado con una preocupación y ocupación sobre el presbiterio. Tengo que desempeñar una misión en esta Iglesia tan vasta que es Guadalajara, pero ni soñar que yo pueda hacer algo sin contar con el presbiterio. Los sacerdotes son los primeros e indispensables colaboradores del obispo. Entonces, lo primero que tengo que hacer es conocerlos, ver sus necesidades, su disponibilidad, cuáles son sus vacíos, cuáles sus potencialidades y aglutinar toda esa fuerza que significan para mejor cumplir la misión. Tenemos un presbiterio (mil 200 sacerdotes diocesanos y 400 religiosos) muy consciente y muy sano. Este es un reto grandísimo para un obispo, cualquiera que sea, vivir cerca, en un constante contacto”.

–¿No ha encontrado resistencias, rechazo? –le pregunto.

–No. Me he sentido honestamente bien aceptado, bien recibido; desde luego que habrá alguno, algunos que no van al 100%, de acuerdo con mi perfil o con mi estilo, pero son hombres de fe. El sacerdote es un hombre de fe, de obediencia y yo creo que me han aceptado muy bien; ya no digamos los laicos. Me he sentido bastante bien.

–Fue obvio y mal visto que su predecesor no cediera la residencia arzobispal…

–Eso no ha significado ningún problema.

–Deja mal parado a alguien por ahí.

–No sé, no me he detenido en eso –repuso.

 

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