Nadie como las corporaciones de policía ha sabido interpretar, tan rápido y tan al pie de la letra, los nuevos signos de los tiempos políticos que aparecen como nubarrones en el horizonte nacional. ¿O fue la consigna adelantada por lo que pudiera ocurrir el día de la asunción del PRI, que nunca se fue del todo durante la docena trágica panista? Apenas el sábado 1 empezaron los brotes de inconformidad contra el nuevo presidente Enrique Peña Nieto en el Distrito Federal, Guadalajara y otras ciudades, las fuerzas policiacas ya estaban ahí para contener y reprimir a quienes se atrevieran a manifestar su desacuerdo. Y tan claro está el retorno del priismo que a la par de los #YoSoy132, ya estaban presentes los nada embozados provocadores que se encargarían de encabezar los desmanes en un plan prestablecido. Al menos esas son las evidencias que muestran las fotografías y videos que circulan por doquier. ¿Lo importante será entonces destruir a los jóvenes universitarios que pusieron en evidencia a Peña Nieto y en riesgo su toma de posesión?
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¿En dónde hizo sus estudios la diputada local panista Mariana Arámbula Meléndez que de altos vuelos históricos, humanísticos y hasta ascéticos presume al proponer en su iniciativa de ley reformas mínimas a los artículos 4, 5 y 18 del Código de Asistencia Social del Estado de Jalisco en torno a “migrantes que transitan por el territorio de Jalisco”? La otrora asistente de “un diputado” (Gustavo Macías, destituido de la LIX Legislatura por desacato al Supremo Tribunal de Justicia de la Nación) incluye en la exposición de motivos de su iniciativa citas de los evangelistas Mateo 25: Era huésped y no me acogisteis; Lucas 10: El samaritano; y Mateo 22, para luego aludir a San Agustín (Siglo V), a un fraile del Siglo XVI, Francisco de Vitoria, uno de los defensores pioneros de los indígenas, para terminar con noticias de radio y periódicos.
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Lo que no sabemos hasta ahora –aunque como ciudadanos tenemos derecho a saber– es a dónde va a parar el dinero que se recauda por las abultadas y abundantes multas de la llamada “fotoinfracción” implementada semanas atrás por la Secretaría de Vialidad y Transporte (SVT) que, por cierto, maneja una empresa privada. ¿Cuánto le toca al erario y cuánto al inversionista?; ¿es legal lo que hace la susodicha secretaría?… Tampoco sabemos quién se benefició directamente de los cerca de 800 permisos irregulares de transporte urbano que la misma SVT a razón de 400 mil pesos de “aportación voluntaria”, sin haberse hecho licitación pública. Viene el cambio de gobierno y, salvo complicidades –y corruptelas similares en contra–, lo sabremos más pronto que tarde.
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La ausencia del busto en bronce –para la perpetuidad– del injustamente galardonado con el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2012 (ex Premio Juan Rulfo de Literatura), Alfredo Bryce Echenique, en la galería específica de la rectoría de la Universidad de Guadalajara no sólo corrobora que los organizadores se equivocaron al otorgárselo a instancias, seguramente, de su paisano, amigo y tal vez su cómplice Julio Ortega –legado que les dejó la mutua amistad con Carlos Fuentes–, quien hasta esta entrega había fungido como jurado en al menos seis ediciones, sino que el galardón ha perdido su rumbo. Para devolverle su prestigio deberá replantearse a fondo el cómo, el porqué y a quién de otorgar el reconocimiento. “Si el mal ya está hecho”, como expresara el presidente de todo, Raúl Padilla López, entonces deberá venir una renovación total, desde quienes integran el jurado hasta el cambio de nombre y la conformación de sus organizadores. Lo mejor, quizá, será un patronato o asociación civil ajena a la propia FIL y a la misma Universidad de Guadalajara, salvo que se integrara a otras instituciones de prestigio para volver a creer en este reconocimiento a lo mejor de nuestra literatura; quizá también se puedan olvidar los exabruptos recientes, sobre todo el grave error de homenajear a un autor, como el peruano Bryce, perpetrador de casi medio centenar de plagios. La falta de un bronce en esa galería ayudará al olvido rápido de la memoria.
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