Las elecciones del pasado 25 de noviembre en Cataluña le demostraron a Artur Mas, presidente de la Generalitat, que los catalanes no se dejaron engañar por su discurso independentista de última hora. El político derechista se vio a sí mismo como el mesías de la autodeterminación, pero los ciudadanos le cobraron en las urnas su política de ajustes radicales en perjuicio de los programas sociales, muy al estilo de Rajoy, por lo cual no obtuvo la mayoría que esperaba en el Parlamento. El pueblo catalán sí quiere la independencia y seguirá luchando por ella, pero no la quiere con Mas a la cabeza.
MADRID.- Cataluña se volvió la pesadilla de Artur Mas, presidente en funciones de la Generalitat. Después de adquirir un aire mesiánico al querer apropiarse del complejo movimiento por la independencia catalana, los resultados de los comicios del 25 de noviembre lo regresaron a la realidad tras la debacle de su partido, Convergencia i Unió (CiU).
Actualmente Mas negocia un pacto para crear un “gobierno fuerte” de cara a su investidura –el sábado 15 se instalará la nueva legislatura– que le permita seguir con la consulta soberanista; pero la pluralidad del escenario político catalán y su pretensión de mantener su agenda económica auguran momentos de mucha polarización y dificultad.
Si bien CiU fue el partido más votado, sólo obtuvo 50 escaños, 12 menos de los que tenía Mas al disolver el Parlamento hace dos meses. Los 62 diputados que ganó en la elección de 2010 fueron su fuerza para pactar con el Partido Popular (PP) la dura agenda de ajustes –recortes que sobrepasan los 4 mil millones de euros– que aplicó a los catalanes en rubros tan sensibles como la sanidad o la educación.
Tecnócrata de la derecha catalana, Mas rompió con el PP del presidente Mariano Rajoy y convocó a los comicios para pedir una “mayoría excepcional” a fin de conseguir al menos los 68 diputados que formarían la mayoría absoluta y así impulsar la consulta por la independencia.
Esa propuesta soberanista que llevó a la campaña era nueva en su agenda. Aun más, se arrogó el liderazgo de la marea independentista, lo que resultó poco creíble.
El detonante fue la Marcha de la Diada, Día Nacional de Cataluña, el 11 de septiembre, cuando más de millón y medio de ciudadanos se volcaron a las calles de Barcelona con sus banderas esteladas (con estrella), símbolo de la autodeterminación.
La noche del 25 de noviembre, tras conocerse los resultados de los comicios, anunció que mantendrá la consulta para decidir la autodeterminación; no obstante pidió “responsabilidad” a las otras fuerzas políticas para pactar un nuevo gobierno “fuerte”.
Al día siguiente su partido subió la oferta: Continuar con la agenda de la consulta por la autodeterminación pero a condición de pactar que el nuevo gobierno incluya la entrada de miembros de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) o del Partido Socialista de Cataluña (PSC), segunda y tercera fuerzas políticas, para compartir las decisiones.
Esa condición encubre para estos eventuales socios políticos compartir el desgaste político que representará seguir con los recortes en los servicios sociales los próximos años.
Contra los mesías
Anna Arqué, portavoz de la Asociación por la Independencia Europea (EPI, que promueve la autodeterminación de Escocia, Flandes y Cataluña), muestra su sorpresa por el tono de esta negociación política: “Convergencia debería poner en la mesa su propio eslogan de campaña ‘La voluntat d’un poble’ (la voluntad de un pueblo), pero no como moneda de intercambio político, sino para organizar la consulta por la independencia, que es lo que les han votado; creo que tras los resultados se quedaron desarmados”.
Con una larga trayectoria en el movimiento independentista, Arqué sostiene que el resultado de la elección es un reflejo de que “el movimiento social por la independencia es plural y no gusta de líderes salvadores”.
“Somos un pueblo involucrado en un proceso plural por la independencia. Es conjunto y transversal; por tanto ha habido un voto para equilibrar las fuerzas de las distintas corrientes políticas”, dice en entrevista con Proceso.
Considera que el mesianismo de Mas fue castigado por el pueblo catalán, misma situación que vivió Solidaritat Catalana per la Independencia (SI) liderado por Alfons López Tena, que quedó fuera del Parlamento.
Con casi 70% de participación ciudadana en esta jornada electoral, además de los resultados alcanzados por CiU, ERC y PSC, el PP obtuvo 19 escaños, uno más que en la anterior legislatura; Iniciativa per Catalunya Verds subió de 10 a 13 diputados; Ciutadans pasó de tres a nueve y Candidatura d’Unitat Popular (CUP, que aglutinó el llamado “voto indignado”) consiguió tres escaños en su primera participación electoral.
El voto independentista llegó a 47.84% de la votación total, con 1 millón 734 mil 852 sufragios alcanzados por CiU, ERC y CUP. “Creció en número respecto de la elección de 2010, aunque disminuyó en escaños de 76 a 74, respecto de la misma elección”, explica.
La entrevistada tiene una lectura opuesta a la planteada por la prensa afín a la derecha madrileña, que afirmó que el fracaso de Mas es el de todas las corrientes por la independencia catalana.
“Esto es un logro más del movimiento social que empezó con los referendos municipales que se iniciaron en 2009 (Proceso 1875)”, dice.
Añade: “Me siento muy orgullosa de mi país y del resultado, porque estaba ese enfoque mesiánico y nos hacía a veces ver que querían la mayoría absoluta, pero la elección demostró ese matiz de hacerlo más amplio y horizontal”.
“Nos parece fantástico que Convergencia ahora sea independentista y que quiera un cierto liderazgo, pero no nos confundamos, aquí el proceso es distinto, ellos se mueven a partir de una agenda política.”
Explica que durante la campaña tanto Mas como CiU comparaban su petición de la mayoría excepcional con el proceso de independencia de Escocia. “Pero obviaron un tema: que en Escocia sólo hay un partido independentista y aquí tenemos más, hay un movimiento social muy amplio”, añade.
En relación con la sorpresa de los resultados electorales, Arqué consideró que CiU “perdió la perspectiva de lo que es el pueblo catalán; por eso su sorpresa en los resultados, porque los convergentes miraron sólo en su cosmovisión y no en la de Cataluña. Había entre ellos un ambiente eufórico por la mayoría absoluta, que los que no somos de ese partido no entendíamos”.
CiU ha señalado que otro factor que los afectó es un informe de la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal, difundido desde una semana antes de la elección por el periódico El Mundo, que sostiene que las empresas pagaban a Convergencia Democrática de Catalunya (la corriente de CiU que encabeza Mas) comisiones ilegales para recibir adjudicaciones de obras y servicios en el Palau de la Música.
El informe denuncia la existencia de depósitos bancarios en Suiza y Liechtenstein, controlados por Mas y su padre, así como por el viejo dirigente Jordi Pujol y su hijo. CiU negó tal versión y anunció acciones legales contra el matutino. Mas acusó a Rajoy de estar detrás de esa filtración.
ERC, la clave de gobierno
En esta elección el verdadero ganador fue ERC, formación de corte independentista que históricamente ha demandado la autodeterminación de Cataluña. Con Oriol Junqueras como candidato, ERC subió de 10 a 21 escaños y se convirtió en la segunda fuerza política.
Votos que en otras elecciones fueron para CiU o PSC se inclinaron ahora por ERC, que mantuvo su agenda política de siempre.
Junqueras, historiador especializado en Cataluña, exalcalde de Sant Vicenc dels Horts y exparlamentario europeo, sabe que el peso de ERC es clave para definir los equilibrios en el Parlamento.
El 28 de noviembre, tres días después de los comicios, Junqueras se reunió con Mas, encuentro en el que rechazó formar parte del nuevo gobierno pero se comprometió a garantizar la “estabilidad parlamentaria de CiU” a cambio de un calendario claro para la consulta independentista.
Le anunció al presidente en funciones que hará una “oposición responsable” en la que no rebajará su exigencia de suavizar la agenda de recortes; demandó que Mas derogue el cobro de un euro por receta médica y se recupere el Impuesto de Sucesiones para las grandes fortunas y los bancos, derogado por CiU en 2010.
Junqueras centró las prioridades en la próxima investidura de Mas como presidente, la agenda de la consulta soberanista, la creación de la “estructura del Estado”, con la definición de una agencia tributaria catalana, y la negociación del presupuesto para 2013.
Aunque Mas buscó el pacto con ERC, dentro de CiU hay una corriente que se oponía a dicho acuerdo. La encabeza Josep Antoni Durán i Lleida, secretario general de Convergencia, opuesto no sólo a la consulta soberanista, sino al pacto con ERC.
En una entrevista televisiva Durán dijo que lo prioritario es la gobernabilidad de Cataluña por encima de la consulta soberanista. “La prioridad es el día a día. Si no hay un gobierno del día a día, ¿cómo vamos a convocar a una consulta?”, reprochó.
Por su posición de no confrontación con Madrid, el político catalán señaló que se necesita un gobierno con “apoyos estables” que permitan “continuar haciendo una política que posibiliten ajustar lo que se pide desde Bruselas”, para atender los problemas derivados de la crisis económica.
El otro posible socio de Mas sería el PSC, que cayó de segunda a tercera fuerza, con 20 escaños. Perdió ocho. Este partido, hermano del Socialista Obrero Español a nivel nacional, es más favorable a un modelo federal de Estado, no obstante que una corriente de socialistas apoya el independentismo.
Sin embargo el líder socialista Pere Navarro canceló un primer encuentro para explorar el acuerdo que permita la investidura de Mas. El primer secretario y candidato del PSC adelantó que son escasas las posibilidades de entenderse con CiU, porque los programas de ambas formaciones son antagónicos.
Por el contrario, Navarro inició contactos con otras formaciones políticas para formar un frente común contra la política económica de Mas.
El motivo es que el 27 de noviembre el portavoz del gobierno catalán, Francesc Homs, dijo en entrevista radial que el presupuesto para 2013 prevé más ajustes similares a los aprobados a partir de 2010, de alrededor de 4 mil millones de euros, a consecuencia de una nueva caída de los ingresos.
La garantía independentista
El filósofo y periodista Joseph Ramoneda señaló en su artículo El paréntesis y la dura realidad, publicado el 26 de noviembre en El País, que Mas no estuvo solo en su error de cálculo político, porque nunca leyó “un artículo que explicara previamente el batacazo de CiU”.
Describe que este político, fiel representante de la derecha neoliberal, se transformó y se puso “al frente del movimiento por la independencia”. “La mutación de Artur Mas generó desconfianza a algunos y miedo a otros”, por ello muchos votantes “buscaron en ERC la garantía independentista”.
Sostiene que el objetivo era “consolidar su autoridad, convertirse en un estadista con todo un pueblo detrás, para afrontar los desafíos que su programa contenía. Su autoridad ha quedado seriamente tocada porque no hay error que muestre más la debilidad de un personaje que elevar las expectativas sobre sí mismo muy por encima de sus propias posibilidades. ¿Qué autoridad tiene quien con su órdago demostró desconocer dónde estaba?”.
Ramoneda, exdirector del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, cuestiona el papel de los medios, los institutos de opinión y los académicos “porque es preocupante el desconocimiento de la realidad del país que hemos demostrado”. Y señala que los medios deben estar “más atentos a los ciudadanos y menos a los políticos”.
Al respecto Arqué sostiene que esto se debe a que “en Europa las agendas editoriales tienen mucha ósmosis con las agendas políticas”. Añade: “En los medios hubo ensalzamiento y embriaguez de ese nacionalismo catalán”, pese a que hace dos meses “estaban intentando un pacto fiscal con España, y eso no es independencia, eso es el discurso que (CiU) ha defendido, el de Estado propio, una ambigüedad que, creo, ha sido castigada”.
Es decir que “CiU quería una mayoría absoluta para legitimar una agenda ideológica convergente para trasladarla a todo el movimiento soberanista y, claro, el resquemor o preocupación que teníamos los independentista, por eso nos expresamos en las urnas en contra de la mayoría absoluta de CiU”.
La portavoz de EPI dice que así como los de CiU “se han llenado la boca de independencia, con una enorme bandera estelada el último día de campaña en el Palau Sant Jordi, ahora tendrán que continuar con todo lo que han dicho sobre la independencia, porque nosotros queremos la consulta para 2013”.
Y acusa a Mas de incurrir en “chantaje”, porque trata de imponer su “plan económico-ideológico” y quiere que ERC “asuma los costos por decisiones que él tomó solo. ‘Te dejo la consulta, pero a cambio firma mis decisiones políticas y económicas’, cuando CiU propuso la consulta; es el único tema soberanista que llevó en la oferta electoral. ¿Cómo lo pueden explicar entonces?”.
“Precisamente nosotros apoyamos el referendo por la independencia porque queremos decidir para fijar nuestras políticas y decidir qué hacer con nuestros dineros; el tema de los recortes no se entiende en Cataluña porque esta nación genera suficiente para no tener que recortar.”








