En torno a La UACM, rehén de la política De Axel Didriksson

Señor director:

 

En Proceso 1880 (página 27) el exrector de la UACM Manuel Pérez Rocha miente al señalar que durante mi desempeño como secretario de Educación del Gobierno del DF me propuse reformar esa universidad y buscar la emisión de una “nueva ley orgánica”. Nada puede comprobar que esa fue mi intención (ni en la más mínima y racional lógica), ni mucho menos que actué en tal sentido por consigna, porque nunca he sido mandadero de nadie.

Lamenté profundamente por esas fechas que, en su locura por alcanzar el poder absoluto sobre la universidad, haya gastado dinero público y se atreviera a movilizar, según su declaración, al sindicato y al Consejo General Interno para emitir un desplegado de media plana, acusándome de las telarañas que ya lo traían al borde del delirio.

En mi respuesta pública a esa difamación, y después en su cara, se lo dije: lo único que nos diferenciaba era hacer valer mi libertad de opinar sobre el resquebrajado tipo de universidad que él quería y quiere seguir reproduciendo: uno que se cierra en sí mismo como si fuera una cofradía, y como el lugar de una secta. Llegó a decirme que no podía opinar ni emitir pronunciamiento alguno al respecto, y entendí, con tristeza, que a Manuel le estaba llegando la paranoia, como la muestra en grado extremo en la entrevista.

Sigue siendo mi convicción que se debe analizar con una postura crítica cualquier universidad o sistema educativo, como puede constatarse en estas páginas de Proceso, que me acogen con total libertad de expresión cada 15 días. Ese es además mi trabajo como investigador educativo desde hace décadas. Pero Manuel no quería, como lo escribí entonces,  que  se tocara “su modelo” –que hoy muestra sus profundas fisuras– “ni con el pétalo de una idea”, y, como se puede leer en la entrevista que se le hizo, sigue empecinado en que es el único que tiene la verdad absoluta ante todo, y no se atreve –pese a la gravedad del conflicto que se vive– ni a la más leve autocrítica.

Atentamente

Axel Didriksson