Hace un año murió Daniel Sada, considerado uno de los escritores más intensos en lengua española, por su peculiar sintaxis y audaz imaginación. En estos días apareció en librerías la última novela que escribió: El lenguaje del juego (Anagrama. Col. Narrativas hispánicas. Núm. 505, Barcelona, 2012, 200 p.).
La historia se ubica en el norte del país y cuenta cómo Valente Montaño ha ahorrado suficiente dinero, trabajando como ilegal, para poner un negocio. Después de pensarlo opta por una pizzería, que administran sus hijos Candelario y Martina. En eso aparece una banda de narcotraficantes que, mediante el asesinato y la amenaza, se adueña del pueblo. Ante la intimidación los hijos de Montaño se someten, al igual que varios vecinos, y cambian las relaciones familiares, de amistad, políticas, de negocios… que darán origen a un orden diferente.
En El lenguaje del juego Sada trata el impacto del narcotráfico en algunas poblaciones. Las bandas necesitan de espacios para la producción de enervantes. Así invaden regiones e imponen su autoridad a través de la violencia. El horror provoca que muchos se dobleguen. Otros atraídos por el dinero y el poder acaban por unirse al grupo. Algunos de los factores importantes para esa vinculación son la pobreza y el desempleo. Los resultados son zonas controladas, con peculiares formas de existencia, regidas por las oligarquías del crimen. En esta novela Sada utiliza un lenguaje rico pero atenuado, lo que hace la lectura ágil. El resultado es una espléndida obra que recrea la perversión del narcotráfico. l
II
David Toscana presenta la novela La ciudad que el diablo se llevó (Alfaguara, México, 2012, 260 p.). En ella cuenta la historia de cuatro extraños en Varsovia, después de la ocupación alemana y durante la invasión rusa. Los desconocidos se relacionan por un hecho increíble que salva sus vidas. El suceso los lleva a vivir de otra manera, bajo condiciones de hambre, represión, tristeza, saqueo, engaño…, así como a reunirse para fortalecer el ánimo y ser amigos.
En La ciudad que el diablo se llevó Toscana resalta el papel del optimismo frente al desastre. Cuando se enfrenta a la muerte el sujeto se da cuenta de la cortedad de la existencia, por lo que decide vivir con mayor intensidad. De esta manera es capaz de valuar de manera diferente lo insignificante, enfrentar las condiciones oprobiosas y a los intolerantes, a través de crear situaciones dignas e impedir los abusos.
La ciudad que el diablo se llevó es una novela escrita con un lenguaje seco y nervioso que atrae. Además de ofrecer anécdotas intensas como la del escritor que perdió su novela o acerca de la máquina enigma, utilizada para mandar mensajes cifrados.








