Lecciones de las elecciones

WASHINGTON, DC.- Vine a la capital de Estados Unidos porque me dijeron que la reelección del presidente Barack Obama estaba en riesgo. Me preocupaba el pequeño pero significativo resquicio de una posible derrota del candidato demócrata. Formé parte de un grupo de 14 académicos mexicanos que el martes 6 visitamos casillas de votación en los estados de Virginia y Maryland y en el Distrito de Columbia.

En Estados Unidos hay 50 elecciones, una por estado, no una elección nacional, y los electores carecen de una identificación única. El sistema mexicano está construido acumulando candados sobre la base de la desconfianza. El sistema estadunidense, edificado sobre la confianza, termina por ser una cacofonía donde cada estado dispone de normas distintas.

A las 11:13 de la noche del martes 6, hora del este, son las cadenas de televisión, y no una autoridad electoral central, quienes anuncian la victoria de Obama. Los imparciales observadores académicos abandonamos toda pretensión de objetividad y con un sentido de alivio celebramos el triunfo de Obama, como 90% del mundo.

 

El factor demográfico

 

En el condado de Arlington, Virginia, ubicado al otro lado del río Potomac, la maestra Micaela Mejía Pond nos invita a pasar a su casa, justo enfrente de la escuela primaria Francis Scott Key, donde se ubican las casillas de votación. Micaela fue alumna de Christa McAuliffe –la maestra convertida en astronauta del Challenger, cuya tripulación falleció trágicamente segundos después de su lanzamiento el 28 de enero de 1986– y hoy encarna el extraordinario cambio del rostro del electorado estadunidense: es mujer, es latina, impulsa el aprendizaje de ciencias entre los niños y ha contribuido a revalidar la victoria de Obama en Virginia, un estado “campo de batalla” que hace apenas ocho años era sólidamente rojo (republicano).

El futuro demográfico favorece a los demócratas. Obama obtuvo 98% del voto afroamericano, 71% del latino y el sufragio mayoritario de mujeres y jóvenes. Los republicanos cuentan con el voto de los hombres blancos de mediana edad y sin instrucción superior, contingente en declive. Cuando la población latina en Texas sea mayoritaria, el estado se pintará de azul (demócrata) y será casi imposible para los republicanos ganar una elección sin este baluarte que hoy (todavía) es rojo.

Otro dato contundente contra los republicanos: Los estados donde se localizan los núcleos de generación del conocimiento e innovación tecnológica, que están dando forma a la economía del futuro y a la globalización, también votan mayoritariamente por los demócratas.

El equipo de Obama hizo un uso quirúrgico de bases de datos increíblemente detalladas para orientar con éxito su mensaje de proselitismo hacia electores clave en cada condado y distrito electoral en los 10 estados “campo de batalla”. Aunque ambos candidatos terminaron empatados en 50% del voto popular, si se confirma su triunfo en Florida, Obama habrá obtenido 62% de los votos electorales contra 38% de Romney, quien ganó más estados y muchos más condados, pero de menor peso demográfico y electoral.

En contraste, los republicanos, secuestrados por su ala de extrema derecha, incurrieron en una especie de autosabotaje al apostarle a la polarización ideológica y al desmantelamiento del gobierno con el propósito de desalojar a Obama de la Casa Blanca. No parece muy inteligente oponerse a los derechos reproductivos de las mujeres, eliminar programas sociales, sugerir que los inmigrantes se autodeportaran y etiquetar a 47% de la población como “mantenidos por el gobierno, que no pagan impuesto sobre la renta” y luego esperar ser favorecidos por el voto de estos segmentos de la población.

Muchos republicanos están enojados. El conciliador discurso en que Romney admitió su derrota no esconde la furia de personajes como el millonario Donald Trump y el estratega Karl Rove, quienes prometen cobrar venganza.

Cuando Bill Clinton, un gobernador de un estado pequeño del sur ganó en 1992, él mismo advirtió sobre lo que vendría de sus rivales: “Me odian porque los derroté, no pueden aceptar mi triunfo porque no pensaban que yo les podría ganar”. El exgobernador de Arkansas pronosticó que vendría una represalia mayor y el episodio Monica Lewinsky dio pie a un violento pero al final infructuoso intento de juicio político para sacarlo de la Casa Blanca. A saber qué intentarán ahora contra Obama; lo único seguro es que lo harán.

Para México lo que resulta sumamente preocupante es lo poco que conocemos a los estadunidenses. Tendríamos que hacer un esfuerzo por contar con mejores claves de interpretación y elementos de comprensión, precisamente porque se trata de una sociedad extraordinariamente dinámica.

Todos los rubros de la política estadunidense que tienen que ver con México son temas de política interior: seguridad y combate al crimen organizado, comercio e integración económica, migración y energía. En todos ellos los mexicanos somos reactivos más que propositivos. Salvo muy escasas y valiosas excepciones, nuestros políticos y funcionarios carecen de una hoja de ruta respecto a lo que queremos con nuestros vecinos desconocidos.

 

“Un dólar, un voto”

 

Obama no puede respirar tranquilo. Su luna de miel será corta. No se detendrá la ofensiva sin precedente de los “super PAC”, coaliciones de grandes intereses financieros, petroleros y de consorcios de comunicación, entre otros poderes fácticos. Los señores del dinero le apostaron a convertir al sistema electoral estadunidense en una operación que transitara de “una persona, un voto” a “un dólar, un voto”, pero ni el dinero ni la supresión de votantes les alcanzaron para ganar en 2012.

Con Obama en la Casa Blanca, la mayoría demócrata en el Senado y la hegemonía republicana en la Cámara de Representantes, todo parece indicar que las cosas seguirán igual: un gobierno dividido.

Puede ser que en el corto plazo continúe el “atorón” en el Capitolio, pero el “abismo fiscal” que tocará la puerta en enero de 2013 pondrá a prueba la voluntad de la Casa Blanca y del Capitolio para distribuir los costos del ajuste y los beneficios del crecimiento de manera equitativa.

Robert Kennedy Jr. pone el dedo en la llaga: “Estados Unidos, que se ha visto a sí mismo como un modelo de democracia basado en la clase media, cae cada vez más en las redes del poder oligárquico y la cleptocracia corporativa”.

Mientras me sumo a los festejos de los jóvenes a la una de la madrugada frente a la Casa Blanca, confirmo cuánto se parece la polarización económica, política y social de este país con la que vivimos en México. Cuando me preguntan quién es mejor para México, si un demócrata o un republicano, digo que es mejor un mexicano comprometido con los intereses de la mayoría de sus compatriotas. Más allá de nuestros respectivos problemas electorales, ambos países necesitamos gobiernos que, en palabras del expresidente Harry Truman, “trabajen por los intereses de la gente común y corriente y no por los intereses de los hombres que tienen todo el dinero”.

 

* Director de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).