Un abogado “con fuerza de elefante”

JOHANNESBURGO.- Los ojos de Georges Bizos se humedecen cuando evoca lo ocurrido en Marikana. Busca controlarse. Se disculpa: “A mi edad uno se vuelve demasiado sensible”. Se endereza. Intenta endurecer su mirada. Respira hondo y empieza a hablar:

“En mi larga carrera como abogado, durante el apartheid nunca vacilé en enfrentar al régimen ni en denunciar la brutalidad de la policía que torturaba, mataba y detenía a la gente en forma arbitraria. Fui perseguido, hostigado, amenazado, pero seguí. Para mí no existía causa más honrosa que la de defender a las víctimas de ese régimen racista y a quienes lo combatían. Voy a cumplir 84 años y nunca, nunca me imaginé que me iba a encontrar en una corte de justicia posterior al apartheid para defender a víctimas masacradas por policías de la nueva Sudáfrica, de esa ‘Nación Arcoíris’ que todos soñamos igualitaria y justa.”

Hace una pausa. Tose y prosigue:

“Me duele, pero voy a seguir luchando. Quizá será la última misión de mi vida, pero la cumpliré hasta el final. No descansaré hasta que aflore la verdad. Todos necesitamos saber lo que realmente pasó en Marikana: los mineros, sus familias, la opinión pública, el gobierno, los sindicatos. Descubrir la verdad, encararla y sacar lecciones del horror vivido es una prioridad absoluta para el porvenir de nuestro país.”

Vuelve a callar. Se estremece de nuevo y recuerda:

“A comienzos de los noventa, justo después de la liberación de Nelson Mandela y antes de su elección como presidente de la Republica, Sudáfrica pasó por un periodo muy violento, particularmente en KwaZulu-Natal. Nelson Mandela hizo lo imposible para desactivar esa locura. Finalmente lanzó un llamado terrible, desesperado, a quienes se mataban entre sí. Les dijo: ‘Agarren todas sus armas, todas ¿me oyen?, y tírenlas al mar’ ¿Hoy alguien recuerda su grito?”

Bizos es más que un héroe de la resistencia contra el apartheid. Es un símbolo nacional. La escritora Nadine Gordimer, Premio Nobel de Literatura y como él, valiente opositora al régimen racista, escribió el prólogo de No one to blame? In pursuit of justice in South Africa (¿Nadie a quién culpar? En busca de la justicia en Sudáfrica), el libro que Bizos publico en 1998. Así describió al magistrado:

“Abogado de talla internacional, defensor de los derechos civiles en Sudáfrica, investigador que perseguía en forma implacable a los torturadores y a los asesinos al servicio del apartheid, Bizos siempre lograba hacer surgir la verdad y revelar los sufrimientos de quienes tuvieron el valor de oponerse a ese régimen racista y brutal convertido en sangrienta tiranía. Cuando Bizos ganaba un caso, no se trataba sólo de una victoria profesional; era una necesidad imperiosa para ese hombre que considera el humanismo como eje de su existencia.”

Amigo personal de Mandela desde hace mas de 60 años y su abogado durante mas de medio siglo, Bizos encabeza hoy el equipo de juristas que representa a familiares de los mineros de Marikana, asesinados por la policía en Small Koppies.

 

Cacería

 

Hace 60 años, junto con otros abogados, el entonces joven litigante defendió a Mandela y a sus compañeros de lucha en el histórico Juicio de Rivonia (1963-1964). Fue Bizos quien los salvó de la pena capital.

En el apasionante Museo del Apartheid, de Soweto, hay fotos del abogado de origen griego, quien emigró a Sudáfrica a los 11 años. En casi todas aparece junto a Mandela.

Varias de estas imágenes se remontan a los cincuenta, cuando Bizos estudiaba derecho en la Universidad de Witwatersrand, junto con Madiba (Mandela). Fue en “la Wits” donde los dos estudiantes se radicalizaron políticamente. Otras fotografías datan de 1964 y del Juicio de Rivonia, y algunas más de los noventa, cuando Bizos se desempeñó como uno de los principales redactores de la nueva Constitución de Sudáfrica.

Las fotos se amontonan en el piso y los estantes de su confortable pero modesta oficina del Bram Fischer Building, edificio ubicado en el centro de Johannesburgo que alberga la sede del Centro de Recursos Legales que Bizos fundó en 1979 y preside hasta la fecha.

El abogado, venerado y temido en su país, huye de la prensa desde que participa en el caso judicial de la masacre de Marikana.

“No puedo comentar nada acerca de las pruebas y evidencias que ya juntamos y que seguimos descubriendo. No quiero que me acusen de usar a los medios de comunicación para movilizar a la opinión publica en favor de las víctimas”, argumenta.

Sin embargo, es obvio que desea hablar de Marikana.

Confía que está en estrecha relación con el muy respetado juez Ian Farlam, quien encabeza la comisión independiente de investigación de seis juristas nombrada por el gobierno para esclarecer el asesinato de 44 personas en Marikana: dos policías, dos vigilantes privados, seis mineros ultimados en circunstancias confusas antes de la represión del 16 de agosto y 34 mineros asesinados por la policía en Small Koppies.

“El gobierno exige que la comisión emita sus conclusiones a finales de diciembre. Cuatro meses me parecen un tiempo sumamente corto para una investigación tan compleja. Es preciso oír a centenares de testigos. Había una multitud de mineros en Small Koppies el pasado 16 de agosto; necesitamos hablar con ellos, escuchar sus versiones de los hechos y confrontarlas con las de la policía. También debemos descubrir por qué y cómo 10 personas fueron asesinadas a principios de agosto.”

Greg Marinovich, fotoperiodista de guerra sudafricano de larga trayectoria y galardonado, entre otros premios, con el Pulitzer en 1991, causó conmoción al publicar el pasado 8 de septiembre en el diario electrónico Daily Maverick y en el periódico impreso Mail&Guardian –dos de los más importantes de Sudáfrica–, un largo reportaje basado en pláticas con testigos de la matanza.

El periodista asegura que gran parte de los mineros fueron asesinados con disparos en la espalda mientras huían de Small Koppies; también afirma que varios de ellos murieron aplastados por vehículos.

Bizos rehúsa comentar estas aseveraciones. Sólo advierte:

“Cuatro médicos forenses de absoluta confianza examinaron los cadáveres y me confiaron que era imposible encontrar a testigos mas fiables y elocuentes… Los heridos que aún permanecen bajo vigilancia policiaca también tienen mucho que decir. No pasa un día sin que entreguemos nuevas evidencias a la Comisión de Investigación.”

Para el abogado es capital que los familiares de las víctimas puedan presenciar los interrogatorios de los testigos y autores de la matanza. Pero muchos viven lejos, en otras provincias de Sudáfrica o en Mozambique y Zimbabue. Bizos y los demás defensores de los mineros acaban de obligar al Departamento de Desarrollo Social del gobierno a que asuma sus gastos de viaje y de estadía para asistir a las audiencias.

La entrevista que Bizos concedió a la reportera ocurrió ocho días antes de que empezaran las labores de la Comisión Farlam en Small Koppies, el pasado 1 de octubre, en presencia de la prensa nacional e internacional y del obispo Seoka.

Farlam, acompañado por numerosos expertos y oficiales de la policía, no se limitó a caminar cerca de las “pequeñas lomas”; recorrió mucho más camino y acabó en una pradera ubicada a un kilómetro de Small Koppies. Volvió al día siguiente y amplió aún más su esfera de investigación in situ, lo que parece confirmar la tesis de “una cacería humana”, propuesta por Marinovich y desmentida por las autoridades.

–¿Algún día se sabrá la verdad acerca de lo ocurrido en Marikana?

Bizos no tiene duda al respecto. Recuerda con sonrisa traviesa el sobrenombre de Matla a Thou (Hombre con Fuerza de Elefante) que se ganó en tiempos del apartheid. A pesar de algunos achaques debidos a su larga, densa y tormentosa existencia, aún despliega su gran energía en defensa de los mineros asesinados.

Concluye nuestra plática haciendo suyo el lema de Steve Biko, carismático activista contra el apartheid quien falleció en la cárcel en 1977, supuestamente a consecuencia de su huelga de hambre. Fue sólo a finales de los noventa cuando Bizos, abogado de su viuda, logró que la policía sudafricana confesara el asesinato de Biko ante la Comisión de Verdad y Reconciliación.

Dice el incansable abogado: “Hace más de 40 años, en medio de la barbarie racista, Biko no se cansaba de repetir que íbamos a obsequiar a Sudáfrica el regalo más hermoso del mundo: un rostro mas humano. Sigo creyendo que es posible, pero me duele constatar que después de dos décadas de gobierno del Congreso Nacional Africano estemos tan lejos de cumplir nuestra promesa”.