Señor director:
Le agradeceré publicar la presente carta, dirigida al presidente de la República Mexicana, Felipe Calderón Hinojosa.
¿De casualidad, señor presidente, no le da a usted vergüenza andar cazando maleantes en las calles de nuestro país cuando hace caso omiso de los asesinos potenciales y además legales que tiene usted en el Instituto Mexicano del Seguro Social?
No sólo descuidó todos los rubros que conforman una economía nacional por empeñarse en ese capricho, sino que nuestros hijos profesionistas están desempleados mientras usted, pomposamente, inaugura obras de ornato costosísimas, como la Estela de Luz, que no beneficia a ninguna clase social y cuya inversión hubiera servido para alimentar a muchos mexicanos. Por si fuera poco, inclusive se pasea usted por el extranjero con su señora esposa externando opiniones “optimistas” sobre la economía mexicana.
Por mi parte, le voy a platicar cómo estuve a punto de ser asesinada por la pseudoenfermera Francisca Cazarín Molina y el pseudomédico Octavio Suárez, ambos del IMSS.
El 3 de agosto de 2012 me presenté en la clínica del IMSS de Nopaltepec, Cosamaloapan, Veracruz, con una presión arterial de 160/140 y pulso de 90, en calidad de emergencia. Estos datos fueron arrojados por un baumanómetro de mi propiedad, lo que indicaba que requería un medicamento recetado por mi médico.
En dicha clínica me tomó la presión la pseudoenfermera Francisca Cazarín Molina, y arrojó datos (100/70) que no demostraban la gravedad de mi enfermedad porque, evidentemente, no sabe tomar la presión arterial. Le dije que me llevara con el médico, a quien le solicité que me tomara nuevamente la presión. Él contestó que no tenía tiempo, porque era su hora de salida, y que los datos proporcionados por la enfermera eran correctos. A su vez, la directora de la clínica no se encontraba en el lugar.
Tuve que irme a mi domicilio, donde me acosté y me bañaba a cada rato porque sentía que la cabeza me estallaba. A las 12:00 de la noche me dormí (no pude ir con otro doctor ni comprar medicamento porque no tenía dinero). ¿Se imagina, señor presidente, lo que me pudo haber ocurrido? Con todo respeto, pregúntele usted a su médico de cabecera.
Denuncié lo sucedido ante el director del Hospital de Zona ubicado en Cosamaloapan. De allí canalizaron la queja por negligencia médica a la delegación correspondiente del IMSS, con sede en Orizaba, cuyo personal envió un representante a Cosamaloapan para aclarar el asunto.
Allí se ventiló que la pseudoenfermera mencionada no conoce el oficio de enfermería porque nunca estudió ni aprendió con la práctica de 30 años, aunque ostenta un acta de primeros auxilios como documento que ampara su escolaridad.
El 15 de octubre pregunté telefónicamente a la delegación del IMSS de Orizaba por las sanciones aplicadas a raíz de mi queja. Al médico ni siquiera lo incluyeron en el dictamen jurídico, y a ella le anexaron a su expediente una llamada de atención. Ella se jubila dentro de un mes y se va con un fabuloso sueldo mensual de profesionista de Primer Mundo.
¿No le parece, señor presidente, que ese sueldo debe ser para unos de los miles de desempleados que hay en el país y que se encuentran preparados, así como para muchos médicos, enfermeras, laboratoristas, etcétera, que todavía tiene el IMSS a nivel nacional y que trabajan con empeño y tesón?
Atentamente
Margarita de la O Lavalle








