PARÍS.- No hay duda: el congreso del CNA que se llevará a cabo de 16 al 20 de diciembre próximo en Mangaung va a ser aun más explosivo que el precedente, celebrado hace cinco años en Polokwane.
Corren rumores. Crece la tensión. El ambiente se electriza. Líderes y grupos de cabildeo del Congreso Nacional Africano tienen cada vez más problemas para respetar su compromiso de no enfrentarse directa y públicamente antes de diciembre.
Mientras tanto se agudiza la crisis económica y social y se multiplican las interrogantes sobre el rumbo que va tomando la joven y frágil democracia sudafricana.
La decisión de convocar el congreso en Mangaung es altamente simbólica. Ese municipio de Sudáfrica, en la provincia de Estado Libre, se creó después del apartheid con las ciudades de Bloemfontein, Thaba’Nchu y Botshabelo. Y fue precisamente en Bloemfontein donde se fundó el Congreso Nacional Africano en 1912, dos años después de la creación de la Unión Sudafricana.
Al inicio el CNA incluía a todas las poblaciones no blancas de Sudáfrica unidas para conquistar los derechos que les negaban las élites blancas afrikaner y de origen británico.
En 1944 Nelson Mandela, Walter Sisulu y Oliver Tambo, jóvenes activistas radicales, crearon la Liga de la Juventud dentro del CNA, inyectándole más combatividad.
Cuatro años más tarde se instauró el régimen del apartheid y se endureció la resistencia del CNA, que fue declarado ilegal en 1960.
Fue en 1989 cuando el poder blanco toleró que el CNA organizara un gran mitin en Soweto. En ese entonces ya estaban en marcha las negociaciones para la abolición del apartheid. En 1991 Nelson Mandela fue liberado tras 27 años en la cárcel y el Congreso Nacional Africano fue legalizado.
En julio de 1991 ganó las primeras elecciones multirraciales de Sudáfrica. Mandela asumió la presidencia y desde entonces las riendas del país han estado en manos del CNA.
“Grilla” sin cuartel
En Sudáfrica sólo los presidentes de los partidos políticos pueden presentarse como candidatos a las elecciones presidenciales. Por lo tanto el próximo 20 de diciembre quien salga victorioso de los enfrentamientos internos del CNA casi seguramente será el próximo presidente del país.
Las elecciones presidenciales tendrán lugar el primer trimestre de 2014 y ningún partido de la oposición tiene suficiente fuerza para amenazar al CNA, por muy desacreditado que esté.
El Congreso Nacional Africano tiene 4 mil 500 delegados en nueve grandes ramas repartidas en las nueve regiones administrativas del país KwaZulu-Natal, Gauteng, Estado Libre, Mpumalanga, Cabo Norte, Cabo Oriental, Noroeste, Cabo Occidental y Limpopo y también tiene las ligas femenil y juvenil.
A pocas semanas de celebrarse el congreso en el que se elegirá a los directivos del partido a escalas nacional y regional, todo parece indicar que el vicepresidente Kgalema Motlanthe se lanzará como candidato a la presidencia del CNA contra Jacob Zuma, el actual mandatario.
La crisis minera exhibió la incapacidad o la falta de voluntad política de Zuma de cumplir las grandes promesas del congreso de Polokwane, que se había presentado como el “congreso del cambio”. Pero el actual presidente sigue contando con fuertes apoyos por lo menos en cinco de las nueve ramas del partido. Motlanthe lo sabe y sus partidarios mueven cielo y tierra para invertir la correlación de fuerzas.
Motlanthe tiene una larga trayectoria en el CNA. Activista del Movimiento de la Conciencia Negra encabezado por Steve Biko, fue detenido en 1976 y encarcelado en Robben Island 10 años.
Después de su liberación se involucró de lleno en la lucha sindical y acabó encabezando el Sindicato Nacional de Mineros sucediendo a Cyril Ramaphosa. En 1997 volvió a suceder a Ramaphosa, esta vez como secretario general del CNA.
De 2008 a 2009 fue presidente interino de Sudáfrica, después de que el mandatario Thabo Mbeki fuera obligado a renunciar y antes de la elección de Zuma como jefe de Estado.
Motlanthe es el candidato de “coalición del cambio” que agrupa a los detractores de Zuma. Goza de prestigio en todas las corrientes del partido, entre los jóvenes y a nivel popular, sobre todo desde que Julius Malema milita en su favor.
Este último, exlíder de la Liga de la Juventud del CNA y expulsado del partido a principios de este año, supo explotar con suma habilidad la crisis minera. Ese personaje controvertido, quien cabildea en favor de Motlanthe, tiene por lo menos el mérito de haber exigido a lo largo de los cuatro últimos años que Zuma cumpliera sus promesas de justicia social.
Malema denunció la complicidad de líderes del CNA con los directivos de la industria minera y las condiciones de vida y trabajo de los mineros. Abogó también a favor de la nacionalización de las minas. La tragedia de Marikana le permitió rebotar políticamente y sembrar más tensiones en el partido.
Para Motlanthe resulta un tanto incómodo el apoyo de Malema pues este fogoso defensor de los pobres de Sudáfrica tiene un tren de vida de millonario y está involucrado en graves escándalos financieros que investiga actualmente la justicia.
Al igual que numerosos analistas sudafricanos John Capel, quien encabeza la Fundación Bench Marks, califica de “preocupante” la situación política por la que atraviesa Sudáfrica.
En entrevista que concedió a la reportera el pasado septiembre confió: “La mayoría de los sudafricanos está en contra de que Zuma siga siendo presidente, pero en nuestra incipiente democracia no se toma en cuenta ese repudio general. Todo se decidirá en Mangaung a lo largo de cuatro días de negociaciones complejas y opacas entre los partidarios de Motlanthe y de Zuma. Y este último está dispuesto a todo con tal de seguir en el poder.”








