¿Cuánto nos cuesta un diputado?

Al recurrir a las instancias de transparencia en busca de información pública con frecuencia se encuentra uno sólo con el dato inscrito en el rubro de nóminas. Ese dato, que se convierte después en información del dominio público, corresponde a la partida presupuestal 111 del Congreso del estado denominada “dieta”. Así, cada legislador local recibe al mes dos cheques por un total de 110 mil 949. 40 pesos.

Con esta simple información nos quedamos conformes. La mayoría retobará, pues se trata de un salario estratosférico por ir a levantar el dedo cuando se lo indiquen sus pares y para lo que  le señalen los truhanes que lo llevaron a la curul y lo mantienen ahí, en ese espacio de poder.

Eso de que los legisladores son representantes populares no deja de ser una broma de mal gusto, sobre todo cuando revisamos los papeles de la Legislatura que está por entregar la plaza. Sus emolumentos representan una suma descabellada para trabajo tan ruin, si se compara con los salarios devengados por quienes se parten el lomo en tareas productivas, cuyas entradas varían entre los 3 mil y los 8 mil pesos mensuales.

Al revisar números, para enterarnos en serio de lo que nos cuesta mantener a estos parásitos con aureola y poder, nos llevamos una sorpresa. Ya quedamos en que por la partida 111, como concepto de salario, limpios de polvo y paja, se llevan al mes 110 mil 949. 40 pesos; pues bien, hay varias partidas de las que enseguida se hará mención y que le significan a estos cuervos insaciables ingresos limpios y puros, como La Magnífica.

Como estos datos no son de manejo público, es obligado darlos a conocer. Encabeza el proceso triunfal la partida 412, con el nombre de “asignaciones presupuestales al Poder Legislativo”. Se conoce como gastos de las “casas de enlace”. Hasta 2010 esta erogación estaba clasificada en la partida 3827 y se denominaba “gastos parlamentarios”. En esta segunda bolsa, cada diputado se levanta por mes 117 mil 709. 51 pesos; y que no cunda el pánico, pues apenas estamos mojando el labio. Con esta segunda partida nuestros representantes ya se doblan y se hacen arco. Pero todavía ni calor les llega.

Siguen en el orden al bat las partidas 113 y 122. La primera tiene que ver con los sueldos al personal permanente o de base y la segunda a los eventuales. Cada diputado tiene adscritos a su capítulo un promedio de unos 12 miembros de este personal. El sueldo de estas personas va de los 15 mil hasta los 40 mil pesos mensuales. De acuerdo con las reglas no escritas, que observan con gran cuidado los representantes populares, de estos sueldos reciben una mochada. La tasa acostumbrada dice que “según el sapo es la pedrada”. Y también se inscribe en este capítulo la modalidad de los aviadores, donde el arreglo por debajo de la mesa puede verse como mochada, rasurada, baje o compensación. Pero quedándonos tan sólo en lo que se eroga por estas partidas y no en su reparto, obtenemos: de 12 personas con sueldo de 20 mil pesos cada una, a los contribuyentes nos cuesta 240 mil pesos mensuales más cada diputado.

Viene luego una serie de partidas que pueden compactarse en un solo paquete. Se trata de la 134, 142, 143, 144, 154, 159 y 171. La primera  (134) es la de compensaciones. La 142 corresponde a las aportaciones al Seguro Social; la 143 es la de aportaciones al seguro de retiro; la 144, aportaciones para seguros; la 154 se refiere a prestaciones contractuales; la 159 dice otras prestaciones, y la última (171) lleva el conocido nombre de estímulos, materia muy conocida. Sumando en un solo paquete todos estos conceptos aumentan la erogación mencionada a 47 mil 299.14 pesos.

Aún no se concluye de contabilizar la cartera real de los señores diputados. En los capítulos presupuestales 2000, 3000 y 5000 están enumerados los gastos de oficinas y áreas de adscripción. Este gasto representa 30% del presupuesto del Congreso local. En 2010 fue de 296 millones 133 mil 700 pesos. Dividida primero entre los 12 meses y luego entre los 39 miembros de la legislatura tenemos que cada comensal de esta gran comilona incorpora a su bolsa otros 189 mil 84 pesos. Aquí paramos. Hay más, pero con esto baste por ahora.

La primera lección por inferir de esta trama laberíntica es que los diputados no devengan sólo su salario nominal, que ya es alto, sino que engrosan a su cartera otras partidas que le elevan sus ingresos tres, cuatro o más veces. Una segunda nos informa que hay más partidas encubiertas con nombres diversos: asignaciones presupuestales, capítulos presupuestales, renglón de prestaciones y mochadas o bajes a auxiliares y personal adscrito. Para esto último, no hay pruebas. Sólo testimonios solapados y, aún éstos, difíciles de enrostrar ante una instancia judicial pertinente. Pero de que los hay, los hay.

La tercera lección viene siendo la más importante para el ciudadano común y corriente, dado que él aporta mediante sus impuestos el dinero para todas estas maromas, enredos y enjuagues presupuestales. La suma total de estas cantidades encriptadas arroja 705 mil 786. 89 pesos por cada diputado Esta cifra es el dato real del costo de un legislador local cada mes. Son casi tres cuartos de millón de pesos. No se manejan en esta información datos inventados o ventoleras especulativas. Son datos basados en la información del gasto del Congreso del estado de Jalisco en 2010.

No les queda entonces a los diputados hacerse los benditos, o que la virgen les habla, cuando son señalados. Mucho menos que monten en ira y que amenacen con contravenciones. Y no hablamos aquí de sus exacciones extras, como lo de las formas valoradas, que suman cifras millonarias y que sí rondan la ilegalidad.

Dado que ellos mismos aprueban y derogan leyes, podría pensarse que no se pondrían en situaciones riesgosas de ilicitud legal. Pues aunque no lo creamos, sí lo hacen. Pero nos hemos limitado sólo a la danza del dinero legal, autorizado. Lo presentado está debidamente sancionado por el artículo 26 de la Constitución Política del Estado de Jalisco; y también por el artículo 17 de la Ley de Presupuesto, Contabilidad y Gasto Público estatal.

Dicho con propiedad, en cuestión de dinero, sólo su boca es medida. Ya se van los diputados actuales, por fin. Los que vienen tienen igualmente las manos libres para igualarles las mañas o hasta mejorarles la plana. Sólo un acto de vergüenza política los pondría en los rieles de cambiar de libreto. Ellos tienen la palabra, porque los ciudadanos parece que hemos sido emasculados para poner orden, tanto que ni por enterados queremos darnos.