MÉXICO, D.F. (apro).- Al igual que el protagonista de la historia, Tim Burton resucita uno de sus primeros trabajos cinematográficos, un corto en blanco y negro llamado Frankenweenie (1984), donde un pequeño científico regresa a la vida a su difunto perro.
Por ser una historia de culto entre los amantes del trabajo de Burton, las expectativas eran bastante elevadas; el remake de Frankenweenie (EU-2012) es una buena película pero desgraciadamente los resultados no estuvieron a la altura.
La historia va así…
En un mundo sombrío y extravagante, existe un niño aún más extraño que todos sus habitantes: Se llama Víctor Frankenstien, un niño introvertido, sin amigos, amante de la ciencia y el cine.
Bueno, a decir verdad, Víctor tiene un mejor amigo, su perro Sparky con el que echa a andar su imaginación para crear mundos fantásticos.
Por ahí existen un par de personas en la vida de Víctor que le añaden un poco de variedad, como sus padres –el señor y la señora Frankenstien–, un niño contrahecho llamado Edgar E Gore y su vecina Elsa Van Helsing. Pero en realidad el mundo de Víctor gira alrededor de él y Sparky.
Su padre, preocupado por el aislamiento de su hijo, lo incita a que practique beisbol, sin embargo lo que debía ser una experiencia socializadora positiva, resulta en una peculiar tragedia que pone al mundo de Víctor de cabeza: Sparky es atropellado.
Siguiendo las enseñanzas teóricas de su maestro de ciencia, Víctor decide realizar un experimento con el cadáver de su perro: Utilizar la electricidad para volverlo a la vida.
El experimento da resultado y el vivaracho Sparky regresa para alegrar la vida de Víctor, sin embargo, el secreto no debe ser revelado… pero ocurre, y entonces el experimento de Víctor destapa una terrorífica caja de Pandora en su pequeño pueblo.
Lo que comienza como una premisa interesante y profunda se va difuminando poco a poco en una situación aburrida y sin sentido, con monstruos aterrorizando a un pueblo entero y niños que resultan más inteligentes que los adultos sólo por que sí.
Burton se precipita en la trama y al final, la ilusión se desvanece: no estábamos frente a una obra maestra sino frente a una cinta mediana en cuanto al trabajo de Burton se refiere.












