Gabriela Díaz Alatriste (1964) se presentó al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) los días 19 y 21 de octubre. Las solistas: Lourdes Ambriz y Eva María Zuk. El resultado, inmejorable.
Pocos oficios se han resistido tanto a la igualdad de género como la dirección orquestal, que ha sido desde siempre coto de caza de los varones. Pero en México tenemos a una no sólo carismática sino muy eficiente maestra que poco a poco se ha ido imponiendo a base de calidad y dominio de su arte.
Es desde 2009 directora de la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional, lo cual la ha convertido en la primera mexicana asignada a la titularidad de un orquesta sinfónica profesional. Más de 15 años de trayectoria la respaldan, fue galardonada con laPresea Vasco de Quiroga como la mujer del año en 2011, y en nuestro país ha sido invitada a dirigir las más prestigiosas orquestas como la Sinfónica de Xalapa, de Minería, Orquesta Sinfónica y Ópera de Aguascalientes, y en el extranjero a Nueva York, Arkansas, Minneapolis, así como en varios países de sudamérica.
El fin de semana pasado, al frente de la OSN, ofreció un programa sembrado de dificultades: Aires sobre un tema del siglo XVI de Eduardo Mata, obra de 1964, como variaciones vocales y orquestales sobre la canción “Tres Morillas me enamoran en Jaen” del cancionero de Palacio, obra que figura también dentro de las “Trece Canciones Españolas Antiguas” recopiladas y armonizadas por Federico García Lorca.
Además, una poco conocida obra para piano y orquesta de Richard Strauss, la Burlesca en re menor, con Eva María Zuk como solista. Y ante ambas cantantes destacadas, Díaz Alatriste, lejos de empequeñecerse, las las alentó y acompañó con la orquesta, y realizó un trabajo musical que arrancó bravos entusiastas.
Después del intermedio, la directora se enfrentó a la obra más pesada del programa. La Primera Sinfonía en do menor Op. 68 de Johannes Brahms, de casi una hora de duración y dividida en cuatro movimientos. Un verdadero ícono del universo sinfónico alemán, que la directora afrontó con serenidad y profesionalismo. Emotiva pero sin exageraciones, tiempos justos y un equilibrio orquestal pocas veces conseguido en la OSN. Sin recurrir a poses innecesarias, tan frecuentes en los directores de hoy día, la maestra demostró una vez más que es uno de los mejores directores de orquesta de nuestro país.
Hace poco Díaz Alatriste condujo la ópera Carmen de Bizet en el Politécnico, y los resultados musicales recibieron elogios de la crítica especializada.
Dijo a Proceso:
“Mi relación con la OSN es muy buena, ya habíamos trabajado antes pero en los conciertos familiares, esta vez la relación con la orquesta fue muy buena, mi mensaje fue claro y convincente y estuvieron muy a gusto. Es una orquesta difícil de convencer, siempre te están probando en cada ensayo, en cada concierto, y es natural, es la orquesta” por antonomasia, la de más tradición, y además tocan ni más ni menos que en Bellas Artes. Yo los respeto mucho y les tengo gran cariño desde niña. Siento que mi trabajo les gustó.”








