Ignacio Asúnsolo, notable retratista

Nació el 15 de marzo de 1890 en la hacienda de San Juan Bautista, en el estado de Durango. Hijo de Fernando Asúnsolo y Carmen Mason Bustamante, le pusieron Ignacio de nombre por un tío suyo que fue jefe político en Chihuahua, estado al que pronto se trasladaron para instalarse en Hidalgo del Parral. Contagiado por la destreza y el gusto de su madre por el modelado en barro, desde los seis años comenzó a hacer figuritas que regalaba a los mineros. A los doce años modeló el retrato del obispo de Chihuahua Nicolás Pérez Gavilán.

Las primeras clases formales las tomó Asúnsolo en Chihuahua; pero cuando el gobierno de esa entidad lo beca se traslada a la Ciudad de México e ingresa a la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde fueron sus maestros Arnulfo Domínguez Bello, José María Velasco, Leandro Izaguirre y Enrique Guerra, este último muy desarrollado como escultor dentro de una tendencia neoclásica, aunque en Asúnsolo se dio desde entonces una marcada predilección por Rodin, y una persistencia en el modelado. Cuando en 1938 sufre un grave accidente automovilístico en compañía de su madre, a pesar del deterioro físico, ella le pide un poco de arcilla, pues con una sola mano quiere modelar tres figuras para regalárselas a su hijo antes de una cruel agonía que culminó el 11 de enero de 1940.

La otra tragedia que casi lo lleva a una depresión maligna fue el fallecimiento  de  Enrique, su único hijo, en un accidente de aviación el 10 de mayo de 1961, tiempo en que la colaboración entre el joven arquitecto y el escultor se había vuelto tan grata como estrecha.

Ignacio tenía sólo veinte años de edad cuando le encargan el retrato de Porfirio Díaz en un medallón a la cera, molde básico para una correspondiente edición. En una existencia de 75 años, fue un trabajador prolífico, incansable, muy dotado, en cuya producción de monumentos, alegorías, composiciones simbólicas, sobresale como uno de los retratistas más notables en la escultura mexicana del siglo XX: personalidades públicas, intelectuales, mujeres sobresalientes, personajes típicos de las clases populares, sobre todo obreros.

Pensionado por el gobierno en 1919, pasa una primera temporada en Madrid; después en París ingresa L’Eccole de Beaux Artes y recibe influencias directas de Aristide Maillol, Charles Despiau y Antoine Bourdelle. Contrae matrimonio en 1921 con la adolescente (16 años) Mireille Marthe Barany. Regresa a México convirtiéndose en el escultor más apreciado por el Secretario de Educación Pública José Vasconcelos, quien quedó encantado con el grupo que remataba la fachada del nuevo edificio, constituido por Apolo, Dionisio y Minerva, la divina, considerada por el funcionario como antorcha y patrona de su dependencia.

La relación con el presidente Álvaro Obregón se hizo muy estrecha cuando obtuvo en 1924 el primer premio (18,000 pesos) por la propuesta para las esculturas que debían complementar el Monumento a los Niños Héroes, que el presidente quería inaugurar antes de que concluyera su periodo de gobierno. Proyectado por el arquitecto Luis McGregor para la terraza poniente del Castillo de Chapultepec, en lo que fue el patio Juan de la Barrera del antiguo Colegio Militar. El empeño de Ignacio Asúnsolo y su equipo de canteros y obreros elaboró el trabajo en piedra chilucha en tres meses; se entregó el 22 de noviembre y se inauguró el 27. La patria adolorida aparece cubierta por las alas del águila, teniendo a los lados nopales, mientras el todo descansa sobre la serpiente. En el gran pedestal cuatro figuras de adolescentes simbolizan el sacrificio supremo, la desesperación en la defensa, la lucha desigual y la epopeya.

Cuando Obregón en 1928 cayó abatido por las balas disparadas por José de León Toral, Asúnsolo fue llamado el 17 de julio, junto con José María Fernández Urbina para tomar la mascarilla de quien ya había sido reelegido para otro periodo presidencial. En 1929, sin que nadie se la encargara, en el mes de abril concluyó una figura de tres metros de alto de Obregón de pie en traje de campaña, camisola, pantalón de montar y polainas.

La del fallecido Obregón fue la primera de las múltiples mascarillas que tomó al correr de los años: la de León Trostsky (22 de agosto de 1940, ayudado por su hijo Enrique); la de José Clemente Orozco (1949, 7 de septiembre; copia también la mano derecha del pintor); 1950, la del poeta Xavier Villaurrutia; la del escritor Luis Cabrera (1954, 12 de abril); la de la pintora Frida Kahlo (julio de 1954); la del arzobispo primado de México Luis María Martínez (10 de febrero de 1956, asistido por Joaquín Álvarez Ordóñez); el general José Miaja, defensor de Madrid durante la Guerra Civil y autor de la frase “¡No pasarán!” (1958); la mascarilla y ambas manos del artista Diego Rivera (24 de noviembre de 1957); en 1959 lo debe haber conmocionado tomar las mascarillas de escritores tan notables como Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Narciso Bassols y Luis Lara Pardo.

En 1915 comienza su actividad como monumentalista que no se copia a sí mismo, pues se esfuerza por una renovación permanente. Algunos ejemplos: Monumento a los Frailes Franciscanos, Escultura sedente en piedra de la poeta chilena Gabriela Mistral, Monumento a los Niños Héroes, busto de Manuel Gutiérrez Nájera, Monumento al Héroe de Nacozari para Hermosillo, Sonora; monumento a Emiliano Zapata fraternalmente unido al campesino; Monumento a los Maestros Fundadores del Instituto Científico y Literario de Toluca; Monumento al general Obregón para el parque de La Bombilla; Monumento a la Familia Proletaria; Monumento al Trabajo; Monumento al Soldado; Monumento para la tumba del aviador Francisco Sarabia para la Rotonda de los Hombres Ilustres; Monumento a Hernán Cortés por encargo del presidente Lázaro Cárdenas; Monumento a Salvador Díaz Mirón para el Ayuntamiento del puerto de Veracruz; Monumento a la Madre; Monumento al Minero; Monumento a Fray Juan de Zumárraga para Durango, España; Monumento a Emiliano Zapata montado en su caballo; monumento al Gambusino; Monumento a la División del Norte; Monumento a Ignacio Zaragoza. El último (faltan bastantes) fue el Monumento a Cuitláhuac, el vencedor de La Noche Triste.

En 1985 el Monumento a Zaragoza fue reinaugurado; entonces José Alvarado, rector de la Universidad de Nuevo León, pronunció un discurso en cuyo transcurso expresó: “… la discusión sobre los grandes problemas sigue en pie, porque ni la Independencia ni la Reforma ni la Revolución han llegado a sus victorias definitivas y perduran, por una parte, el aliento contra la injusticia y, por la otra, la conspiración contra la justicia, el engaño y la falsificación (…) persiste la explotación de los cuerpos y de los espíritus. La palabra chinaco es ahora una injuria y ser maestro resulta un oficio despreciable, mientras aparecen como paladines los enriquecidos en los más altos puestos públicos…”.

En 1943 el crítico de arte Paul Westheim lo califica como retratista eminente. “Sus cabezas son de una delicadeza y nobleza de porte que resiste la comparación con Despiau. Es un maestro del arte del retrato.” Y exclama casi con júbilo: “Tan grande talento.” Centenares fueron los retratos hechos desde la adolescencia hasta la madurez plena. Algunos: Rubén Darío, Germán Cueto (su ayudante en la SEP), sor Juana Inés de la Cruz, Amado Nervo, Justo Sierra, Francisco de la Torre, el doctor Aureliano Urrutia, Guadalupe Marín, Plutarco Elías Calles, Josefina Ortiz Rubio, Pita Amor, José Martí, Jesús Urueta, Julián Carrillo, Lan Adomian, Enrique González Martínez, Gabino Barreda, Miguel de Cervantes, Benito Juárez, María Asúnsolo (su sobrina), Lázaro Cárdenas, Antonio Caso, Francisco Goitia, Manolete, Jules Romains, Antonio Ruiz Galindo, Kitia Helene Domenge, Mireille Barany, Miguel Alemán, Carlos Lazo, Efrén C. del Pozo, Luis Montes de Oca, Alberto J. Pani, Alfonso Reyes y muchos, muchos más.

En 2013 el gobierno del Estado de Durando editará una nueva monografía sobre Ignacio Asúnsolo, el duranguense que se crió en Chihuahua y se desarrollo entre los notables creadores plásticos en la Ciudad de México, donde murió el 21 de diciembre de 1965 a las 10:30 de la mañana.