El del Cine, más galería que museo: Ortiz Monasterio

El Museo del Cine, que formará parte de la Cineteca Nacional Siglo XXI por inaugurarse, no posee un acervo propio y, a decir del reconocido fotógrafo Pablo Ortiz Monasterio, “se necesita un programa del contenido, y lo que nos presumen son edificios”. En este último aspecto, el arquitecto Mauricio Rocha Iturbide explica que, aunque el museo está preparado para alojar una colección, la petición concreta no fue en ese sentido.

La Cineteca Nacional, una de las instancias culturales intervenidas a contrarreloj por el gobierno federal que ya termina su gestión el próximo 30 de noviembre, albergará el Museo del Cine, el cual no será de sitio con una colección permanente, sino un espacio para exposiciones sobre el tema; además, se duda si logrará terminarse.

Felipe Calderón anunció el Museo del Cine el 6 de febrero de 2008 al inaugurar la exposición Gabriel Figueroa. Cinefotógrafo en el Palacio de Bellas Artes, pero entonces (Proceso 1682) era coordinador del proyecto el fotógrafo Pablo Ortiz Monasterio, cuando Sergio Vela estaba como responsable del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

El Museo del Cine, parte integral de la Cineteca Nacional Siglo XXI, estuvo a cargo del Taller de Arquitectura de Gabriela Carrillo y Mauricio Rocha Iturbide, este último hijo de Manuel Rocha, autor de la estructura anterior del recinto cinematográfico.

Cofundador del Centro de la Imagen (también en remodelación), Ortiz Monasterio relata que a las autoridades actuales “no les interesó” el proyecto del museo del cine que trabajaba:

“Tengo la sensación de que todo fue porque venía del anterior jefe, Sergio Vela. Nunca me lo dijeron, pero nunca me dieron chance de exponerlo. De entrada la señora presidenta (Consuelo Sáizar) tiene su carácter, entonces definitivamente no me dio chance. Es natural que los jefes trabajen con gente con la que sienten afinidad e interés, el problema es que ya muy al final deciden crear un edificio como museo del cine.”

Entiende al Museo del Cine de la Cineteca Nacional como “una galería para organizar exposiciones de cine, lo cual está bien”, pero percibe “que no importó el contenido sino crear un edificio, y lo importante es el contenido, van a acabar la obra arquitectónica y lo demás sabrá Dios”.

Autor de los libros Los pueblos del viento y Dolor y belleza, argumenta preocupado:

“En realidad es obra pública con mucha prisa, en un contexto donde no se construye bien y no hay tiempo para planear por las decisiones oficiales. Pero, ¿para qué va a ser?, ¿qué sentido va a tener? Aún así, tener infraestructura cultural está bien. Mis otras interrogantes son: ¿Coyoacán lo necesita?, ¿Ciudad Juárez no existe?, ¿San Cristóbal de las Casas, Azcapotzalco e Iztapalapa tampoco lo necesitan? Para visitar exposiciones hay museos en Coyoacán, hay que instalar museos en otros sitios. Yo lo veo con duda. Y no van a acabar en general la Cineteca Nacional.”

No obstante, alaba al arquitecto Rocha Iturbide:

“Es una persona de primerísima, estoy seguro de que fabricará un proyecto interesante, pero por más bueno que sea el arquitecto, si no se tiene un programa adecuado, algo va a resultar mal. Debió verse que si va a ser una galería, entonces qué condiciones debe tener para que sea flexible, para que no sea demasiado caro; organizar exposiciones de cine es muy caro, hay mucha proyección, hay muchas cosas de tecnología.

“Se necesita un programa del contenido y lo que nos presumen son edificios.”

Tras haber cerrado alrededor de 11 meses, la Cineteca Nacional, ubicada en Avenida México-Coyoacán 389, colonia Xoco, inicia sus actividades el próximo 7 de noviembre sólo para presentar el nuevo foro al aire libre llamado GabrielFigueroa, mientras el resto se finaliza ganándole tiempo al tiempo. Ese día se proyectará Devoción, un homenaje al cine mexicano por Emilio Maillé, musicalizado por Michael Nyman.

El Museo del Cine y Videoteca Digital abre el 29 de noviembre con la exposición Bitácora abierta. El 9 de ese mes se inaugura la 54 Muestra Internacional de Cine en las nuevas salas. El 10 es la apertura del Laboratorio de Restauración Digital, y el 11 la de la Ludoteca Salvador Pruneda.

 

Reto emocional e intelectual

 

Rocha Iturbide narra en entrevista que el primer contacto que tuvo con el proyecto Cineteca Nacional Siglo XXI fue cuando Consuelo Sáizar invitó al arquitecto Michel Rojkind a trabajar las nuevas salas, y Rojkind le habló a él por el interés de respetar la obra de su padre:

“Platicamos mucho al respecto, de cuidar la propuesta de mi papá independientemente de lo que Rojkind proponía, y en esa dinámica se dio el momento de pensar en el Museo del Cine. Entonces, Paula Astorga y Consuelo Sáizar me ofrecieron colaborar porque implicaba construir un edificio y también intervenir la plaza central de la construcción que hizo mi papá, y obviamente la zona de la videoteca.”

Confiesa que participar era un desafío importante en su carrera arquitectónica:

“Era cómo interpretar, respetar y cuidar el trabajo de mi padre e idear la relación de este museo interactuando con la videoteca para complementar todo el tema de la Cineteca Nacional. Se volvió un reto desde lo emocional hasta lo intelectual.”

El museo tendrá cuatro salas de exhibición en una superficie de mil 512 metros cuadrados, una ludoteca, una sala de lectura, una tienda y una terraza, según boletín del Conaculta. Será gratuito hasta el 31 de diciembre de las 12:00 a las 20:00 horas, de martes a domingo. Albergará en el sótano el Cerebro Digital de la Imagen. La videoteca digital medirá 286 metros cuadrados, tendrá tres niveles y pondrá a disposición de los visitantes 35 mil títulos que podrán ser vistos en 25 cabinas.

Al arquitecto Rocha Iturbide se le pregunta en qué se basó para diseñar el museo, el cual es piramidal, y detalla que al aplicarse en sus proyectos trata de leer muy bien el lugar que enfrenta:

“Vimos que por el programa necesitábamos concebir un edificio vertical, de lo contrario no cabía el museo. Allí eran las antiguas oficinas, entonces, aprovechando ese espacio y entendiendo la geometría de la plaza central de mi padre, pensé en el negativo de la plaza, una torre. Concebí un edificio hacia arriba que se convirtiera en una geometría que tendiera a mezclarse, incluso, por qué no, tener esa sutil diferencia con la geometría original, pero también pensé con claridad un homenaje al arquitecto, mi padre, pues me parece un edificio muy bien logrado.

“Dicen que tiene una forma piramidal. Es una consecuencia, es el positivo del patio, no hay ninguna referencia de tipo prehispánico, más bien es una consecuencia de un análisis geométrico.”

–Cinematográficamente, ¿qué ofrece este museo?

–Para hacer un museo lo importante es que quienes sean los curadores tengan diferentes líneas de investigación para organizar en las salas exhibiciones. Obviamente se discutió y se reflexionó sobre si sería un museo de sitio, con cosas fijas, o un museo móvil, y se optó por lo segundo. Lo importante es que tenga dinámica; pero más allá de cómo exponer el cine, es la oportunidad de dar espacio a otras manifestaciones de la imagen en movimiento.

“Entonces el museo debe permitir que todas esas expresiones puedan suceder, de tal suerte que cuando se acuda a la Cineteca Nacional, además de ver las películas en las salas, puedan apreciarse otras manifestaciones que permita un espacio museográfico, por esa misma razón se pueden manipular las salas en todos los puntos. La de abajo es mucho más abierta, con luz indirecta, y el resto se puede cerrar al ciento por ciento para quedar oscuras. El Cerebro Digital conecta con la videoteca y el museo.”

–¿En qué consiste el Cerebro Digital?

–Ahí están los aparatos que controlan toda la información y que alimentan tanto al museo como a la zona de la videoteca, y se ha planeado para que incluso la gente lo visite. En esta experiencia vertical del edifico, la planta baja se convierte en horizontal, aprovechando lo que en su momento eran los locales, las librerías, la cafetería, y ahora esos espacios están abiertos al patio para una sala de lectura, una ludoteca, la recepción y un área para alimentos, que permitan no sólo ir a las salas sino también poder permanecer en diferentes lugares. Recorriendo todos esos elementos, se conecta uno con la videoteca.

–Entonces, ¿el museo no va a alojar objetos permanentes?

–El lugar está preparado para que así sea, pero hoy día la política es que sea móvil, a decisión curatorial. Si nos hubieran pedido de origen un museo de sitio, una colección específica, quizá hubiéramos trabajado muy particular hacia eso, pero no es el caso.

A finales de 2001 tuvo la oferta para elaborar el museo:

“Por supuesto, hemos tenido que trabajar a marchas forzadas, pero también son oportunidades que hay que aprovechar y tratar de trabajar con responsabilidad.”

–¿Sí se termina todo para el 30 de noviembre?

–Mira, ni lo administro ni lo construyo. Esa pregunta no la puedo contestar tan fácilmente, pero como parte del grupo estamos ayudando a brindar toda la información y tener todo en conjunto para que la agenda política funcione siempre con la responsabilidad de que quede en las mejores circunstancias. Son obras con tiempos agotados, lo único que pedimos es que no se pierda la idea original de las obras, porque a final de cuentas eso es lo que queda y lo que le dará continuidad a lo largo del tiempo.

 

La videoteca

 

–¿Qué parámetros tomó en cuenta para construir la videoteca cuando se le da una forma vertical al museo?

–La videoteca comprende otra escala, es mucho más baja a la altura de las salas de mi padre. Se parece en muchos sentidos a una biblioteca. De aquí hay una conexión a todas partes, como un todo. En el primer nivel hicimos una conexión desde la terraza y ahora tenemos un corredor que pasa de la videoteca hasta el museo y la terraza del museo.

“Estamos convencidos, Michel y yo, de que para crear un espacio cultural, el espacio público es fundamental. Más allá de entrar a las salas a ver los filmes, se mete uno al museo y desde allí existe una interconexión de los recorridos para pasar toda la tarde o todo un día en este lugar.”

–¿Le gustó cómo se concibió el estacionamiento?

–Lo ideal hubiera sido que fuera subterráneo, pero no daba el presupuesto; entonces se hace un edificio de estacionamiento que está al servicio del público y a todo el espacio en conjunto.

–¿Qué opina de que la Cineteca Nacional se inaugure por partes?

–Esas son decisiones ajenas a nosotros.

Expresa que Ortiz Monasterio es un gran amigo suyo y le diseñó su casa:

“Cuando trabajaba su proyecto del museo del cine me invitó y no funcionó por cosas ajenas a él y a mí. Y, paradójicamente, me invitan a este otro proyecto. Sin duda alguna que he platicado con Pablo y eso me ha aportado mucho.”

La propuesta de Ortiz Monasterio, quien dirigió los proyectos editoriales México indígena y Luna Córnea, no era un edificio en el Distrito Federal. Consistía en sedes pequeñas, primero en 10 ciudades, resultado de un seminario de casi un año “con un grupo de expertos”.

Cada metrópoli iba a alojar una célula del museo e iban a estar vinculadas con nuevas tecnologías y medios digitales, de manera que la colección que cada una de ellas formaría pudiera consultarse por todas las sedes.

Los objetivos principales eran salvaguardar el patrimonio cinematográfico y la difusión del cine nacional.

Recuerda que quería generar al cine como un fenómeno cultural:

“Eran 10 ciudades en donde había un pequeño centro del tamaño que la ciudad misma pudiera mantenerlo, no volver a crear una burocracia. Esos centros iban a ser de ellos y el gobierno federal los apoyaría para iniciarlos y luego hacerlos del tamaño que creyeran, y crear una colección para quizá dentro de 30 años se edificara un museo físico, que se guardara todo, cintas viejas, en fin.”

Cree que los Estudio Churubusco no van a estar terminados, “ni la Biblioteca de México ni el Centro de la Imagen”. Enseguida cuestiona por qué todo se está concentrando en la Ciudad de México.

“Todo esto debe ser para nosotros una experiencia, y debemos encontrar mecánicas para decir: espera, tú podrás todo, pero debe haber alguien que te apruebe y te discuta.”