CHERÁN, Mich.- Lo primero que vieron la madrugada del lunes 15 los estudiantes de la normal indígena de este municipio fueron dos luces de bengala iluminando el plantel y el bosque de pinos que lo rodea. Con la luz se percataron de cómo entraban violentamente los policías federales y estatales tirando las rejas y la puerta principal, mientras en el cielo se escuchaba el estruendo de los helicópteros que desde la oscuridad vigilaban el operativo de desalojo.
En la cabecera municipal de Cherán no se sabía lo que estaba pasando en la escuela normal, ubicada a unos tres kilómetros rumbo a Paracho, aunque el sacerdote de la iglesia, Sergio Esquivel Rodríguez, se había negado a acceder al pedido de un par de estudiantes que se escaparon del operativo: tocar las campanas. “¡No van a hacer eso, váyanse!”, les gritó alejándolos del campanario. Días antes, desde el púlpito, el padre había acusado a los estudiantes de la crisis en Michoacán y de dar una mala imagen de Cherán.
Sólo cuando los estudiantes lanzaron desde la escuela cohetones en señal de necesidad de auxilio, los habitantes de Cherán y de otras comunidades aledañas se lanzaron a ver lo que ocurría. Para entonces los alumnos ya estaban siendo rodeados por policías estatales y federales que los empezaron a golpear espetándoles: “¡Para que aprendan, eso les pasa por no aceptar inglés!”.
El operativo había sido planeado para desalojar a los estudiantes que desde hacía unas semanas tenían retenidos numerosos camiones de carga, como muestra de su rechazo a la reforma curricular impuesta por decreto presidencial desde el pasado mes de agosto a todas las normales rurales e indígenas del país.
También durante semanas una comisión de estudiantes normalistas trató de negociar con el gobierno del estado una prórroga para analizar la aplicación de las reformas educativas. No rechazaban la introducción del inglés y la computación; pedían tomar en cuenta las costumbres, tradiciones y lenguas indígenas de las comunidades a las que van a dar clases.
A diferencia de los operativos realizados en Arteaga y Tiripetío, en el de Cherán participaron también militares que, según los estudiantes, custodiaron a los cientos de policías estatales y federales que irrumpieron en el plantel en una acción de contrainsurgencia.
De acuerdo con testimonios de los estudiantes, los policías que entraron por detrás de la escuela portaban visores nocturnos y cuerdas para cruzar una barranca y llegar a la otra orilla. Otros, que arribaron por una cancha de futbol, estaban armados. Pero el contingente mayor ingresó por el frente, apoyado por dos vehículos que lanzaban gases con mangueras y por los famosos camiones blindados conocidos como “Rinocerontes”, usados por la Policía Federal Preventiva en actos antimotines.
Uno de los estudiantes detenidos y liberado dos días después recuerda que el operativo de Cherán fue a la misma hora que los realizados en las normales de Artega y Tiripetío, donde se dio también una brutal de represión, pero sin militares vigilando los alrededores.
“Nosotros estábamos en el pasillo –refiere un estudiante– cuando llegó un helicóptero. Tenía las luces apagadas y no podíamos ver por dónde iba. Sólo escuchábamos el ruido en el cielo. Empezamos a aventar cuetes para avisar a la comunidad y a los otros compañeros (…) luego se escucharon otros; calculamos que eran tres porque después prendieron las luces blancas y rojas.”
Señala que, al mismo tiempo, por la carretera se acercaron unas camionetas blancas que, durante unos 20 minutos, estuvieron dando vueltas frente al plantel. Luego se sumaron otras camionetas de los Grupos Operativos Especiales de Seguridad (GOES) y de la Policía Federal.
“También venían en autobuses los policías, escoltados por militares. Fue la única normal en la que vino el Ejército”, señala el joven estudiante de origen purépecha.
Eran aproximadamente las dos y media de la madrugada cuando la Escuela Normal Indígena de Cherán fue violentada y empezaron los enfrentamientos con algunos padres de familia que llegaron a defenderla.
La visita de Calderón
Días antes del operativo llegaron a la cabecera municipal de Cherán como 17 hombres del gobierno federal que dijeron prepararían la primera visita de Felipe Calderón al municipio autónomo, prevista para el martes 16.
Anduvieron como cuatro días revisando el pueblo y sus alrededores. Una habitante del municipio que vio a los enviados de la Presidencia de la República vestidos de paisanos comenta: “Para mí que llegaron a revisar el terreno para la entrada de la policía y el Ejército a la normal indígena”.
El profesor Trinidad Ninís Pahuamba, miembro del Concejo Mayor de Cherán, no descarta esa posibilidad, pero comenta: “Nosotros tenemos una parte del Ejército instalado en nuestra comunidad. Es el que ha hecho los operativos en el bosque. Entonces ellos tienen el conocimiento de cómo está toda el área de nuestra población”.
Asevera que el operativo policiaco fue un exceso de violencia porque incluso se usaron aeronaves especiales. “No eran helicópteros cualesquiera, sino especiales, porque volaban sin tener las luces prendidas. Creemos que los policías federales también estaban provistos de lentes infrarrojos porque pudieron entrar en la oscuridad por la parte del bosque que está atrás de la escuela y sorprender a los alumnos”, precisa el profesor normalista.
Integrante del Concejo Mayor de Gobierno Comunal, menciona un comunicado del gobierno comunal en el que se advierte que con la irrupción de 50 unidades de policías estatales y federales se violaron los acuerdos de respeto al territorio autónomo de Cherán.
El gobierno autónomo del pueblo purépecha denuncia que a base de golpes, disparos y petardos lanzados por las fuerzas policiacas se sometió a los estudiantes y padres de familias que defendían el plantel, y aclara que las fuerzas de seguridad comunal no tuvieron ninguna responsabilidad en los ataques de las policías.
“Para que aprendan”
El miércoles 24 salieron del Centro de Readaptación Social (Cereso) de Morelia los últimos ocho estudiantes de 176 que fueron detenidos en las tres escuelas normales de Michoacán.
Horas después de la liberación, el gobernador Fausto Vallejo mostró su enojo. Dijo que interpondría un recurso de inconformidad contra el Poder Judicial michoacano y aseguró que detrás de los estudiantes normalistas estaban “grupos radicales”.
Pero los estudiantes de Cherán y Tiripetío entrevistados sostienen que no tienen ninguna vinculación con grupos radicales y que lo único que plantearon al gobierno de Vallejo fue una prórroga para discutir la reforma curricular.
“Como organización sólo pedíamos una prórroga para analizar en detalle la reforma. Ya habíamos tenido audiencias con la secretaria de Educación y con el secretario de Gobierno, Jesús Reyna, pero nunca nos dieron una respuesta, eran muy prepotentes. Les presentamos muchos argumentos. Les dijimos que atropellaban el artículo 2 constitucional de los derechos de los pueblos indígenas, que no preservaban nuestra cultura, y nos dijeron que ya no se podía hacer nada porque era un decreto”, sostiene un estudiante indígena de Cherán.
El lunes 15, una vez roto el diálogo con los estudiantes, se echó a andar el operativo de desalojo de las normales de Cherán, Tiripetío y Arteaga, agarrando por sorpresa a los jóvenes que estudian para ser maestros en las escuelas rurales e indígenas de todo el país.
Uno de los alumnos de Tiripetío, aún con golpes en la cara y la ceja abierta por macanazos de policías federales, dice que los sacaron a todos a patadas, puñetazos, toletazos y con gases paralizantes.
En Cherán, donde estudian 400 jóvenes de las etnias purépecha, nahua, otomí y mazahua, el operativo fue quirúrgico, con el apoyo de los militares.
“Éramos 46 hombres y 39 mujeres los que estábamos en la escuela. Éramos muy pocos para unos mil 500 elementos que entraron a desalojarnos. (…) Vimos en la oscuridad a muchos policías que habían aventado la cerca con mucha facilidad. Nos rodearon. Hicimos un bloqueo para cubrir a las mujeres. Ahí nos empezaron a aventar balas de goma, a tirarnos gas y a golpearnos. Nos pusieron bocabajo por un rato y luego nos empezaron a subir a un autobús separando hombres y mujeres.”
El indígena de 20 años recuerda que fue tan rápida la acción que no pudieron defenderse ni tuvieron tiempo para quemar los vehículos que tenían retenidos dentro del plantel.
“Nosotros dejamos la escuela con todas las unidades. Después nos contaron los padres de familia que cuando éramos trasladados hubo enfrentamientos con ellos y los policías quemaron cuatro carros particulares. Muchos fueron golpeados. Una señora tiene problemas en la columna, y está grave.
“Ya en Morelia nos llevaron primero a la procuraduría, nos tuvieron un buen rato dentro de las instalaciones y luego nos subieron a un camión que nos llevó a la Academia de Policía. Ahí nos bajaron en un auditorio que tenía sangre derramada en el piso; vimos a estudiantes desnudos, en el suelo, algunos muy graves.
“Nos gritaron: ‘¡Acomódense!’, y empezaron a golpearnos, a quitarnos nuestras pertenencias, relojes, celulares, chamarras, cinturones y agujetas. Nos quedamos en playera. Nos torturaban psicológicamente. Si volteábamos nos golpeaban. Vimos cómo a los chavos de Tiripetío los metían a una regadera y escuchábamos que los golpeaban. A todos nos tenían agachados, pero nos dábamos cuenta de lo que estaba pasando.”
En el recuento de lo que ocurrió en el operativo del día 15 y las jornadas subsecuentes, los estudiantes entrevistados hablan de tortura física y psicológica, de baños con agua fría y golpes si se movían de posiciones incómodas.
Sobre todo recuerdan lo que les gritaban: “¡Eso les pasa por no aceptar inglés!”, “¡Se los va a cargar la chingada si se mueven!”, “¡Los vamos a hacer pedacitos para que entiendan, para que sean un ejemplo para los demás, para que dejen de hacer sus porquerías!”.
Ahora, al quedar libres, se les pregunta qué planes tienen. “Vamos a ir a todas las comunidades para organizarnos porque este ya no es un movimiento estudiantil, sino un movimiento popular”, asegura uno de los estudiantes indígenas de apenas 18 años.








