Los chascos, ligerezas, errores y torpezas de la Feria Internacional del Libro y del Premio Juan Rulfo, ahora llamado Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, y de sus organizadores. Uno: cuando el 23 de noviembre de 1991 el poeta chileno Nicanor Parra recibió el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, el primero que se entregaba y cuyo monto económico nominal era de 100 mil dólares (y digo nominal porque en realidad fueron únicamente 85 mil dólares), el gran sorprendido fue el propio antipoeta. Lo que sucedió, y no se informó en su momento sino hasta que en marzo de 1993 tuvimos las copias de los documentos en la mano (Proceso 856), fue que le descontaron 15 mil dólares dizque por concepto de impuestos. Esto a pesar de que Raúl Padilla López, entonces rector de la Universidad de Guadalajara, presidente de la FIL y secretario técnico del premio, afirmaba que los galardonados recibían íntegros los 100 mil dólares. A toro pasado, el presidente inamovible de la FIL aclaró que se les descontaba el 15% de impuestos. El recibo que había firmado Nicanor Parra decía a la letra: “Recibí de la Asociación Civil Premio Latinoamericano y del Caribe Juan Rulfo, la cantidad de $100,000.00 (cien mil dólares USCY) como premio otorgado a mi favor de acuerdo con el objetivo social de dicha asociación civil. Liquidación: 100,000.00 Dls. USCY. Menos: Impuesto Sobre la Renta (artículos 129 y 130 de la Ley vigente del Impuesto Sobre la Renta) 15%, 15,000.00 Dls. USCY neto a mi favor que se me entrega mediante giro en dólares 85,000.00 Dls. USCY”. Fue la primera pifia.
***
Luego vendría la segunda: en la antevíspera de la segunda entrega del mismo Premio Juan Rulfo, en agosto de 1992, se supo que no había dinero para pagárselo al elegido, Juan José Arreola. Para esas fechas había en caja algo más de 4 mil 500 dólares. El problema consistió, según se desprende del estado de pérdidas y ganancias de esa fecha y a cuya copia tuvo acceso este semanario (Proceso 823), en que en el primer evento de premiación, el de 1991, el gasto de organización y entrega se disparó a 224 mil dólares (casi 700 millones de pesos de entonces, a razón de 3 mil 100 por dólar). Por eso algunos patrocinadores retrasaron la entrega porque no se les informaba por escrito y de manera creíble en qué y por qué se había pagado tanto, ya que la burocracia organizativa del galardón costó 124% más que el premio en sí, y eso que el descuento de impuestos se lo cargaron a Nicanor Parra. Finalmente, Arreola recibiría su reconocimiento tal cual. Padilla López se había comprometido a ello en agosto de 1992. En esa fecha y en contraposición a lo que se le hizo a Parra, dijo: “… porque son 180 mil dólares los que anualmente se ingresan, de los cuales tan sólo en el premio y los impuestos correspondientes son 120 mil (dólares), es decir, se entregan 100 mil al ganador (…) y son aproximadamente 20 mil de impuestos”. Entonces qué: ¿se descuenta o no a los premiados los impuestos? ¿O lo hicieron sólo la primera vez para cubrir un faltante?
***
Tercera. El otorgamiento del Premio Rulfo a Tomás Segovia en 2005 fue una bofetada a los herederos del jalisciense: el escritor español nacionalizado mexicano nunca en la vida del autor de Pedro Páramo y El Llano en llamas se había expresado bien de Rulfo; lo juzgaba de talento inferior y poco ilustrado, sin títulos universitarios. No obstante, Segovia aceptaría muchos años después el reconocimiento que llevaba aquel nombre… y la plata también. Fue la coyuntura para que los Rulfo rompieran definitivamente con Padilla López. Lo menos que dijeron del amo y señor de la UdeG fue que siempre los ninguneó. Al año siguiente se entregó por primera vez ese galardón con el nombre de FIL a Carlos Monsiváis. El licenciado, como llaman a Padilla con sumo respeto sus allegados, se había visto obligado a cambiarle el nombre al premio que tuvo su origen en Sayula en 1985. Nació como Premio Juan Rulfo de Cuento a iniciativa del historiador y amigo de la familia Federico Munguía Cárdenas y del especialista rulfiano Germán Pintor. Después, la FIL se apropiaría de la idea.
***
Craso cuarto error. Entregarle, y en su casa, el Premio FIL a Alfredo Bryce, quien ha sido condenado en Perú a pagar 177 mil soles por plagios documentados por la académica chilena Soledad de la Cerda (Proceso Jalisco 415).
***
Antes de la muerte de ideólogos, hombres de convicciones y actitudes firmes y coherentes como don Efraín González Morfín (5 de junio de 1929-21 de octubre de 2012), que en paz descanse, el PAN ya había muerto, pero no descansará en paz. l
fcobian@proceso.com.mx








