“Glory”, la danza suiza inspirada en la música de Händel en el FIC

GUANAJUATO, Gto. (proceso.com.mx).- Philippe Cohen y el Ballet du Grand Théathre de Genéve llevaron a los escenarios guanajuatenses la premier internacional de la coreografía Glory, de Adonis Foniadakis, en una incesante sucesión de movimientos de esencia clásica cuyo eje central es la música de Händel, que envuelve la destreza y belleza del cuerpo humano.

En el auditorio del estado, el portentoso coro de “El Mesías” anunció apenas el inminente final de una serie de 23 apariciones, momentos o piezas de esta elaborada coreografía de poco más de una hora de duración en la que tampoco hay reposo para el público, ante la velocidad con que se deslizaron los bailarines en cada cuadro, un verdadero desafío como lo reconoció el director.

Un desafío que, no obstante, se quedó en un plano preciosista. El virtuosismo de los bailarines habló de un profesionalismo sobre el escenario del que no dejaron lugar a dudas, pero que tampoco alcanzó a comunicar emociones, pasiones, la fogosidad o hasta la polémica que la danza contemporánea con las temáticas del mundo actual nos ha dejado en estos mismos escenarios cervantinos.

De origen marroquí, Philippe Cohen asumió la dirección de esta compañía en el año 2003, detrás del definitivo paso del coreógrafo argentino Oscar Araiz, quien transmutó y dio un giro de 180 grados al perfil tradicional de la danza clásica para incursionar en la contemporánea y consolidarla en los escenarios internacionales.

Hasta antes de eso –la década de los 80– grandes directores de formación clásica y académica encabezaron el ballet, por lo que el paso de Araiz fue considerado muy audaz al abandonar la tradición por los nuevos derroteros de la danza y otras energías, como explicó Philippe Cohen en la conferencia de prensa previa a las funciones del Cervantino.

Para Cohen, tras esta nueva vertiente dancística el reto era consolidar la personalidad del ballet y tomar en sus manos las creaciones de los nuevos coreógrafos para trabajar con ellos, como lo ha hecho con el griego Foniadakis y esta pieza que fue montada apenas en febrero de este año.

Cohen describió al coreógrafo como uno de los más creativos en el ámbito de la danza actualmente “y alguien que viene con mucha fuerza”, que tiene una concepción muy compleja sobre la danza y desestructura cada parte del cuerpo humano, lo desarticula para concebir los momentos de cada pieza.

Pequeñas historias, dice el director, un virtuosismo “orgánico pero a la vez muy técnico que se vuelve más ligero de apreciar –no para los bailarines pero sí para el público–, con la música de Händel como una página en blanco” sobre la cual escribir esta sucesión de cuadros, el cuerpo humano en movimiento inspirado, siempre hasta el límite, por la música.

En este trabajo conjunto, director y coreógrafo llamaron a un tercero, un joven compositor de nombre Julien Tarride, quien a su vez creó las transiciones entre cada pieza de Händel y la música contemporánea en el escenario.

Fueron estas las últimas presentaciones de danza del programa, en la feliz coincidencia de los 50 años del Ballet du Grand Théathre de Genéve y los 40 del Festival Internacional Cervantino.