Luces y sombras en un sexenio de cine. A Javier Corral, por su valentía en la democratización de los medios

En los promocionales del Conaculta y en su ultimo informe, Consuelo Sáizar afirmó que este fue el sexenio del cine y que como nunca antes se le ha apoyado para obtener los éxitos de todos conocidos.

El presidente Felipe Calderón sólo dedicó ocho renglones a la cultura en su sexto informe de gobierno, destacando, como en todo su texto, “los grandes avances del sexenio”. Días después, la presidenta del Conaculta, copiando el estilo triunfalista de su jefe, presentó su informe destacando como propios resultados que no le pertenecen y que no son del tamaño propalado, si se analizan las cifras que presentó con el debido detenimiento.

A su decir, en el sexenio 2006-2012 se ejerció uno de los presupuestos más altos en el sector cultural en nuestra historia, ya que se pasó de 7 mil 434.6 millones de pesos (mdp) en el 2007 a 15 mil 662.9 en 2012, 110% de incremento en seis años. Efectivamente, la cultura nacional se vio beneficiada con incrementos sustanciales que nos hicieron olvidar los desastrosos y alarmantes recortes que vivimos en este sector los últimos 12 años del neoliberalismo priista (Salinas, Zedillo), que ahora se apresta a regresar con los mismos cuadros que provocaron el desastre del fin del siglo XX.

Este logro que incentivó económicamente a la actividad cultural mexicana se tiene que agradecer más al poder legislativo (Corral, Rojo, Madero, Arroyo, Beltrones, Acosta, García Cervantes, Gómez, Núñez, Inti Muñoz, Kenia, Báez, etcétera) que a la voluntad expresa del ejecutivo panista. En el sexenio que termina la Secretaría de Hacienda (Carstens, Cordero, Meade) siempre envió un presupuesto reduccionista en materia de arte y cultura, ya que siempre lo pensaron como un gasto a fondo perdido y no como una inversión detonante de múltiples beneficios (empleo, inversión de alto impacto, generador de servicios asociados, incremento en la captación tributaria, turismo, regenerador de tejido social, exportación del imaginario, etcétera).

Anteproyecto de presupuesto que afortunadamente siempre fue corregido y aumentado, gracias al equilibrio de poderes que permitió a los diputados y senadores de las legislaturas LX y LXI trabajar una y otra vez a favor de nuestro arte y cultura a petición y exigencia de la comunidad artística. Por esto, el presupuesto cultural aprobado pasó de 8 mil 136 millones de pesos en  2007 a 16 mil 285 en el 2012, es decir 100% más en el periodo referido. (En el 2007 se incremento en 4%; en 2008, 16%; en 2009, 28%; en 2010, 46%; en 2011, 12%, y en 2012, 28.89%.)

Si los números no le cuadran a nuestros lectores, esto se debe a que en los pasados seis años el presupuesto aprobado por el Poder Legislativo fue de 69 mil 784 mdp, pero el realmente ejercido por los titulares del Conaculta (Vela, Sáizar) fue sólo de 67 mil 243; es decir, 2 mil 541 mdp no se ejercieron en su oportunidad y tuvieron que ser devueltos a las arcas de la nación. Tanto Vela como Sáizar subejercieron todos los años los montos aprobados por el legislativo, lo que representó 3.77% menos de recursos para el arte, pero existieron años en que el subejercicio fue mayor de 10% y sólo se compensó con el escandaloso gasto extraordinario de las Fiestas del Bi/Centenario, cuya Estela de luz y corrupción brilla todas las noches tan campante. Sáizar nunca ejerció el total de sus presupuestos autorizados en contra de las necesidades de los artistas mexicanos y de la voluntad de apoyo que tenían todos los partidos del Poder Legislativo.

En materia de cine, la señora Sáizar informó que se pasó de 100 cintas mexicanas de 1995 a 2000, a 217 de 2001 a 2006, y en el presente sexenio a 418 filmes nacionales. Todo esto es cierto pero se logró gracias al apoyo de senadores y diputados de las legislaturas mencionadas (LXVIII a la LXI) y a las convocatorias democráticas e incluyentes del Instituto Mexicano del Cine (Imcine), que dejó atrás las asignaciones voluntaristas y las oscuras recomendaciones a los amigos de los políticos en turno o los intereses particulares de la burocracia en turno. Esto último lo pretendió rehacer la presidenta del Conaculta en su último año de gobierno, al tratar de usar más presupuesto federal en apoyo directo a ciertos filmes que lo otorgado a los dos fideicomisos federales donde compiten todos los cineastas del país.

Se informó que el presupuesto fílmico fue del orden de los 6,198.9 mdp en los seis años que terminan, cifra muy superior a los 1,772.3 mdp del inicio de la recuperación en el sexenio de Fox. Todo, producto del apoyo legislativo. Muy lejos quedaron los 697 mdp del último sexenio priista (95/2000) que entregó nuestro cine a través de los recortes presupuestales constantes y los ordenamientos jurídicos como la Ley de cine del 92, el TLCAN y la OMC que dejó a nuestro cine a las fuerzas del mercado, renunciando a la obligación de garantizar el acceso a la expresión y circulación de esta manifestación artística tan importante para nuestro imaginario.

El impulso económico de los últimos 12 años permitió la reactivación de la producción, pero desgraciadamente por prácticas contrarias al libre comercio se ha reducido la comunicación de nuestros artistas con nuestro público, y tal parece que esta gravísima situación se la quiso ocultar, ya que el Conaculta presentó un cuadro que no corresponde a la realidad sobre los asistentes a las películas mexicanas.

Sáizar afirmó que se pasó de 38 millones de espectadores de 2001 a 2006 a 57 millones de 2007 a 2012, es decir un incremento de 50% respecto del sexenio anterior. Estos datos no son ciertos, y sumando lo que el Imcine ha venido publicando año con año en sus informes, anuarios y el libro Miradas múltiples, así como el informe de Nielsen. De 2001 a 2006 fueron 62 millones de mexicanos  los  que  vieron  las  137 películas que se estrenaron, cifra que en el sexenio que termina ascendió a sólo 71 millones con sus 324 estrenos. Es decir que el incremento fue sólo de 14.15% y no de 50% cacareado. El número de espectadores promedio por título fue de 452,554 en el sexenio 2001/2006 por 219,135 en el que termina, lo que representó una caída de 51.48% por título mexicano. En parte esto se debió a las prácticas contrarias al libre comercio, y en parte a que no se logró hacer un cine atractivo, pero sobre todo a que no se tomaron las medidas legislativas que consolidaran la recuperación y comunicación de nuestro cine con nuestros habitantes.

Existen más inexactitudes en el área de cine pero ya corresponderá su análisis a los miembros de la comunidad artística decirnos si se ajustan a la realidad o no.

Mientras tanto, esperemos que las autoridades entrantes reflexionen seriamente sobre el estado que guarda el cine y sus necesidades para un crecimiento y consolidación democrática, incluyente y transparente; además esperemos que hayan aprendido de sus errores y no vengan a terminar de destruir lo que intentaron aniquilar a finales del siglo pasado.

 

*Presidente de la Sociedad Mexicana de Directores-Realizadores de Obras Audiovisuales.