Misión en La Habana

Fidel estaba furioso. Washington y Moscú habían resuelto la Crisis de los Misiles sin tomarlo en cuenta. Entonces el Kremlin envió al viceministro Anastas Mikoyan a La Habana con la misión de calmar a Castro y, lo más importante, acordar el retiro de los misiles nucleares instalados en Cuba. Un memorándum sobre la reunión sostenida el 22 de noviembre de 1962 entre ambos personajes revela los detalles de las tensas negociaciones que pusieron a prueba la alianza entre la Unión Soviética y la Revolución Cubana.

–¿Quiere saber mi opinión sincera? –espetó el presidente cubano Fidel Castro.

–Por supuesto. Como siempre hemos hablado el uno con el otro –respondió Anastas Mikoyan, viceprimer ministro de la Unión Soviética.

–Muy mala –afirmó Castro.

–¿En qué sentido? –preguntó Mikoyan.

–En todos –reafirmó el cubano.

–¿Le parece mal que se haya levantado el bloqueo (naval)? –inquirió el soviético.

–No. Que se haya levantado el bloqueo no. Lo que me parece mal es que hayamos perdido los aviones Il-28. Precisamente ahora estamos preparando una respuesta a las declaraciones de Kennedy en la conferencia de prensa. No nos gusta nada su anuncio de que van a continuar con los reconocimientos aéreos.

Era el 22 de noviembre de 1962 y Castro se refería a la conferencia que había dado unos días antes el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, anunciando el fin del bloqueo naval sobre Cuba luego de que el líder soviético, Nikita Kruschev, aceptara el 28 de octubre el retiro de sus misiles nucleares de alcance medio estacionados en la isla.

Fidel estaba furioso porque Kruschev lo excluyó de las negociaciones y ni siquiera le informó de ellas. De hecho se enteró de la retirada de los misiles soviéticos de Cuba por la radio.

Para deshacer ese entuerto, una vez que Washington y Moscú superaron la crisis, Kruschev envió a La Habana a Anastas Mikoyan, un político prudente que gozaba de la confianza de la cúpula revolucionaria cubana. Pero las conversaciones estuvieron lejos de ser tersas, según adelantó en 2006 a la corresponsal de Proceso Anne Marie Mergier, Sergo Mikoyan, hijo y secretario particular de Anastas, quien acompañó a su padre en esa ocasión a Cuba (Proceso, Edición Especial 20).

Sergo, destacado investigador de la Academia de Ciencias de Rusia, supervisó la edición de las Memorias de su padre en los ochenta y publicó él mismo una monumental Anatomía de la crisis del Caribe en la que incluyó un sinfín de testimonios, documentos, fichas y memorandos oficiales desclasificados de la URSS y de Estados Unidos, además de registros propios y de su padre que reunió en un enorme archivo.

Sergo Mikoyan murió en 2010. Su archivo fue donado al National Security Archive de Estados Unidos. Parte de los documentos inéditos apareció por primera vez en inglés este mes en el libro The Soviet Cuban Missile Crisis. Uno de ellos es el memorándum de las conversaciones sostenidas ese 22 de noviembre por Anastas Mikoyan “con los camaradas” que encabezaban el gobierno cubano: Fidel Castro, Osvaldo Dorticós, Ernesto Guevara, Emilio Aragonés y Carlos Rafael Rodríguez.

La traductora de los documentos, ­Svetlana Savranskaya, publicó ese memorándum de las conversaciones en la revista Foreign Policy el pasado miércoles 10.

En la nota introductoria “Cuba casi se convirtió en un poder nuclear en 1962”, Savranskaya da cuenta de que si bien Kruschev y Kennedy acordaron el retiro de los misiles nucleares de alcance medio, todavía quedaban en la isla armas atómicas de las cuales los estadunidenses ni siquiera tenían conocimiento.

Savranskaya dice que la Unión Soviética había trasladado a Cuba unas 100 armas tácticas. “Ochenta misiles nucleares de crucero (FKR), 12 ojivas nucleares de uso dual para cohetes Luna de corto alcance y seis bombas nucleares para bombarderos Il-28”. Y la documentación revela que si bien se retirarían las armas estratégicas, las tácticas permanecerían y los soviéticos tenían la intención de entrenar a los cubanos para usarlas.

Pero después de llegar a Cuba el 2 de noviembre de ese año crítico y a lo largo de 20 días de pláticas frecuentemente agrias con el liderzgo cubano, Mikoyan empezó a percatarse del peligro que significaba dejar esas armas en la isla y, especialmente, en manos de los cubanos. Informó de ello al Soviet Supremo y se vio ante el desafío de informar a sus anfitriones el retiro de todo el armamento nuclear, sin que por ello dejaran de ser sus aliados.

 

“Camarada Fidel”

 

A continuación se presentan los momentos más tensos de la reunión del 22 de noviembre, recogidos por un trascriptor soviético. Además de la cúpula cubana y Mikoyan estuvieron presentes el embajador de la URSS en Cuba, Alexander Alexeiev, y un intérprete ruso.

“Castro: Sigo de mal humor porque hay puntos que todavía no me quedan claros. Lo que más me preocupa es la afirmación de Kennedy de que todas las armas nucleares serán retiradas de Cuba. ¿Prometió eso la Unión Soviética? ¿Es verdad que todas las armas nucleares tácticas ya fueron retiradas?

“Mikoyan: El gobierno soviético no hizo ninguna promesa en cuanto al retiro de las armas tácticas. Los estadunidenses ni siquiera tienen información de que están en Cuba.

“Castro: ¿Entonces las armas nucleares tácticas siguen aquí? ¿Y no se dieron garantías sobre su retiro?

“Mikoyan: No sobre las armas tácticas (…) y sí, siguen aquí, en manos del camarada Pavlov. Estas armas no son ofensivas. Se pueden usar en lugar de los cañones nucleares.

“Castro: Si no me equivoco se refiere a las que llamamos Colina.

“Mikoyan: Sí y pueden ser usadas tanto con ojivas convencionales como nucleares (…)

“Castro: Hay otra cosa que me preocupa. Partiendo de la afirmación de Kennedy pareciera que el gobierno soviético aseguró al de Estados Unidos que todas las tropas soviéticas se retirarían de Cuba. ¿Es así?

“Mikoyan: Los estadunidenses conocen las zonas donde los misiles estaban estacionados y por lo tanto también donde estaban desplegadas las tropas de apoyo.

“Castro: ¿Y cuál es el número de esas tropas?

“Mikoyan: Actualmente tenemos en Cuba cuatro regimientos de apoyo de 2 mil hombres cada uno, es decir 8 mil en total. Todo su armamento y equipo de combate, incluyendo tanques y vehículos blindados, serán transferidos a los cubanos. Habrá que pensar en un plan para la retirada del personal soviético (…) de tal manera que pueda transmitir a los cubanos sus conocimientos para operar ese material.”

Fidel insiste en el tema y dice que los cubanos pensaban que las tropas soviéticas estaban ahí para ayudarlos en caso de una invasión estadunidense.

“Castro: ¿Significa eso entonces que todas las tropas soviéticas son sólo fuerzas de apoyo?

“Mikoyan: No. Las fuerzas de apoyo son sólo los cuatro regimientos que apoyan un batallón de misiles. En total hay 34 mil efectivos militares soviéticos en Cuba (…) Empezaremos la retirada del personal de apoyo de acuerdo con un calendario coordinado con ustedes.

“Castro: Sería mejor no apresurarse con la retirada de las tropas soviéticas. Aunque me temo que los estadunidenses se los recordarán pronto.”

Mikoyan hace a continuación un alegato de que los estadunidenses saben con quién se están metiendo (los soviéticos), que no quieren una confrontación y que son más las declaraciones que las acciones.

“Castro: Las garantías estadunidenses no tienen gran significado para nosotros. No había garantías antes del 22 de octubre (…) y el bloqueo era más o menos el mismo. Pero teníamos los bombarderos Il-28. Ahora nuestra situación está peor. Aceptamos su retirada sólo para ayudar a la Unión Soviética.

“Mikoyan: No, camarada Fidel (…) Si comparamos la situación cubana de junio pasado con la actual de noviembre, veremos que ha mejorado tanto en el aspecto militar como en el político y diplomático. Recordemos que los estadunidenses estaban preparando una operación bajo el nombre codificado de Ortsac, es decir Castro al revés. ¡Planeaban el desembarco de 20 mil marines!

“Castro: Bueno, ¡la invasión sólo era hipotética! (…) Vimos la posibilidad de una invasión inclusive en octubre, pero sólo era una probabilidad.

“Mikoyan: Fue usted, camarada Fidel, quien nos informó que era posible un ataque de Estados Unidos contra Cuba en las siguientes 24 horas. El primer objetivo sería destruir los misiles y el segundo la invasión.

“Castro: Creo que lo principal era atacar las bases de misiles y la invasión era mucho menos probable. Y tampoco creo que una invasión hubiera causado una guerra mundial. Ese peligro estuvo presente en el momento en que los misiles soviéticos fueron descubiertos. Obviamente los especialistas militares soviéticos no tomaron todas las medidas necesarias para camuflarlos. Deberían haber usado los cohetes aintiaéreos contra los U-2 para que no los descubrieran.

“Mikoyan: Ya le dije, camarada Fidel, que cuando recibí su telegrama sobre una invasión inminente, de inmediato se le dio la orden al camarada Pavlov de poner a las fuerzas soviéticas en Cuba en alerta máxima (…) para repeler junto con ustedes la agresión. Si la invasión por parte de los estadunidenses hubiera empezado, eso hubiera conducido a una confrontación global.

“Castro: Tal vez… pero cuando escribí mi telegrama a Kruschev tenía más bien en mente la posibilidad de que los estadunidenses atacaran las bases de misiles.Si hubiera sabido que tomaría la decisión de retirarlos, no hubiera escrito eso.”

 

“Si lo hubiéramos sabido”

 

Castro expone que los cubanos no conocían el marco en que los misiles estratégicos serían utilizados ni las medidas que se tomarían para impedir que los enemigos los descubrieran. “¡Estamos hablando de una base de defensa a 90 millas de Estados Unidos, es lógico que la detectaran!”, exclama y reclama que ellos dieron su confianza a los soviéticos por su experiencia militar y política, pero evidentemente no hicieron lo adecuado. “Muchas cosas no estaban claras para nosotros cuando los misiles ya venían hacia Cuba”, se queja y sigue…

“Castro: Todo empezó cuando el mariscal (Sergey Biryuzov) encargado de la artillería aérea nos prometió los misiles. Creímos que serían entregados a Cuba, pero no en su interés, porque no los necesitamos. Luego di mi consentimiento, pensando que cumplíamos con nuestra obligación hacia el campo socialista. Asumimos el riesgo creyendo que éste también lo asumiría por nosotros. Estábamos inclusive preparados para una guerra nuclear en caso de que la Unión Soviética fuera atacada. Ahora veo que el gobierno soviético no estaba dispuesto a hacer lo mismo por nosotros.

“Mikoyan: Nosotros también estábamos dispuestos a hacer sacrificios por Cuba. El temor de los estadunidenses no era tanto porque nosotros desplegáramos misiles en la isla, sino porque se los transfiriéramos a ustedes.

“Castro: ¿La Unión Soviética no transfiere armas nucleares a otros países?

“Mikoyan: Tenemos una ley que prohíbe la transferencia de cualquier arma nuclear, incluidas las tácticas, a otro país. Nunca las hemos transferido ni pretendemos transferirlas a nadie. Las armas nucleares permanecen en nuestras manos y sólo se utilizarían en caso de guerra para defender a todo el campo socialista.”

(En este punto Savranskaya aclara que Mikoyan mintió: No era cierto que hubiera una ley soviética que prohibiera la trasferencia de armas nucleares a otro país).

“Castro: ¿Y no sería posible que las armas nucleares tácticas permanezcan en Cuba en manos soviéticas, sin transferirlas a los cubanos?

“Mikoyan: No. No es posible porque si no hay una base soviética en Cuba, los oficiales soviéticos sólo podrían actuar como asesores del ejército cubano. Los estadunidenses no saben que las armas tácticas están aquí y las estamos retirando no porque ellos quieran, como usted cree, sino por nuestra propia voluntad.

“Castro: Comprendo… pero nosotros pensábamos que una estrategia conjunta serviría para fortalecer los lazos entre los países del campo socialista, tanto en lo político como en lo psicológico. No eludimos nuestra responsabilidad (…) Entendimos sus argumentos… pero no pensamos que escogerían la opción menos peligrosa. Si lo hubiéramos sabido no hubiéramos aceptado el despliegue de misiles soviéticos en Cuba (…) Hicimos concesiones y no nos aportaron nada más que el levantamiento del bloqueo ( naval).

“Mikoyan: ¿Y qué concesiones hicieron?

“Castro: ¿Qué cree que somos? ¿Un cero a la izquierda, un guiñapo? Quisimos ayudar a la Unión Soviética a salir de una situación difícil (…) Ni siquiera pudimos disparar contra los U-2 mientras los estadunidenses violaban constantemente nuestro espacio aéreo al despegar de Guantánamo. (…) Repetidamente hemos protestado por ello y todo esto es muy desagradable para nosotros. Se lo digo con toda sinceridad.

“Mikoyan: Valoro su sinceridad, pero nosotros vemos los resultados de un modo diferente. Fue un éxito que se levantara el bloqueo, y así lo ven el Comité Central y Kruschev. Su carta a U Thant (entonces secretario general de la ONU) fue publicada en Pravda con el título La decisión debería ser aceptable para todos.”

El tema vuelve sobre el camuflaje de los misiles nucleares y Castro se queja de que los soviéticos ni siquiera consultaron a los cubanos sobre las condiciones del terreno ni las mejores opciones para ocultarlos. Él mismo, dice, vio accidentalmente los misiles en posición de combate durante uno de sus viajes. “Pero, para decir la verdad, nunca nadie me invitó a verlos. Sólo los vi después de que los desmantelaran”.

“Mikoyan: Es cierto, nuestros militares obviamente fallaron al no tomar en cuenta las grandes habilidades de los cubanos. (…)

“Castro: Desafortunadamente, nos abstuvimos de hacer preguntas, porque el plan fue preparado en la Unión Soviética. Por supuesto nosotros sabemos menos de asuntos militares que ustedes; pero conocemos mucho mejor nuestras condiciones geográficas y nuestros recursos. Y eso por supuesto nos ofende.”

 

Tratado militar

 

Mikoyan empieza a hablar de las bases militares estadunidenses en Turquía; dice que las tienen permanentemente vigiladas y que hay misiles soviéticos apuntando a ellas. Castro pregunta si pedirán a Estados Unidos la remoción de esas bases. El intérprete vuelve a equivocarse y pregunta si Washington le ha pedido a los soviéticos retirar sus misiles. Hay un momento de agitación, luego Fidel vuelve a los cohetes nucleares.

“Castro: ¿Así que tienen una ley que prohíbe la transferencia de todo tipo de armas nucleares a otros países? Es una lástima. ¿Y cuándo van a derogar esa ley?

“Mikoyan: Ya veremos. Ése es nuestro derecho.

“Castro: ¿Y si ustedes usan sus misiles desde territorio soviético, pueden dar con precisión en blancos estadunidenses?

“Mikoyan: Sí, pero si atacamos a Estados Unidos, eso naturalmente provocaría un ataque de ellos contra Cuba.

“Castro: En el caso de una guerra mundial, los misiles nucleares también los golpearían a ustedes.

“Mikoyan: Claro. Las armas que Pavlov les va a transferir son de gran importancia para la defensa de Cuba en las condiciones actuales. Por ejemplo ustedes tienen tanques T-34 y nosotros los nuevos tanques T-55. Sus cañones están equipados con un mecanismo giroscópico, que asegura la precisión de los disparos mientras el tanque está en movimiento. Es el más moderno.”

A continuación Mikoyan comenta que tanto Estados Unidos como la Unión Soviética han levantado sus medidas de emergencia y pregunta a Castro si Cuba está dispuesta a hacer lo mismo.

“Castro: Sí, también planeamos hacerlo. Pero quiero hacerle otra pregunta, camarada Mikoyan. ¿Dónde puedo comprar bombarderos?

“Mikoyan: Ya hablamos sobre los Mig-21. Estos aviones son capaces de realizar todo tipo de tareas de combate (…) Son los más modernos (…) Por lo que concierne a los Il-28, usted mismo sabe que son obsoletos, es mejor usarlos como señuelos.

“Castro: Y entonces, ¿para qué nos los enviaron?

“Mikoyan: Acompañados de aviones de combate pueden ser muy últiles para la defensa.”

Fidel ironiza y pregunta si tal vez podrían utilizarlos para proteger sus barcos de pesca. Luego vuelve al asunto que le interesa: Un tratado de asistencia militar con la Unión Soviética como los que ésta tenía con otros países socialistas y contar con tropas soviéticas en Cuba.

“Castro: (…) Les pedimos que no se apresuren con la retirada de tropas (de la isla). Creemos que nuestras fuerzas, solas, no sirven como disuasión. Hay condiciones nuevas: el acuerdo militar que firmamos sigue vigente, pero las tropas soviéticas deben ser retiradas, porque incomodan al imperialismo. (…) Creo que sería deseable abrir negociaciones sobre un nuevo tratado. (…) Todos los países socialistas de Europa tienen acuerdos militares con la Unión Soviética. Si nosotros firmáramos también un nuevo acuerdo, eso funcionaría como un fuerte factor disuasivo (…)

“Mikoyan: Camarada Fidel, ¿está usted pensando en el Pacto de Varsovia?

“Castro: No. Estoy pensando en un acuerdo militar bilateral (…) Si sustituyéramos el actual por otro no creo que el imperialismo pudiera emplearlo como un arma política contra Cuba y la Unión Soviética. (…) Un paso así reforzaría la confianza del pueblo cubano y de todos los pueblos de América Latina hacia ustedes (…).

“Mikoyan: Como usted sabe, Kruschev ha dicho que entendemos la responsabilidad de la URSS en la defensa de Cuba frente a la agresión imperialista. (…) En lo que concierne a los medios de disuasión, éstos se ubican en territorio soviético. Kruschev ya dijo que los misiles que se retiren de Cuba serán apuntados contra Berlín.”

Mikoyan habla de un posible acuerdo de no agresión entre el Pacto de Varsovia y la OTAN para distender la tensión mundial, pero Castro vuelve al acuerdo bilateral.

“Castro: Camarada Mikoyan, para nosotros sería muy importante sentir un escudo protector en la forma de un acuerdo militar. Le rogaríamos que la URSS no se apresurara con el retiro de tropas.”