Brutalidad y belleza se conjuntaron en dos expresiones coreográficas en la Bienal de la Danza de Lyon, Francia, que reúne lo más destacado de la danza gala. Proceso estuvo ahí para recoger la voz de los artistas Angelin Preljocaj y Rachid Ouramdane, quienes, lejos de la complacencia, mostraron en el foro del baile las desigualdades del mundo.
LYON, FRANCIA (Proceso).- Dos de las propuestas más aplaudidas dentro de la Biennale de la Danse que concluyó el martes 2 incluyeron una fuerte carga de crítica social sobre el racismo y la violencia.
Eso que yo llamo olvido, de Angelin Preljocaj, y Sfumato, de Rachid Ouramdane, fueron concebidos como manifiestos político-coreográficos, evidenciando que la danza, además de ser poética y bella, puede ser un arte crítico y de denuncia.
Proceso entrevistó a los dos coreógrafos, considerados figuras fundamentales de la danza francesa, para conocer su visión sobre esta importante tendencia estética que intenta integrarse con otras artes para abrirse paso y asumir con toda la energía posible que la danza no ha dejado de ser una forma expresiva de cuestionamiento social.
Preljocaj
En diciembre de 2009, Michael Blaise, de 25 años, entró al supermercado Carrefour ubicado en el centro comercial Part-Dieu de esta ciudad. Caminó hasta la sección de las bebidas, tomó una lata de cerveza y sin pagarla se la bebió.
Como aparecidos de la nada, cuatro agentes de seguridad lo detuvieron. Lo que siguió fue grabado por las cámaras de vigilancia del establecimiento y culminó con la muerte por asfixia del hombre. La violencia de tan insólita circunstancia se grabó en “vivo” y se trasmitió por todo el país posteriormente. La crudeza de los hechos impactó a la sociedad lyonesa aún más porque la zona de Part-Dieu es concurrida y se considera poco conflictiva.
Eso que yo llamo olvido (Ce que j´apelle oubli), del coreógrafo Angelin Preljocalj a partir de la novela de sesenta cuartillas –inspirada en un hecho real– del mismo nombre del escritor Laurent Mauvignier, coreografía para seis bailarines y un actor, se estrenó en la Biennale de la Danse celebrada en esta ciudad dejando atónito al público.
Considerado como uno de los creadores más importantes del mundo y como tesoro artístico de Francia –sus obras son parte del repertorio de la Ópera de Berlín, la Scala de Milán, el New York Ballet, la Ópera de París– , Prejocalj además de ser un creador multipremiado y de poseer las órdenes de Oficial de Artes y las Letras y Caballero de la Legión de Honor y Oficial de la Orden al Mérito, es un hombre sencillo e involucrado sociológicamente en lo que pasa en Francia. De origen albanés, se crió en el barrio de Champigny Sur Marne, uno de los más marginales de París.
Su vocación hacia la danza nació después de que viera en un libro una foto del bailarín Rudolf Nureyev con el pie de página “Rudolf transfigurado por la danza”:
“Surgió en mí una necesidad vital por saber qué era transfigurarse a través de la danza. Pero por supuesto mis padres no estuvieron de acuerdo en que bailara y tuve que tomar clases a escondidas.”
Paralelamente se inició en el judo y se convirtió en un experto en el conocimiento y uso del peso del cuerpo para lograr utilizar el de los otro como una ventaja, principio que sin proponérselo mucho siempre ha aplicado –dice– en la danza.
Autor de Blanca Nieves (2008), escenificada con su compañía en la Ciudad de México hace unos meses con éxito de público mayúsculo, y de Annonciation, que se apreció en el Festival Internacional Cervantino hace más de un lustro, explica su interés para trabajar su último montaje inspirado en el libro de Laurent Mauvignier.
“Me atrajo su fulgor y la fuerza poético-política de su mirada sobre el mundo. Se trata de la historia de un hombre al margen de la sociedad, del mundo, de todo, y que se encuentra en lugar más opuesto: un centro comercial. Y de ahí al desastre, primero hay un incidente, después una tragedia: se le asesina porque cometió el error de beber de una lata. El libro narra el drama, y asistimos a lo que va a suceder y a lo que un acto puede desembocar.”
Para Preljocaj, además, el punto clave es entender la sintaxis de Laurent Mauvignier –su único libro traducido al español es Hombres–, quien en sesenta cuartillas narra una historia completa a manera de un solo párrafo. Esta cualidad le da al libro un ritmo sostenido e implacable que no le permite al lector parar de leer sino hasta llegar, de un solo tirón y con un nudo en la garganta, hasta el final.
“Hay algo en las palabras, en la manera en que están articuladas, en cómo se expulsan del cuerpo y lo golpean. Esa relación real entre las oraciones que expulsan los cuerpos y los cuerpos mismos era algo que deseaba lograr.”
En una plática de Preljocaj y Mauvignier con el público posterior a una de las funciones que se llevaron a cabo en el Theatre Des Celestines, el propio Mauvignier explicó que su libro era una denuncia sobre la violencia que existe en la sociedad francesa actual y que le sorprendió mucho que un coreógrafo quisiera trabajar sobre ese texto.
Mauvignier es ganador del Livre Interprize, el Wepler Prize y el Fnac Novel Prize y se le ubica como figura crucial de las nuevas letras galas.
En el espectáculo el narrador permanece en escena prácticamente todo el tiempo. De forma simultánea éste puede leerse traducido al inglés a manera de subtitulaje.
Las escenas son sombrías y el diseño coreográfico pareciera convencional, pero no lo es, palabra a palabra resalta las cualidades de lo escrito y sin ilustrar lo que se dice crea imágenes terribles y bellas que el artista director del centro coreográfico del Pavillon Noir in Aix-en-Provence –de arquitectura contundente y exacta que resalta por su sobriedad y bella austeridad– define escuetamente:
“Venir aquí a estrenar la pieza fue regresar a la escena del crimen.”
Construido por Rudy Ricciotti, arquitecto explosivo y apasionado, el Pavilon Noir es un monumento a la austeridad y a su belleza. El propio constructor explicó a esta reportera que no pensaba que la arquitectura fuese política, pero que la construcción de un edificio era de alguna manera un expresión ideológica:
“El Pavillon Noir es un edificio cuya estructura se relaciona con el perfil del artista. Su beneficio social y económico no está relacionado con los objetivos gubernamentales.
Sonriente y tranquilo, Preljocaj apuntó a su vez que a él le gusta permanecer silencioso y dejar que sus colegas expliciten sus pensamientos políticos abiertamente: “No soy un provocador”, dijo con su voz suave y tranquila. Pero es claro que él y su equipo buscan incidir artísticamente en la población en la que viven por un lado; y por otro, fijan constantemente una posición clara frente a las problemáticas sociales del país.
Ouramdane
Rachid Ouramdane es un creador de origen argelino de 40 años cuya obra se ha definido como “al filo de la coreografía, del paisaje musical y el documental mezclado con ficción”.
Su estreno en la Biennale de la Danse, Sfumato, pieza para seis bailarines y una contorsionista, muestra casi de manera fantasmal es su visión de lo que denomina como “refugiados climáticos”, personas que lo han perdido todo debido a desastres ecológicos y que por cuestiones ambientales han quedado en la desesperanza y en situaciones críticas que por su gravedad se comparan a aquellas que sufren los desplazados políticos.
En entrevista con Proceso en el Café de la Danza, explica que su interés por mostrar el rostro y el espíritu de aquellos que lo han perdido todo siempre ha estado en su búsqueda artística: “Busco la democratización cultural en relación con el público.
“Soy de origen argelino, y hasta que fui algo mayor supe que mi padre había sido torturado en Argelia, esto me impactó mucho porque jamás habló abiertamente de lo que le pasó.”
Educado en el seno de una familia musulmana, Rachid mantuvo siempre una cierta distancia con su padre que además le llevaba 34 años a su madre, una jovencita cuando lo parió. Al mismo tiempo Rachid se involucró con las formas de expresión urbanas hasta que pudo llegar a la danza contemporánea. Hoy en día es artista auspiciado por el Theatre de la Ville de París.
“Me gusta investigar dentro de lo que yo llamo el documental dancístico, en cómo este campo de la danza puede contribuir a un debate sobre el tema. Deseo abrazar la realidad del cuerpo en situaciones de extrema precariedad. Pero no me interesa la literalidad sino el cómo se dicen este tipo de cosas en el escenario.”
En Sfumato todo es sorprendente, una mujer gira como los sufís de manera vertiginosa con un brazo al aire, una voz en off da cuenta de una niña a la que le gusta dormir sin ropa pero que teme hacerlo porque la destrucción de un tsunami puede llegar en cualquier momento y no podría huir desnuda.
“Este proyecto resuena con Des témoins ordinaires (Testigos ordinarios), pieza construida a través de los testimonios de víctimas de actos de barbarie, de tortura y con la obsesión que me persigue de averiguar cómo te reconstruyes después de un exilio, cómo te reconstruyes en un lugar diferente. Fue entonces que conocí a lo que se denomina como ‘refugiados climáticos’, personas que han tenido que dejar sus hogares a consecuencia del cambio climático, un tsunami, un terremoto, etcétera.”
Lo que obliga a estos refugiados a encontrar un lugar donde refugiarse es difícil de ser entendido, no es la persecución de un grupo armado, la represión o un régimen político. Y sin embargo, los individuos pasan por las mismas dificultades, por las mismas pérdidas que los refugiados políticos y se encuentran enfrentados con las mismas problemáticas: mafias, tráfico humano, redes de prostitución, entre otros fenómenos terribles.
El foro de Sfumato se inunda totalmente en una tormentosa lluvia. Los bailarines bailan desaforadamente en medio de una hecatombe inusitada para un foro y lo sobreviven para seguir bailando en él sin temor a nada, porque lo peor ya sucedió y el filo de la desgracia marcó para siempre a los personajes que interpretan.
“Pensé que sería interesante hablar de un fenómeno que en la mayoría de los casos es relegado a los científicos, que nos lo explican las cosas como si se tratara de fenómenos de ciencia y ficción, aunque genuinamente existen. No pienso hacer una labor periodística sobre el tema. No busco defender una causa sino observarla detenidamente como un hecho de la realidad: lo que le da forma al imaginario de estas personas y les afecta directamente.
“Una vez más, lo que es recurrente en mi trabajo es lo que nace, lo que se desarrolla en la gente con todo este sufrimiento y violencia de por medio.”













