Tan grande como costosa –pero sobre todo lejana al lector–, es la nueva Biblioteca Pública del Estado de Jalisco (BPEJ). Hasta la década de los setenta del siglo pasado, aun cuando se encontraba en un edificio disfuncional –el antiguo Museo Regional–, el acervo estuvo a la mano de la gente en pleno centro de la ciudad. De ahí fue trasladado a un inmueble de 10 pisos construido ex profeso por el arquitecto Julio de la Peña entre 1957 y 1959 como parte de la Casa de la Cultura Jalisciense, enfrente del Parque Agua Azul, a 15 cuadras de donde estuvo originalmente. La mudanza se hizo casi dos décadas después de concluido el edificio. Ahí, en la Casa de la Cultura dio servicio durante varios años, hasta que hace nueve dejó de funcionar por la supuesta humedad del inmueble y los daños que sufrió la estructura arquitectónica durante el temblor de principios de 2003. Esos fueron sólo pretextos, pues los males que padecía hubieran podido solventarse con una inversión relativamente baja. No obstante, el exrector y mandamás de la Universidad de Guadalajara, Raúl Padilla López, ya tenía bajo la manga el proyecto para hacer el Centro Cultural Universitario en Los Belenes, en Zapopan, con una inversión que, todo indica, será superior a 6 mil millones de pesos. Y empezó con la construcción del poco cultural Auditorio Telmex, que reditúa muy buenas ganancias no transparentadas hasta la fecha.
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Haiga sido como haiga sido, la cuestión es que Felipe Calderón inauguró la BPEJ el jueves 4, casi año y medio después de que se hizo el anuncio oficial. ¿El costo?: 600 millones de pesos. Por si fuera poco, la faraónica biblioteca, cuyo diseño externo no tiene nada de original, pues es una copia del Gantt Center, de Charlotte, Carolina del Norte, Estados Unidos (Proceso Jalisco 345), está a años luz de las raquíticas bibliotecas de preparatorias y centros universitarios de la propia UdeG que, en su mayoría, carecen de los libros de consulta indispensables para los usuarios. Además, este maravilloso acervo –un millón 100 mil libros que vienen en aumento desde hace casi tres siglos– se ubica a 10 kilómetros del centro de la capital tapatía. Y aunque las cifras oficiales calculan en 50 mil el número de usuarios al mes, lo más probable es que los estudiantes de las dos preparatorias cercanas; del CUCSH, y del CUCEA, sean los lectores cautivos, aunque debe observarse que los dos centros universitarios cuentan con sus propias bibliotecas bien montadas. ¿Qué ventajas tiene tener tamaña biblioteca en tan apartado y semipúblico lugar? ¿Será sólo para satisfacer el ego y la megalomanía de su promotor?
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De manera inusual, la tarde del lunes 8 el Teatro Diana lucía saturado de adolescentes, sobre todo estudiantes de secundaria y preparatoria, y uno que otro padre de familia. ¿El motivo? Maestros de distintas escuelas oficiales y de la propia casa de estudios obligaron a sus alumnos a asistir a la puesta en escena de la obra Oxígeno, previo pago de 60 pesos (con credencial de estudiante) y hasta 250 pesos al público en general. Una madre se quejó: “La pretensión de los actores era explicar la existencia del oxígeno y quién lo descubrió, pero muy pocos entendieron. Otros se fueron a media función. Se trataba de una obra pobre, enfadosa y de muy escasa escenografía”. Dijo que la intención era llenar el teatro y sacar dinero: “Se trataba de actores principiantes a quienes les prestaron el escenario y les dieron la oportunidad”.
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Apenas inició su gestión el presidente municipal de Tlajomulco, Ismael del Toro, de Movimiento Ciudadano, comenzaron las transas y los malos manejos de recursos, se queja el regidor priísta Adrián Salinas Tostado. Asegura que la Comisión Municipal de Adquisiciones compró 130 celulares a un sobreprecio de 100% y que en el chistecito se erogaron 785 mil 818. También se queja el regidor tricolor porque en la primera sesión de cabildo se le impidió tomar la palabra. Además, dijo, “el ayuntamiento pagó una suma cercana a los 450 mil pesos por la renta de vehículos a una empresa privada para que trasladaran útiles escolares gratuitos”.
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¿El peruano Alfredo Bryce Echenique tendrá cara para venir a recibir el Premio FIL de Literatura 2012, cuando ha sido acusado de plagio y multado en su país con 57 mil dólares por robo de propiedad intelectual? ¿Tendrán los organizadores arrestos para dárselo?
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