Lo que concluya de la actual batida a nuestras leyes laborales, asunto que aún se discute en los corrillos del Poder Legislativo, afectará a todos los centros de trabajo del país. Nadie podrá sustraerse. Por tal razón se han visto marchas y pronunciamientos al respecto en todos los foros, por las calles y en los medios. Unos a favor, otros en contra, de acuerdo a su claridad u oscuridad particular en el asunto.
Por lo caldeado del ambiente, no podían faltar pronunciamientos locales. Por ejemplo, los dos sindicatos de la UdeG, el Staudeg y el Sutudeg, dicen signar los acuerdos de la asamblea realizada por la CONTU el 27 y 28 de septiembre en Acapulco, Guerrero. “Rechazamos de manera clara y tajante dicha reforma (laboral), ya que lesiona en todas las formas posibles los derechos de los trabajadores del país”.
No sabemos si será aprobada o congelada; si pasará rasurada, como está en el Senado o será devuelta al Congreso para nunca más volver. La confusión deriva precisamente de los apoyos y los embates que le atizan las distintas fuerzas políticas que jalonean en la casona de San Lázaro. El PRI tiene mayoría de levantadedos. No conformes con apabullar, se les suman los del Verde y los del Panal, para tornarse casi imbatibles. Los otros dos bloques son los modositos del PAN, meros acaparadores del nombre de derechas, pues en tales afanes fueron rebasados desde hace buen rato por los del PRI; y los de la izquierda, que tampoco se reducen a los del PRD.
El titular del Ejecutivo envió la iniciativa al Congreso. Al pertenecer este señor al PAN, el apoyo de éste resulta más que obvio. La pregunta aquí es ¿por qué la apoyaron de manera unánime y hasta lebrona los del PRI? Ya se sabe que el PRI rebasa en conservadurismo y posturas reaccionarias a los del bolillo, pero podían al menos haber cuidado las formas.
Bien vale la pena detenernos un poco a preguntarnos qué lesionaría exactamente y en qué beneficiarían sus modificaciones al estatus laboral presente. La Ley Federal del Trabajo en discusión fue precisamente obra priista. Se corresponde con el esquema laboral con que los tricolores hicieron funcionar al país a lo largo de los 70 años que fueron gobierno. Fue hechura suya e invento suyo; era para que, al menos en teoría, ahora no la tiraran a la basura y menos que despotricaran en su contra.
Para pasarla por el tamiz del pleno y ser votada, le mutilaron los pasajes en los que se habla de la autonomía sindical, de la democratización de estos organismos y de la fiscalización y transparencia de las cuotas de los trabajadores. Sin embargo dejaron viva y punzante la propuesta de la tercerización, o subarrendamiento de fuerza de trabajo ajena u outsourcing. ¿A qué están jugando estos señores del PRI, si aprobar la tercerización significa liquidar la figura sindical? ¿En qué quedamos, la defienden o no?
Poner a resguardo la opacidad actual de las dirigencias sindicales significa mantener vivo el esquirolaje, el charrismo, la intromisión de las juntas de conciliación en las decisiones electorales de los organismos laborales. Con eso se mantienen vigentes los esquemas del corporativismo, una de las bases en que fundamentaron su fuerza los gobiernos priistas a lo largo de décadas. Sólo que ahora éstos parecen olvidar algo muy importante: la fuerza de los sindicatos reside en la atribución de bilateralidad, esto es, en la capacidad de sentar a los patrones a la mesa y firmar con ellos el contrato colectivo de trabajo. Esto es lo que los hace dueños exclusivos de la materia de trabajo, lo que deviene en su fuerza legal y real ante las veleidades posibles de los dueños del capital en la disputa por salarios, prestaciones, fluctuaciones del mercado y otros vericuetos sinuosos de dicha relación.
Pero si se autoriza que haya contratantes distintos a los sindicatos, esta atribución exclusiva está siendo cancelada. Será mera cuestión de tiempo para que esas organizaciones desaparezcan. ¿Qué sentido tiene entonces defenderles su opacidad electoral actual, ni el formato defectuoso y corrupto de las exacciones que realizan los dirigentes a sus agremiados, si al sindicato en su totalidad se les está decretando la pena de muerte? ¿No lo ven los señoritos priistas? ¿Cómo exhiben su ignorancia supina de forma tan absurda? ¿Será porque son realmente romos y duros de coraza?
Los del PAN tampoco salen indemnes. Siendo puntal de su iniciativa la propuesta del subarrendamiento de fuerza de trabajo, consiguieron el apoyo del PRI. Pero no tuvieron la misma suerte con lo de la supuesta “democratización” y “transparencia” de los fondos acumulados, que manejan las dirigencias sindicales, pues fue rasurada. Tan importante era un paso como el otro. ¿Por qué, una vez rasurada su iniciativa original, los panistas la votaron a favor? ¿Vieron embestir acaso a los priistas a lo duro y lo maduro, y los sorprendieron de todo a todo? ¿O los vieron rondar y rondar, como en la rueda de Sanmiguel, cada cual con su tarro de miel y los juzgaron cual meras mulas de noria, sacando agua del pozo sin poder poner un paso fuera de la huella asignada?
Lo del subarriendo, mal llamado outsourcing, parece haberles ganado la partida a todos. Pero ahora los panistas y los de la izquierda nuestra de cada día, ya en las discusiones del Senado, amenazan con devolverla al Congreso, dicen que con el fin de que le pongan otra vez la barba trasquilada de la supuesta “democratización” y “transparencia de fondos”. Para el outsourcing se alían con el PRI; para “democratizar y fiscalizar”, con la izquierda. ¿Qué clase de bisagra piensan jugar estos panistas, exhibiendo a sus aliados primeros y poniéndose ahora del lado de la supuesta defensa de los trabajadores?
No hay duda de que la medida del subarriendo de fuerza laboral favorece sólo a los empleadores. ¿Cómo entender entonces que busquen también transparentar y democratizar a los sindicatos? Esto traería un enorme beneficio a los trabajadores, al grado de que los mismos argumentos de la iniciativa para el outsourcing quedarían superados y lo harían innecesario. De aquí lo extraño del momento legislativo que se está viviendo: ¿desde cuándo punza en el pecho panista el interés por los trabajadores, al grado de querer guardarlos de líderes venales, corruptores y extorsionadores? ¿De cuándo acá tanta bonhomía y sensibilidad para la justicia social en la derecha mexicana? ¿No será más bien que traen, ya haciendo coleta, otra música por dentro?








