“Colosio, el asesinato”

Pronto saldrá, en venta o renta, el DVD de Colosio, el asesinato (México- España-Francia-Colombia, 2012), buena oportunidad para apreciar con calma, aun con el amargo sabor de las elecciones pasadas, este trabajo de Carlos Bolado respaldado por la productora de Mónica Lozano y un reparto de conocidos actores en el mejor momento de su carrera.

Bien pensado y bien construido, el guión del director y de Hugo Rodríguez combina hechos reales con ficción; aborda la historia desde una doble perspectiva: una, la documental, irreprochable en la solidez de sus argumentos extraídos de videos reales, de las dos mil páginas del expediente Colosio, y de informaciones de prensa, sustancialmente de Proceso; la armazón obsesiva de declaraciones, especulaciones y contradicciones en torno al asesinato del candidato presidencial del PRI en 1994 en Lomas Taurinas, se percibe contundentemente cimentada. La segunda es una ficción, buen ejemplo de cómo ésta, además de representar la opinión del pueblo, construye el significado y orienta al espectador  a través del laberinto de mentiras.

Desde los altos mandos, el asesor presidencial (Daniel Giménez Cacho) le ordena a Vázquez (José María Yazpik), experto en inteligencia, una investigación paralela y a contrapelo de la oficial que se encarga de lidiar y jugar con la opinión pública, la del asesino desvinculado de cualquier mafia y que actúa por su propia cuenta, entre otras. La maniobra de asuntos internos que conduce Vázquez desmenuza la trama de contradicciones y trampas, alcanza a detectar que un sicario dentro del mismo gobierno se dedica a cazar y a eliminar a cualquiera que se acerque a la realidad de los hechos.

A final de cuentas, Carlos Bolado y Hugo Rodríguez concibieron un estupendo thriller, género escaso y poco logrado no  sólo dentro del cine mexicano, sino de toda Latinoamérica. Algunos comentarios mencionan a JFK de Oliver Stone debido al rigor documental, al obvio paralelo de un magnicidio perpetrado por mafias oscuras dentro del mismo gobierno, y a la casi imposibilidad de establecer una verdad histórica; en la urdimbre y el sentido de fatalidad, la cinta de Bolado, sin embargo, supera la propuesta del director estadunidense. Si Stone destaca en la visión épica y en la crítica moral de su país, Colosio, el asesinato penetra en la psique del espectador como ácido que corroe, provoca rabia e impotencia; no es tanto el escándalo moral ante la burla de la ley, sabido era el tema bajo la regencia del PRI, como el miedo de que cualquier ciudadano quede petrificado ante la Medusa.

Colosio, el asesinato es un thriller frío: la esperanza, si la hay, se justifica en su verdad política, la indignación ante la mentira; pero todo, dentro de la cinta, es desolación, paranoia y fatalidad. Quizá es debido a esta carga que los diálogos (que empiezan tiesos y forzados), se van condensando y terminan por fluir desde el fondo de los protagonistas, sobrios todos, honestos o malvados. También por eso, el poco de melodrama, la relación entre Vázquez, su mujer y familia, no cuaja nunca, afortunadamente, claro: el pathos se impone, el trabajo de Giménez Cacho es formidable, maldad pura, supo aprovechar la brecha que abre el guión presentado a un personaje innombrable que el público conoce demasiado bien.

Otra de las propuestas afortunadas de Bolado y su equipo fue la de representar las diferentes versiones del asesino de Colosio: la del oficial, Aburto, manejado por la prensa, y la de los otros dos asesinos, los reales de acuerdo con la ficción, por un solo actor, el carismático Harold Torres (Norteado); una especie de condensación y desglose de un sueño o pesadilla colectiva.