La crisis aplasta a la prensa ibérica

Con el pretexto de la crisis económica y al parecer desplazados por las nuevas tecnologías, numerosos medios españoles aplican brutales recortes de personal, en tanto que otros han cerrado en definitiva. Pero la realidad es que las empresas editoras y las cadenas de radio y televisión no sólo adelgazan sus nóminas por necesidad –mientras sus ejecutivos se enriquecen– sino que hacen podas por motivos ideológicos.

MADRID.- La pesadilla de la prensa española parece no tener fin. En las principales redacciones de prensa, radio y televisión se percibe la desazón del personal ante la posibilidad de perder el empleo, como ya sucedió con 7 mil trabajadores de los medios desde 2009.

El de la prensa es uno de los sectores más afectados por la crisis, pero la paradoja es que su drama prácticamente no se refleja en sus propios espacios, salvo notas esporádicas casi siempre matizadas con el punto de vista de los editores. Sólo algunos medios digitales y periodistas especializados dan seguimiento a la escalada de paro y precariedad que padecen los trabajadores de la información.

Carmen del Riego, presidenta de la Asociación de Periodistas de Madrid (APM) explica que el actual panorama es resultado de “una primera crisis con la llegada de internet y la apertura de los sitios web, un modelo de negocios aún no resuelto”. Luego vinieron las “onerosas deudas” adquiridas por los principales grupos de medios al embarcarse en la “aventura” de expandir sus negocios a radio y televisión y finalmente la crisis económica que se tradujo en una “fuerte caída de la publicidad y los ingresos”.

“En 2011 hubo una caída de 30% de la publicidad. Y en el primer trimestre de este año se ha hundido más. Prácticamente no hay ingresos”, dice la también cronista política del diario La Vanguardia. “Los editores están publicando sus medios casi sin ingresos”, subraya.

Pese a las dificultades, dice, “hay empresas periodísticas que han sido responsables reduciendo sus gastos para salvar al medio, como sucede con El Heraldo de Aragón o La Voz de Galicia”.

Otro fue el caso de “decenas de periódicos, televisoras y radios locales y de provincia que en la última década fueron adquiridos por constructores que los utilizaron para sus intereses particulares. Los usaban para presionar a las autoridades locales cuando querían que algún solar fuera recalificado para beneficiar a sus constructoras y el medio era utilizado en esas campañas para conseguir dichos propósitos”, asegura.

“Pero con el estallido de la ‘burbuja inmobiliaria’ se vinieron abajo los constructores y se llevaron en su caída a esos medios; estos editores entre comillas, en su debacle cerraron sus medios y los periodistas se tuvieron que quedar en la calle”, asegura.

 

Sin tregua

 

En marzo de 2009 se dieron los primeros despidos cuando el diario ABC, editado por Vocento, anunció un expediente de regulación de empleo (ERE) –como llamaron al mecanismo legal para el despido de personal– que se cebó con 238 de los 459 trabajadores, 52% de su plantilla. Pese a las manifestaciones callejeras de estos trabajadores, 84 periodistas, 106 trabajadores de talleres y 48 de áreas administrativas se fueron a la calle.

Desde entonces los despidos no han cesado. Este verano fue malo para la prensa española pero el otoño será peor por la inminente puesta en marcha de nuevos ERE en diversas empresas. Tras dos años y medio de vida el diario Público cerró en febrero pasado su edición impresa; de sus 160 empleados sólo subsistió una pequeña plantilla que alimenta la página web.

Mediapro, editor de Público y principal accionista de la televisora La Sexta (en sociedad con Televisa) inscribió al diario a concurso de acreedores dos meses antes de bajar la cortina. Algunos trabajadores acusaron a Jaume Roures, cabeza de Mediapro, de cancelar el proyecto cuando habían conquistado un nicho de lectores descontentos con El País y estar a punto de estabilizar sus balances financieros.

El periódico El Mundo despidió entre mayo y junio pasados a 165 trabajadores, que se suman a otros 200 que fueron enviados al paro hace un año y medio en un primer ERE. Redujo sensiblemente los sueldos y se disparó la contratación de reporteros recién egresados con “contratos basura”, con ínfimos sueldos de 600 euros y mermadas condiciones laborales.

Tras las vacaciones de agosto el Grupo Prisa separó a 130 trabajadores, que se suman a los 2 mil despedidos o prejubilados en los últimos tres años, desde que pusieron en marcha el Plan de Eficiencia Operativa, eufemismo con el que los directivos llaman al plan de recorte de su plantilla.

Los recién despedidos son empleados del diario económico Cinco Días, de Progresa –su división de revistas–, de su comercializadora de publicidad Prisa Brand Solutions y del mismo corporativo de Prisa.

En la Cadena Ser, del mismo grupo, los trabajadores realizaron por primera vez en su historia una huelga de 24 horas el pasado 29 de junio, en rechazo a la pretensión de aplicar un ERE que afectaría a 200 periodistas e impondría rebajas salariales de hasta 10% al resto. Lograron frenar la medida, de la que no se ha vuelto a hablar.

Esta cadena radiofónica ya había concretado un primer ERE a principios de 2011, que puso en la calle a 180 empleados, sin contar con los 258 que salieron en octubre de Prisa Radio.

En mayo pasado la redacción de El País, buque insignia de Prisa, tuvo una contundente reacción al celebrar una tensa asamblea en la que se llegó a hablar de impedir la salida del periódico si se aplicaba el ERE del que tenían noticia, medida que fue detenida de último momento. La indignación escaló porque días antes, en un acto en Cádiz Juan Luis Cebrián –entonces consejero delegado y recientemente nombrado presidente ejecutivo del grupo– criticó al diario que él mismo gestiona al decir que “los periódicos están muertos” frente a las nuevas tecnologías en el periodismo.

“Cuando leo El País en la mañana no me interesa nada de lo que dice. Ya me conozco lo que dice”, espetó.

El ejecutivo se vio obligado a dar la cara a los trabajadores y les aseguró que no aplicaría tal recorte de personal, pero un reportero de ese medio, molesto, asegura al corresponsal: “No nos fiamos de lo que nos dijo. Por desgracia esperamos un inminente recorte. Sus palabras (en Cádiz) asoman una enorme arrogancia”.

En noviembre del año pasado los trabajadores del diario habían sufrido una reducción salarial de 18% por la caída de la publicidad y con el criterio de preservar los puestos de trabajo; sin embargo el malestar ha crecido –en toda la plantilla de Prisa– luego de que se hizo público que sus ejecutivos obtienen remuneraciones millonarias.

Juan Manuel Gil López, representante de los trabajadores de Pressprint, la empresa que Prisa creó para aglutinar al personal de talleres de sus diarios, lanzó un duro reproche en la sesión del consejo de administración del pasado 30 de junio:

“No es de recibo –dijo– buscar la solución al panorama con la política de reducción sistemática de personal y al mismo tiempo que ejecutan estos despidos, asesorados por los bufetes más caros del mercado, la cúpula de Prisa continúa incrementando sus emolumentos, elevando en el ranking al cuarto puesto como ejecutivo mejor pagado de España al consejero delegado (Cebrián); que su diestra incremente su bonus anual en 23%, llegando a los 10.57 millones de euros y su siniestra enarbole el machete de los recortes y despidos que han generado lo que ustedes se reparten.”

La presidenta de APM dice que los 7 mil trabajadores despedidos son resultado de “procesos en los que prácticamente todos los medios hicieron ERE y redujeron sus plantillas en 10% o 20%. El año pasado prácticamente todos redujeron la masa salarial de nuevo”.

Este año, añade, “se vive una nueva oleada de ERE” como los de la agencia EFE, El Mundo, el cierre de Público, Cadena SER y eventualmente El País, entre otros. “Hay medios que tienen estudiados sus ERE, pero no tienen dinero para pagar las indemnizaciones”.

Estos despidos se aceleraron al entrar en vigor la nueva ley laboral, aprobada en febrero por el gobierno de Mariano Rajoy y su mayoría del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, que reduce de 45 a 20 días el pago por año trabajado y elimina algunos derechos de los trabajadores.

“Soy consciente de que hay que reducir los costos, porque son grandes, pero sus deudas también son grandes por sus aventuras al expandir sus negocios a radio y televisión”, asegura.

Del Riego agrega que otro inconveniente es que no se ha logrado encontrar el modelo de negocios adecuado para los sitios on line de los medios; mientras algunos ofrecen gratis su información otros han optado por cobrarla. “El problema es que no puedes dar gratis en internet aquello por lo que luego vas a cobrar en el quiosco. Si no das un añadido en el papel, tú mismo estás devaluando el papel”.

La Vanguardia, el medio en el que escribe Del Riego, explica, quizá sea uno de los que tienen menos problemas porque se anticipó a hacer ajustes graduales de personal y ha mantenido unas finanzas aceptablemente sanas. En enero pasado, por ejemplo, el editor –Javier Godó– y la plantilla acordaron una rebaja salarial gradual.

Derrumbe en “El Mundo”

 

Alejandro del Río Noguerol formó parte del equipo de diseño de El Mundo más de 17 años. En ese periodo este equipo recibió unos 300 galardones nacionales e internacionales y él personalmente obtuvo unos 60.

“Es contradictorio, pero pese a ser considerado un diario conservador y de derecha trabajábamos con más libertad que la gente de El País”, recuerda. “Conseguimos un diseño muy dinámico y el diario fue muy premiado, incluido el galardón que entrega la sociedad inglesa de diseñadores de periódicos, que es el equivalente al Pulitzer”.

Sin embargo en mayo pasado le comunicaron que estaba incluido en la lista del ERE y sería uno de los 165 empleados que saldrían del periódico, como sucedió. “Fue vergonzoso que se llegara hasta este punto, después de estos años de labor, premios y de prestigiar al diario”, dice tras hacer un repaso de los nombres de los despedidos, incluidos periodistas de renombre cuyos reportajes o coberturas aún son recordados.

El Mundo ya había aplicado un primer ERE hace dos años, cuando salieron 200 profesionales en condiciones contractuales notablemente mejores que los recién despedidos. “En el primer ERE la mitad fue masa salarial; es decir los profesionales con más antigüedad y con las mejores condiciones contractuales, y la otra mitad era gente joven, con lo cual aligeró la nómina y la ajustaron a su nuevo plan. El nuevo ERE igual incluyó masa salarial y algunos nuevos”.

Del Río criticó las decisiones que desmantelan la redacción y las atribuye a los “negocios ruinosos de El Mundo en televisión y radio. Verdaderas aventuras. Pero sobre todo con el lastre que significó la compra de Recoletos, la empresa que edita el diario deportivo Marca, adquirido con un precio sobrevalorado”.

El italiano RCS Media Group –que edita el Corriere Della Sera–, accionista mayoritario de Unidad Editorial –editora de El Mundo– no acepta los números rojos reflejados en los balances financieros que presentan sus socios españoles.

Dentro del diario los directivos, encabezados por Pedro J. Ramírez, han optado por sustituir a los despedidos con jóvenes recién egresados o becarios, contratados temporalmente o en condiciones muy precarias y sin la formación que da el acompañamiento de periodistas experimentados.

Después de haber tenido un convenio laboral “que superaba a otros medios, con contratos escrupulosamente respetados por la empresa y vigilados por la redacción”, ahora han fraccionado algunos departamentos en distintas empresas para “mermar las condiciones laborales, como el caso de la sección de suplementos especiales cuyos trabajadores tienen los peores contratos, discontinuos o temporales y sin representación sindical”.

 

Adiós a la experiencia

 

Los dos entrevistados y otros tres periodistas consultados por este corresponsal coinciden en que despedir a los profesionales con más años de ejercicio, por tener las nóminas más altas, está provocando que se pierda lo que llaman la “memoria histórica del periodismo español”.

“Están desmantelando el capital intelectual del periodismo”, dice Alejandro del Río. “Ahora te encuentras a los profesionales mayores de 40 años, salvo excepciones, en puestos directivos. Ya no se puede hacer carrera. Si eres un caballo viejo te jubilan”.

Los ERE están separando a “los profesionales que se distinguieron por hacer las grandes piezas del periodismo o coberturas de hechos relevantes. Es toda una generación que levantó los medios y los prestigió; esa ha sido la generación más golpeada, víctima de la situación económica y de la voracidad empresarial e ideológica, porque también se ha hecho una limpieza ideológica”, sostiene.

En El Mundo –considerado de derecha–, abunda, ha habido una “limpieza absoluta” de todo aquel que la directiva identificaba como de izquierda. “Extrañamente la mayoría para un diario conservador”. Lo mismo ha sucedido “en la sección de economía, que hoy debiera tener una importancia fundamental, pero expulsó a los mejores periodistas y analistas. Simplemente se ha convertido en portavoz del poder financiero”.

A su vez Del Riego sostiene que “todos los mayores de 60 años obligatoriamente tienen que acogerse al ERE, como está sucediendo con la plantilla de EFE”.

Explica que tiene que haber espacios para los reporteros recién egresados “porque todos hemos empezado así”, pero advierte que ahora no se tiene al lado a “los periodistas más experimentados, a quienes hemos visto trabajar, cómo obtenían la noticia, cómo hablaban con sus fuentes para ganar su confianza, que nos han dado consejos.

“Lo malo es que se está descapitalizando a las empresas porque las personas que tienen esa experiencia, con muchos años viviendo la vida política, económica y judicial de este país, que son la memoria histórica de este país, se están yendo a sus casas y las redacciones se están quedando sin esa memoria histórica. Y no es una memoria histórica que te resuelva Google”.