Señor director.
Le solicito publicar la presente en relación con la carta que, en Proceso 1869, firmó el presidente municipal de Ixmiquilpan, Hidalgo, ingeniero Cipriano Charrez Pedraza, donde alude expresamente a mi persona y a mi trabajo artístico.
Me permito precisar que, de los problemas políticos locales, de los conflictos que el alcalde tiene con sus adversarios, y de sus propios intereses personales, poco o nada puedo decir porque soy absolutamente ajeno a todo ello. Pero en lo que respecta a su intento de censurarnos, no hablo de supuestos, sino de hechos consumados.
Mis compañeros músicos son testigos de las amenazas que recibí conminándonos a suspender el espectáculo, y me constan también las presiones para que terminara cuanto antes.
Por lo que se refiere al “reconocimiento” que menciona –el cual no consistió más que en el típico y rutinario protocolo que se sigue con todos los artistas de entregarles un diploma o algún objeto artesanal–, lo que no se me olvida es el evidente nerviosismo que en ese momento mostró el conductor del evento diciendo, palabras más, palabras menos: “Hay que agradecerle al señor alcalde el hecho de poder expresarse tan libremente”.
Frente a esto, lo que con más emoción guardo en mi memoria –claro que la tengo– fue la exclamación jubilosa de las más de 8 mil personas presentes cuando, al volver a tomar la palabra, de cara al público le precisé a ese conductor que la libertad de expresión no es un favor que deba agradecérsele a nadie, sino que se trata de un derecho inalienable de cualquier ciudadano, artista o no.
Atentamente
Guillermo Velázquez
Trovador de los Leones en la Sierra de Xichú








