Del trovador Guillermo Velázquez

Señor director.

Le solicito publicar la presente en relación con la carta que, en Proceso 1869, firmó el presidente municipal de Ixmiquilpan, Hidalgo, ingeniero Cipriano Charrez Pedraza, donde alude expresamente a mi persona y a mi trabajo artístico.

Me permito precisar que, de los problemas políticos locales, de los conflictos que el alcalde tiene con sus adversarios, y de sus propios intereses personales, poco o nada puedo decir porque soy absolutamente ajeno a todo ello. Pero en lo que respecta a su intento de censurarnos, no hablo de supuestos, sino de hechos consumados.

Mis compañeros músicos son testigos de las amenazas que recibí conminándonos a suspender el espectáculo, y me constan también las presiones para que terminara cuanto antes.

Por lo que se refiere al “reconocimiento” que menciona –el cual no consistió más que en el típico y rutinario protocolo que se sigue con todos los artistas de entregarles un diploma o algún objeto artesanal–, lo que no se me olvida es el evidente nerviosismo que en ese momento mostró el conductor del evento diciendo, palabras más, palabras menos: “Hay que agradecerle al señor alcalde el hecho de poder expresarse tan libremente”.

Frente a esto, lo que con más emoción guardo en mi memoria –claro que la tengo– fue la exclamación jubilosa de las más de 8 mil personas presentes cuando, al volver a tomar la palabra, de cara al público le precisé a ese conductor que la libertad de expresión no es un favor que deba agradecérsele a nadie, sino que se trata de un derecho inalienable de cualquier ciudadano, artista o no.

Atentamente

Guillermo Velázquez

Trovador de los Leones en la Sierra de Xichú