En su recorrido por varias entidades de Estados Unidos la Caravana por la Paz se dio de bruces con Texas, una armería gigante más que un estado de la Unión. Aquí, como ha dicho Javier Sicilia, las armas se compran como dulces. Y eso se pudo comprobar: dos personas –una extranjera y un estadunidense– adquirieron sin dificultades y sin trámites engorrosos un revólver y un fusil de asalto. “Esto es Texas”, dice orgulloso un armero. Y en efecto, en ese estado se han adquirido decenas de miles de armas que ahora mismo utilizan en México los cárteles de las drogas.
PASADENA, TEXAS.- “Esto es Texas, cariño”, le dijo el comerciante a la mujer que en 10 minutos compró un revólver Magnum 357 en 400 dólares sin presentar identificación. Bastó pagar para que le entregaran la pistola y pudiera llevársela de la feria de armas instalada en el Centro de Convenciones de este pueblo.
Hace un año el presidente Barack Obama le aseguró a Felipe Calderón que se había redoblado la vigilancia para evitar el trasiego de armas a México (Proceso 1792). Pero ese tráfico no ha parado.
Adquirir armas en Estados Unidos es como comprar dulces, ha repetido Javier Sicilia desde que llegó a este país encabezando la Caravana por la Paz. La joven extranjera que lo acompaña pudo comprobarlo en el tianguis de esta ciudad cuando se le ocurrió preguntar si podía adquirir el revólver; dijo que lo necesitaba porque viaja sola por carretera.
Sonriente el comerciante, un joven blanco, le dijo que esperara, que hablaría con su socio. No pasó mucho tiempo. Regresó y le dijo que no había problema.
–Pero no tengo papeles… soy extranjera –le advirtió.
–Esto es Texas, cariño –contestó y registró el revólver a nombre de uno de sus socios.
A la entrada de la sala de exposiciones un panel de la Asociación Nacional de Rifle (NRA) recibe a los visitantes con un lema: “Todas nuestras victorias, todos nuestros derechos, todas nuestras libertades”.
En la feria los armeros muestran sus productos a hombres y mujeres, a familias enteras que incluso llevan a sus niños como si estuvieran en un supermercado.
Hay largas hileras de mesas metálicas donde se ofrecen fusiles AK-47 por menos de 500 dólares; pistolas argentinas, alemanas o estadunidenses por 250 y 300 dólares; pequeñas armas de un solo tiro con culatas de colores por 200 dólares o con culatas ergonómicas por 250; 500 balas por 45 dólares, miras telescópicas, binoculares nocturnos, cuchillos, espadas, ropa, todo lo que podría necesitar un ejército irregular.
Dentro del amplio espacio del Centro de Convenciones de Pasadena también deambulan algunos hombres y mujeres que ofrecen rifles o pistolas usadas, sin ningún requisito.
Es la versión moderna del Viejo Oeste donde en el espacio de la libre competencia se vende cualquier tipo de armamento en una feria a la que entran hasta los niños… y a ellos les permiten “probar” las pistolas, empuñarlas y apuntar a blancos imaginarios.
Pero si en ese tianguis no es difícil comprar rifles de asalto, pistolas o cartuchos hay otros lugares donde es aún más fácil adquirirlos. Por ejemplo en la cadena de supermercados Walmart, a un lado de los neumáticos o los enseres domésticos se venden potentes rifles de cacería que en manos de un sicario pueden ser letales.
En los pasillos por donde pasan las familias con sus pequeños hay grandes vitrinas donde se exponen escuadras y revólveres de diferentes calibres. Las tiendas de artículos deportivos, como Action Pawn, también exhiben diversos tipos de escopetas, revólveres, rifles de asalto, miras telescópicas y cartuchos de casi todos los calibres.
Pero si el arma de su agrado no está en el supermercado, en la armería o la tienda de artículos deportivos, aún hay alternativas. En un recorrido de este reportero por algunos lugares de Houston se descubrió una opción menos regulada para comprar lo mismo y más barato: las casas de empeño.
Resulta que cuando les urge efectivo los texanos no suelen empeñar televisores o joyas sino las armas que tienen en casa.
Las armas son parte importante de la economía de las ciudades fronterizas del sur de Estados Unidos. En 14 de ellas en Nuevo México, Arizona y Texas hay 8 mil 289 armerías. Más de la mitad son texanas y la mayoría está en Houston: 355.
Le siguen Phoenix con 219, Tucson con 200, Albuquerque con 138 y Austin con 105, según un reporte de la agrupación Fellowship of Reconciliation.
Según datos de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) recopilados por el corresponsal de este semanario en Washington, Jesús Esquivel, en los últimos 10 años sólo dos armerías han perdido sus licencias por violar las reglamentaciones; pero en el sexenio de Felipe Calderón se han confiscado más de 65 mil armas adquiridas por los cárteles mexicanos en Estados Unidos (Proceso 1792).
En aras del libre comercio
El 18 de agosto en Albuquerque, Nuevo México, Araceli Rodríguez –quien busca a su hijo Luis Ángel, expolicía federal desparecido en 2008 y que según las autoridades fue ejecutado con otros seis compañeros por La Familia Michoacana– miró incrédula el fusil AR-15 que le vendían por 15 mil pesos.
Lo que más la horrorizó fue ver a los niños ahí, jugueteando con las armas expuestas en la feria anual de esta ciudad. “Tengo ganas de llorar; veo a la infancia en medio de las armas, a bebés que traían ahí, a niños que estaban paseando; y sólo se necesita la licencia (de manejo) para tener armas que matan a cualquiera. Me siento impotente porque no sé si una de esas mató a mi hijo. Quiero decirle al presidente Obama que ya no permita esto”, dice.
Ese día integrantes de la Caravana por la Paz encabezados por Javier Sicilia acudieron a la feria de esta ciudad con la intención de dar un mensaje de paz. No pudieron. Se paralizaron. Se aterrorizaron ante el horizonte metálico de 500 puestos repletos de armas.
Por las medidas de seguridad los fotógrafos y camarógrafos no pudieron meter sus cámaras profesionales a la feria, tuvieron que usar sus celulares para capturar las imágenes. Imposible no registrar las largas filas de metralletas estadunidenses, argentinas, turcas y europeas que los potenciales compradores tomaban con toda naturalidad para asomarse por la mira telescópica y poner el dedo en el gatillo.
Sicilia dialogó unos minutos con uno de los comerciantes. Escuchó sus razones –seguridad y libre comercio– para vender las armas. Luego recorrió los puestos y se detuvo en el de la NRA.
Impactado, pronunciaba la frase que ha repetido en los últimos días: “Los venden como dulces. No se dan cuenta de la responsabilidad que tienen en la guerra contra las drogas que hay en México”.
Hace casi un año, entrevistada por el corresponsal de Proceso en Washington, la directora de Relaciones Públicas de la NRA, Rachel Parsons, declaró: “Nunca vamos a soportar que gobiernos extranjeros, en este caso el de México, culpen a las leyes de Estados Unidos que permiten la compra y portación de armas, o a los fabricantes de las mismas, por los problemas, las tragedias y la violencia que sufren” (Proceso 1811).
Al salir de la exposición Sicilia comenta que los vendedores de armas sólo siguen su lógica de mercado y con el argumento de la tenencia de las mismas para la defensa legítima “no toman en cuenta la invención de las guerras que han librado en otros países, de la guerra estúpida que hay en México entre un gobierno corrupto y los cárteles de la droga, que es alimentada por sus armas”.
Exclamó: “Es un horror; nunca había entrado a una cosa así, es un escupitajo a los padres fundadores de esta patria que en la Segunda Enmienda de la Constitución pusieron la posesión de armas para protección, no para exterminio”.
El 25 de agosto un integrante de la agrupación Law Enforcement Against Prohibition (LEAP) integrada por exmilitares y expolicías a favor de la legalización de las drogas, compró un fusil AK-47 por 400 dólares en la exposición de armas de Pasadena, Texas.
El hombre que compró el fusil se llama Richard, estuvo en la Marina 11 años y trabajo en la DEA 22 más como piloto, patrullando aguas del Caribe para detectar aeronaves con cocaína.
Al preguntarle si estaba a favor de las armas dijo que sí, pero de manera reglamentada. “Son necesarias para protegernos, pero se ha convertido en un círculo vicioso. Es como en la Guerra Fría: producíamos más armas pensando que los rusos tenían más armas y entonces teníamos que protegernos”.
“Salvar la dignidad”
El 27 de agosto en Houston la Caravana por la Paz efectuó un acto emblemático: sin pedir permiso a las autoridades destruyó las dos armas –el AK-47 comprado por Richard y la Magnum que adquirió la extranjera que acompaña a Sicilia– con una sierra eléctrica y un mazo; los restos serán enviados a Washington como protesta contra el trasiego ilegal de armas a los cárteles mexicanos.
Un día después, entrevistado en Atlanta, Sicilia precisa que el tráfico ilegal de armas no es el único tema de la agenda de la Caravana por la Paz y que el acto de destrucción fue para llamar la atención de los medios estadunidenses, que están “como avestruces, con la cabeza escondida”.
Aclara que no pretende cambiar la Segunda Enmienda de la Constitución estadunidense sino pedir controles estrictos. “No se lee bien. Fuimos muy enfáticos y dijimos que veníamos por la paz que está en función de la guerra que tiene como origen la prohibición de las drogas y lo que genera, como los negocios legales e ilegales de la violencia. Mientras no se controlen las armas y se regularicen las drogas el dolor va a ser de los dos países. La otra parte está en el lavado de dinero”, explica.
Al concluir la segunda semana de su gira por 22 estados de la Unión Americana, una vez que se han recorrido la frontera con México y los estados de Alabama y Georgia, el dirigente del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad destaca otro tema de la Caravana: Visibilizar la criminalización de negros y latinos en la guerra contra las drogas en los dos países. Cita que 25% de la población carcelaria por delitos relacionados con las drogas es de negros y latinos.
“Esto es la ilegalidad, la invención de una criminalidad que es la posesión de drogas o la droga como una sustancia ilegal que sirve muy bien para los negocios de las cárceles que son privadas. Toda esta es la agenda general de la caravana y creo que por desgracia no se ha entendido”, insiste.
Sicilia destaca la ayuda de organizaciones con fuerte presencia en Estados Unidos como Global Exchange, LEAP, Angelica, la Alianza Nacional de Comunidades de Latinoamérica y el Caribe y la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color, que recibieron a la caravana en Montgomery, Alabama, cuna de la lucha por los derechos civiles encabezada por Martin Luther King.
“Venimos a pedirles su ayuda. No nos dejen solos. Necesitamos una ruta de paz, no podemos seguir en una lógica de guerra, menos en una guerra tan absurda como la de las drogas que alimenta a la pura violencia, a la productividad de la mafia, a la criminalidad, la corrupción de la policía, de autoridades, dinero para el ejército, dinero para la violencia, dinero para las cárceles. ¿Quiénes ganan? Los empresarios y los criminales. La sociedad pierde”, sostiene en entrevista.
Se le comenta lo que algunos dicen en México de la caravana y de su papel: “¿Qué va a hacer este hombre al llegar a Estados Unidos y pedir que acaben cosas que son sagradas?”
“Salvar la dignidad y eso es mucho. Es mejor encender una vela que maldecir en la oscuridad o tirarse al piso pensando que no se puede hacer nada. Se trata de salvar la dignidad de la conciencia. Esto es por el amor a mi hijo, a mi familia, por el amor que le tengo a México, que es muchísimo. Eso es dignidad. Los que quieran enterrase en el hoyo, los que han decidido enterrar su vida, pues es su problema, no el mío”, responde.
Al momento de la entrevista a la Caravana le restan 12 días para acabar. Sus integrantes muestran el cansancio de las noches pasadas en el suelo de iglesias, gimnasios o escuelas y los trayectos de hasta nueve horas diarias en los dos autobuses rentados. El poeta se ve agotado.
–¿No es algo quijotesco que un grupo de mexicanos venga hasta acá, a las entrañas del imperio, a pedir justicia?
–Sí lo es y no está mal que en medio de la racionalidad imbécil El Quijote sea la figura que nos orienta. Eso me encanta.








