De Sabina Berman
Señor director:
En el número 1867 de Proceso, la prestigiada periodista Columba Vértiz publica una entrevista a la sobrina de Chavela Vargas, Yisela Ávila Vargas, en la que ésta asevera cosas muy graves. Que durante sus últimos años de vida, Chavela estuvo en una suerte de aislamiento forzado por María Cortina, su biógrafa. Que fue mal cuidada por la misma María, incluso, tal vez, forzada a viajes que resultaron fatales para su salud. Y que fue enterrada sin los ritos que Chavela hubiera deseado.
No me liga a María Cortina ningún lazo. La conocí cuando Katia D´Artigues y yo la buscamos para concretar una entrevista con Chavela Vargas hace ya dos años y no he vuelto a verla. Por puro amor a la justicia, quiero referir lo que entonces observé.
Chavela estaba muy enferma, atendida por una enfermera. La primera vez que llegamos a su búngalo, en la carretera entre Cuernavaca y Tepoztlán, no tenía fuerza para levantarse de la cama, y María nos pidió que volviéramos. Cuando un mes después María me llamó, volvimos. Chavela estaba radiante, salió a recibirnos al jardín con sus lentes negros, su sonrisa de dientes muy blancos y su jorongo rojo, nos sentamos en unos sillones de mimbre con espaldares altos, como si fuesen tronos campiranos, y nos dio una larga entrevista, de cerca de dos horas y media, donde nunca perdió el hilo, al contrario, donde contó con sabiduría de narradora historias entrañables y también cantó a capela.
No noté ninguna tensión entre Chavela y María. No noté animadversión, ni sumisión ni dominio de una sobre la otra, y en cambio sí los gestos de una amistad profunda. Claramente María era el contacto de Chavela con el mundo y dependía de ella para concertar citas y organizar proyectos y viajes. Y claramente María admiraba a Chavela con devoción. A la pregunta de si se llevaba con su familia original, Chavela contestó con ligereza que hacía años no había viajado a verlos.
Hablé también con la vecina de Chavela, que además es la dueña de la amplia propiedad en que el búngalo que Chavela ocupó se encuentra. Hay que precisar: entre la casa de la dueña y el búngalo de Chavela hay unos 50 metros escasos y ninguna barda. Me contó de la cotidianidad de Chavela y lejos de hacerme notar alguna violencia entre Chavela y María, comentó que era una suerte que María dedicara tanto tiempo, ella calculaba que la mayor parte de sus días, a los intereses de la cantante.
La entrevista como forma periodística tiene sus virtudes y sus límites. Su límite principal es que da voz a alguien que puede estar falseando la realidad con premeditación o puede decir “toda su verdad”, pero sólo la que ella es capaz de apreciar. Conociendo el rigor periodístico de Columba Vértiz, supongo que al texto publicado lo seguirá con una investigación más amplia en que los dichos de Yisela Ávila Vargas se confirmen o desmientan. Por lo pronto yo ofrezco lo antes escrito.
Atentamente
Sabina Berman








