Se conoce poco del teatro comunitario en nuestro país; del hecho por indígenas o por profesionales que trabajan en lugares remotos o en colonias alejadas del “centro”; del que se preocupa por sacar a la luz las historias ancestrales de nuestro territorio; las de los abuelos, las de los abuelos de nuestros abuelos… las del origen.
El grupo Teatro de los Volcanes, bajo la dirección de Raúl Peretz, organiza desde 1995 un festival anual en diferentes regiones del país con esas características. La XVII edición se acaba de llevar a cabo del 10 al 17 de agosto en San Cristóbal de las Casas y en Zinacantán, Chiapas. Durante una semana se reunieron diversos grupos para mostrar sus espectáculos en teatros, auditorios y plazas. El huracán Ernesto obstaculizó en un principio que en la inauguración al aire libre se realizara la ceremonia ritual del bastón de mando con los grupos participantes y representantes de las lenguas indígenas mayas, tzotzil, tzeltal, lacandón y chol. Está establecido que cada año el bastón de mando se pasa al grupo que llevará a cabo el festival siguiente y será el mayordomo de la fiesta. En años anteriores se realizaron en Tepetlixpa, Amecameca, Chalco, Tlayacapan, Totolapan, y en los tres últimos años en el Teatro Morelos del IMSS, sede en ese tiempo del Teatro de los Volcanes.
Una de las líneas que siguió el festival fue el teatro de niños para niños y presentó, entre otras, La historia del ahuehuete sabio de Raúl Peretz con su propia compañía, sobre leyendas indígenas del origen de la vida, y la obra ¿Qué tan alto es arriba?, con el Grupo de teatro Caracol Arte Escénico, en la que una niña recurre a los magos del viento, de la lluvia y de la nieve para evitar la muerte de su abuelo. Teatro de los Volcanes también presentó En un lugar de la Mancha de Norma Román Calvo, y Sor Juana la musa de los volcanes en espacios cerrados y abiertos. Aunque todos los espectáculos fueron de entrada libre, la difusión y la asistencia fueron precarias; por eso cuando En un lugar de la Mancha, que ha sido llevada con éxito a variadas regiones del país, se presentó en la plaza central de San Cristóbal, tanto para transeúntes, turistas, habitantes del lugar y vendedores indígenas, gran cantidad de personas la pudo disfrutar. El humor de la obra y su agilidad hizo que las risas y la festividad teatral se hicieran patentes.
También dieron funciones un par de obras de corte turístico en lengua maya: El Popol Vuh, soplo de vida del maestro Josué Cabrera con el grupo del Centro Cultural Jalil Gibran, que ha sido reconocida en diferentes partes del mundo, y Palenque rojo, que lleva 700 representaciones en el Teatro Zebadúa de San Cristóbal, con todo luz y sonido.
En lo que corresponde al teatro indígena, estuvieron presentes el grupo de teatro de San Cristóbal de las Casas, Snat’zil’bajom (que significa “cultura para los indios mayas”) en el Foro de la comunidad de Zinacantán y en el Teatro de la Ciudad de San Cristóbal, con las obras Cuando nace el maíz y Kautm 13 Ajau, en lengua tzotzil. Ambas son creación colectiva y las interpretó el grupo Lo’Imaxil. La primera aborda el mito de la creación y la segunda es la visión de los mayas actuales sobre el final de su calendario. El grupo Snat’zil’bajom tiene ya más de 25 años dedicándose al apoyo y difusión de teatristas, escritores y músicos indígenas y en 2004 obtuvo el Premio Nacional de las Artes.
El grupo de Zinacantán presentó su más reciente trabajo, Epidauro, de Ruth Estrada, que habla de las comunidades expulsadas y oprimidas por los espíritus malignos controlados por el cacique. Con el director tzotzil Ricardo Hernández pudimos tener una conversación iluminadora acerca de los temas, las formas de trabajo y las puestas en escena que ha llevado a cabo el grupo Ajvetik Sots. La semana próxima haremos una reseña de sus propósitos y sus logros por el rescate de la tradición oral.








