Chusovitina “Maravilla biológica y fisiológica”

La gimnasia artística es la razón de ser de Oksana Chusovitina. Comenzó a entrenar a los ocho años y hoy, a los 37, participa en su sexta cita olímpica.

Compitió bajo los colores de la URSS, la Comunidad de Estados Independientes (CEI) en que ésta se desgajó en 1991, y más tarde para su Uzbekistán natal. Desde 2006 lo hace para Alemania. Llegó a disfrutar las últimas mieles del apoyo que la Unión Soviética le daba al deporte de alto rendimiento.

Se convirtió en figura internacional mientras el bloque socialista se desmoronaba. Sólo el nacimiento de su hijo y algunas lesiones han conseguido apartarla momentáneamente de las competencias. A lo largo de su carrera ha sido campeona mundial, olímpica, europea, asiática, soviética, uzbeca y alemana.

La gimnasia artística femenina, individual o por equipos, abarca cuatro especialidades: barras asimétricas, viga de equilibrio, ejercicios de piso y salto de caballo. Oksana Chusovitina destaca particularmente en esta última, modalidad en la que ganó nueve medallas en 10 campeonatos mundiales, lo que constituye un récord. Su sexta participación olímpica es también una excepción mayúscula. El largo periplo comenzó en Barcelona 92, donde obtuvo medalla de oro en la competencia por equipos.

 

Temple

 

Oksana Chusovitina nació en 1975, en Bujará, Uzbekistán, pero creció en Taskent, la capital de ese país, que por entonces formaba parte de la URSS. Es la menor de cuatro hijos de una familia trabajadora. Se acercó por primera vez a la gimnasia artística junto a uno de sus hermanos. Hoy suele decir que haber comenzado a los ocho años fue “un poquito tarde”. Desde niña, sin embargo, exhibió un gusto por los desafíos. Entrenaba por decisión propia con el grupo de los varones y no con el de las niñas.

La disciplina y el talento han sido, también en su caso, claves de su prolongado éxito. La concentración y el temple terminaron de forjarse en Moscú. Con 12 años, en 1987, fue invitada a entrenar en el centro de élite para los gimnastas soviéticos.

“Era un poco duro, porque cada día era lo mismo: tres turnos de entrenamiento, tres de comida, a veces teníamos escuela después del tercer entrenamiento”, recuerda en un documental del canal WDR de la televisión alemana. “Casi me muero… dormíamos muy poco”, sonríe con un dejo de nostalgia. “Ese fue un momento muy bueno y una gran escuela; también para la vida, porque ahí tenías que pelear siempre”.

Los primeros resultados no tardaron en llegar. En 1988, con sólo 13 años,  se consagró campeona soviética junior en el all around  y en la prueba de ejercicios de piso. En 1990, ya como senior, fue campeona de Europa junto al equipo soviético. En 1991, fue campeona mundial por equipos e individual en piso. Y en su primera participación olímpica, en Barcelona 92, ganó la medalla de oro por equipos.

Después de este triunfo, dudó en continuar o no con la alta competencia. “Fue mi cuerpo el que me pidió que siguiera”, dice, con mirada vivaz y modos suaves, en el citado documental de la televisión alemana.

 

Las pruebas más duras

 

Chusovitina es profesora de educación física. Está casada desde 1997 con el uzbeco Bakhodir Kurbanov, un luchador grecorromano que participó en dos ediciones de Juegos Olímpicos. Chusovitina interrumpió la práctica activa del deporte al quedar embarazada. Su hijo, Alisher, nació en 1999.

Son muy pocas las gimnastas que vuelven al máximo nivel después de ser madres. Además de Oksana lo han logrado la cubana Leyanet González, la rusa Larisa Latynina y la alemana Suzanne Harmes. Chusovitina ganó medalla de plata para Uzbekistán en el Campeonato Mundial Bélgica 2001 en salto de caballo. Es una leyenda en su país natal. Ese mismo año su figura apareció en un sello conmemorativo del correo uzbeco.

En 2002, se trasladó a Alemania por motivos extradeportivos. A su hijito de tres años se le había diagnosticado leucemia. El tratamiento en un centro especializado de Colonia, a base de quimioterapia, costaba 120 mil euros. Los premios en el ámbito de la gimnasia artística suelen ser magros. Un grupo de amigos alemanes organizó una colecta que permitió costear el largo tratamiento.

Chusovitina continuó su actividad deportiva en Colonia. La Asociación Alemana de Gimnasia Deportiva le ofreció nacionalizarse. En 2006, aseguró la clasificación del equipo germano a los Juegos Olímpicos de 2008. En Beijing, durante la competencia final, intentó algo que nunca antes había mostrado: un salto de alta complejidad y riesgo llamado Tsukahara con doble tirabuzón que le valió la plata. Chusovitina se convirtió a los 33 años en la gimnasta de mayor edad que consigue ganar una medalla olímpica.

Ahora tiene 37. Atrás quedaron operaciones en el tendón de Aquiles y el tendón del bíceps. Su cuerpo menudo, grácil, eléctrico, de 1.53 metros de altura y 46 kilos de peso, no se diferencia del de sus compañeras que no llegan a la veintena. Pero mientras las jóvenes entrenan seis horas por día, Chusovitina ha diseñado su propio programa de entrenamiento, que le ocupa la mitad de ese tiempo. Así alcanzó la medalla de plata en salto de caballo en el Campeonato Europeo realizado este año en Bruselas. “Oksana es una maravilla biológica y fisiológica”, resume Ulla Koch, entrenadora del equipo alemán de gimnasia artística.

El futuro de Chusovitina cuando concluya su carrera deportiva está junto a su familia, en Taskent, Uzbekistán, donde tiene una escuela de gimnasia deportiva. Además, desde hace tres años entrena al equipo nacional uzbeco.

El presente, en Londres, le plantea un nuevo desafío: agregar una medalla a las 17 que ya consiguió a escala internacional. Cerrar con brillo su paso por la gimnasia artística.

“Me he preparado de manera un poco diferente”, le dijo Oskana Chusovitina al diario berlinés Der Tagesspiegel en julio pasado. “Sé que en esta competencia tengo que mostrar todo lo que sé hacer, porque para el final de mi carrera quiero que todo salga muy bonito”.

Chusovitina buscará su última medalla este domingo 5 de agosto en la prueba de salto de caballo.