Cada justa olímpica busca y encuentra sus símbolos. Para Londres 2012 ya se perfilan dos gimnastas: la rusa Aliya Mustafina y la uzbeka Oksana Chusovitina. La primera, joven multipremiada. La segunda, una veterana sobreviviente de la debacle soviética y que ahora compite amparada por la bandera alemana.
El equipo ruso de gimnasia ganó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, detrás de Estados Unidos. Aliya Mustafina, de 17 años, y Victoria Komova son las dos estrellas del conjunto.
Aliya, campeona mundial en 2010 y tricampeona de Rusia, es la deportista que más preseas ha ganado para su país en los últimos cuatro años. Llegó a Londres después de romperse los ligamentos cruzados de la rodilla izquierda, lesión que la hizo perderse el Campeonato Mundial 2011.
Al desaparecer la Unión Soviética se desintegró asimismo su equipo de gimnastas, que participó por última vez de manera unificada en Barcelona 92. Duro golpe para la gimnasia en los países que integraban la URSS. Sin embargo, el equipo ruso que compite en Londres ha demostrado ser un fiel heredero de la tradición soviética.
Como muchas niñas rusas, Aliya empezó con la gimnasia desde muy pequeña, en el famoso CSKA, Club Deportivo Central del Ejército, conocido como el club del Ejército Rojo, representado en estos juegos por más de 100 deportistas.
Su padre, Fargat Mustafina, ganó la medalla de bronce en lucha grecorromana en los Juegos Olímpicos de Montreal 76, y su hija heredó su espíritu combativo. A los seis años, Aliya iba sola al entrenamiento con su hermanita, Naliya, de cuatro años. Salía de su casa en Moscú, en el más crudo invierno, caminaba hasta la estación de metro Dobryninskaya, llegaba hasta la estación Bielorruskaya, donde transbordaba a otra línea del metro que la llevaba hasta la estación Aeroport y de ahí caminaba hasta el club.
En una larga entrevista publicada en su página web (aliyamustafina.ru), Fargat dice que una de las profesoras del club, Galina Stepanienko, fue quien le insistió en que llevara a su hija a clases de gimnasia.
Cuando la entrenadora se dio cuenta del potencial de Aliya, la tomó bajo su protección. “Gimnastas talentosos hay muchos, pero lo que distingue a uno talentoso de un triunfador es su sistema nervioso”, dice la profesora en la entrevista.
Su destino, ser campeona
Mustafina comenzó su carrera en 2007 en el Campeonato Mundial Juvenil, donde obtuvo medalla de plata en los cuatro ejercicios y en la prueba general. Ganó su primer oro en el Campeonato de Europa de 2008; en 2009 consiguió su primer título como campeona de Rusia, y luego ayudó a su equipo a conquistar el segundo lugar en la copa Japón, en Tokio.
Aunque es muy joven, ha tenido que demostrar que no sólo tiene los músculos, sino también los nervios de acero, porque luego de sus primeros triunfos sufrió una gran decepción cuando su entrenadora se marchó a Estados Unidos.
Era como quedar huérfana. En actitud de protesta, Aliya se quedaba callada en una esquina durante horas en los entrenamientos; incluso sus padres llegaron a pensar que abandonaría la gimnasia. Pero Galina, su ángel guardián, le pronosticó al papá: “tu hija va a ser campeona” y le pidió a Aleksandr Alexsandrov, uno de los mejores entrenadores de Rusia, que se hiciera cargo de su formación.
Alexsandrov admira el carácter de Aliya: “Gimnastas de este nivel deben tener carácter. Las buenas y angelicales no pueden ganar; pueden ser buenas, pero no ganan”.
Mustafina volvió a la competencia para triunfar en el Campeonato Mundial Rotterdam 2010, cuando obtuvo oro por equipos y en el all around individual y plata en tres pruebas más: salto de caballo, barras asimétricas y ejercicios de piso.
En 2011 se rompió los ligamentos. Tuvo que ser operada en Alemania. Durante meses estuvo en rehabilitación, alejada de las competencias y con la angustia de no saber si acudiría a sus primeros Juegos Olímpicos.
Mientras se preparaba para Londres, terminó de estudiar la secundaria con altas notas en física y en matemáticas, sus materias preferidas, con ayuda de su madre, profesora de física.
“Los Juegos Olímpicos coinciden con el pico de mi carrera”, dijo Mustifina, quien espera traer de vuelta varias medallas de oro y plata. De novios, ni hablar. “Ahora, sólo gimnasia”, ha dicho esta joven, que en la plenitud de la vida es pura concentración, tensión, arte y equilibrio dictado desde esa cabecita que domina hasta el último músculo.
En sus ojos brillan dos puñales de acero. Parece no tenerle miedo a nada cuando salta sobre el potro, se balancea entre las barras o hace piruetas en la viga de equilibrio.
Es que Aliya heredó lo mejor de la gimnasia soviética, en la que el arte es un requisito tan importante o mayor que las estrictas reglas deportivas. Así lo explicó Tatiana Lisenko, campeona olímpica de 1992, en el sitio gymnastique.org: “Nunca habrá una garantía de que no se cometerá un error. Y tomar riesgos es parte de la filosofía de nuestro equipo: la idea de que si se puede hacer algo, hay que hacerlo, hay que mostrárselo al mundo. No se trata de ganar puntos. Se trata de mostrar la mejor gimnasia posible en sentido puro”.
Ahí están ellas, volando con elegancia, saltando y dando vueltas en el aire, realizando piruetas de extrema complicación, pero que parecen obras de arte realizadas por seres alados. Por eso, aunque ahora le llamen gimnasia deportiva, para las rusas siempre será gimnasia artística.








