Señor director:
Mucho agradeceré publique esta respuesta a la profesora Blanca Luz Melo Zambrano que en la edición 1864 de Proceso me dirigió una carta (bajo el título Reclama a Valdés Zurita hacer justicia ante las irregularidades):
Profesora Melo Zambrano:
Quiero agradecerle sinceramente sus felicitaciones, y compartir con usted algunas reflexiones que me surgieron al leer su carta.
Tal vez no lo sepa, pero déjeme decirle que la mayor parte de mi vida profesional la he dedicado a la academia. Por más de 20 años fui profesor universitario y me he especializado en el estudio de la ciencia política y de los procesos democráticos, y de manera particular he estudiado el caso de nuestro país.
Esta vocación me llevó a participar en un partido político de izquierda, que hoy ya no existe, y a analizar detenidamente la evolución de los procesos electorales en México. Al comparar las instituciones que hoy tenemos con las que teníamos hace 50, 40, 20 años o seis, o incluso al compararlas con las de otros países de amplia trayectoria democrática como Estados Unidos, Francia o Costa Rica, le puedo asegurar que tenemos un sistema electoral que garantiza equidad en las contiendas y que en los resultados refleja fielmente la voluntad de los electores emitida en las urnas.
No hay ningún otro país en el mundo que haya desarrollado tantos candados y medidas de seguridad para impedir que se falsifiquen las boletas, las listas nominales o que haya instrumentado un sistema para valorar el cumplimiento de los medios de comunicación electrónicos (radio y televisión) y que tenga las atribuciones para fiscalizar a fondo los recursos de los partidos políticos, como el que tenemos los mexicanos. Por eso nuestras instituciones electorales son un referente a nivel internacional y el IFE ha sido, y es, invitado a otros países, para explicar diversos temas de la organización de nuestras elecciones.
Debo decirle profesora Melo que ni yo ni algún otro consejero electoral legitimamos la elección. En nuestra democracia cada autoridad tiene definido su ámbito de competencia y el fundamento jurídico para su actuación. Lo que legitima los procesos electorales es el cumplimiento de las etapas, plazos y procedimientos establecidos en la ley. En la legislación electoral mexicana cada etapa y cada acción está reglamentada. Además, contamos con una ley específica (Ley general del sistema de medios de impugnación) para que quienes están compitiendo por el voto de los ciudadanos puedan defender sus derechos. Todos los partidos la conocen y la ejercen a lo largo de todo el proceso electoral, y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, como máxima autoridad en materia electoral, resolvió en cada ocasión, y de manera definitiva, lo conducente. Con ello, es importante comentarle, profesora, que cada decisión quedó firme y adquirió la certeza jurídica que exige la Constitución.
El IFE organizó la elección más grande de la historia, con el apoyo de cientos de miles de ciudadanos que recibieron y contaron los votos. Participaron más de 50 millones y cada uno, en las urnas decidió libremente y de manera secreta el sentido de su voto. La mayoría de esos mexicanos decidió que quería otra alternancia en el Poder Ejecutivo y que quería una integración plural tanto de la Cámara de Diputados como en el Senado de la República. El sentido de la alternancia, hacia un partido o hacia otro, lo determinan los ciudadanos, no las autoridades electorales. En mi nombre y a nombre de las consejeras y consejeros electorales del Consejo General, le puedo garantizar que lo único que nos importa es que la contienda se apegue a la ley y que se respete la voluntad de los ciudadanos emitida en las urnas, contada por otros ciudadanos a la vista de representantes de partidos, observadores electorales, visitantes extranjeros e incluso de representantes de los medios de comunicación y de organizaciones de la sociedad civil.
Permítame una última reflexión, estimada profesora. Yo también me muevo en el México real y en cada recorrido que hago por el interior del país, en cada reunión que sostengo con jóvenes, trabajadores, indígenas o empresarios, escucho voces y visiones distintas sobre nuestra nación, y todas son válidas y respetables como la suya. Y conforme veo las diferentes condiciones materiales y culturales de una región a otra, de un sector a otro, ratifico mi convicción por el perfeccionamiento de nuestra democracia.
Comprobar una y otra vez que todavía vivimos en una nación de contrastes, con lamentables condiciones de marginación, me motiva a comprometerme con la construcción de una democracia de ciudadanía, en donde los poderes públicos sean vigilados continuamente por los ciudadanos y éstos ejerzan sus derechos a plenitud.
Por ello, permítame decirle que para mí, los demócratas contamos con tres instrumentos poderosos para la transformación del país: uno es el respeto a la ley, el segundo es el ejercicio del voto y el tercero nuestro involucramiento en los asuntos públicos. Sólo así lograremos una nación más equitativa e incluyente donde la democracia se ejerza en cada elección y se viva diariamente. Por eso le agradezco sus palabras y le pido que siga confiando en las instituciones democráticas que estamos para aplicar la ley; no podemos hacer más, y tampoco podríamos hacer menos.
Atentamente
Dr. Leonardo Valdés Zurita








