“Cita a ciegas”

En una banca cualquiera se cruzan múltiples caminos. Caminos unidos por el tiempo o rotos por el azar o el desamor. La idea de las realidades paralelas abre otras formas de contar las historias de cuatro personajes cuyo punto de cruce es este parque, parque recreado por el autor argentino Mario Diament con las actuaciones de Silvia Mariscal, Fernando Becerril, Ángeles Marín, Marcia Coutiño y Luis Cárdenas.

En el Círculo Teatral Cita a ciegas celebró cien representaciones en el 2010 y ahora la reestrenan los fines de semana en el mismo lugar, para beneplácito de muchos.
Inspirado en Jorge Luis Borges, el autor coloca a un personaje ciego en una banca para “ver” y conversar con los que furtivamente aparecen. Como en el cuento “El otro” incluido en El libro de arena de Borges, los reconocimientos se dan a través de los libros; aquí La educación sentimental de Flaubert es el que al hombre ciego le permite identificar a la mujer con la que pudo haber construido una vida pero la circunstancia del primer encuentro lo impidió. En “El otro”, Borges o el personaje se encuentra con el yo de su juventud. En Cita a ciegas las historias le son ajenas al hombre ciego, pero se van entrelazando sutilmente, casi de manera invisible hasta llegarlo a involucrar.
No es verosímil que en esa banca coincida la vida de todos estos personajes, pero al igual que la biblioteca que contiene todos los libros, la banca contiene las historias de cuatro personajes con sus ramificaciones para desarrollar la hipótesis de un universo interrelacionado, de una realidad tangible conviviendo con realidades posibles o imaginadas; aquellas que sucedieron antes de la toma de una decisión, aquellas que no fueron escritas.
En Cita a ciegas Mario Diament plantea la existencia de posibilidades alternas pero sólo desarrolla las que cronológicamente y en el mundo real sucedieron. El hombre ciego se encuentra con un oficinista de banco obsesionado por una jovencita al grado de perseguirla de todas las maneras posibles. La jovencita deambula en su universo propio y a través de ella el hombre ciego descubre sus verdaderas intenciones. En un segundo acto el autor se ve forzado a trasladarnos al consultorio de la mujer del oficinista cuya paciente es esta joven; también atiende a una mujer insatisfecha la cual, para cerrar el ciclo, es la mujer de la que el hombre ciego se enamoró en su juventud y la que, sentado en la banca, añora eternamente.
En los dos espacios que plantea Cita a ciegas, es resuelta con habilidad por Arturo Nava y muy bien iluminada. El Foro del Círculo Teatral permite la sensación de intimidad, a pesar de ser una banca de parque donde imaginamos la jacaranda que observan o huelen los que llegan a ella. Los personajes se van develando de una manera natural con diálogos cortos y ágiles, acompañados de exposiciones más desarrolladas cuando entran en confianza y se cuentan secretos, aquellos que sólo a un extraño se le pueden contar. La palabra es el elemento principal para conocer a los personajes y sus conflictos, para mantener la intriga y la tensión dramática.
El director estadunidense Barclay Goldsmith, invitado a dirigir esta obra después de su trabajo como director en La mujer que cayó del cielo, de Víctor Hugo Rascón, no recurre a grandes movimientos en el escenario. Si la palabra es el centro, el director consigue que sea transmitida nítidamente y con verosimilitud. Desgraciadamente la tendencia de la dirección de actores es a la formalidad, haciendo que parte de los problemas no lleguen a transmitir la emoción requerida. Sobresale el trabajo de Silvia Mariscal y de manera sobresaliente la interpretación del hombre ciego por Fernando Becerril que a través de sus gestos faciales y el mínimo de movimientos comparte con el espectador todo un mundo interno dinámico y sombrío.