Partidero

Dieciocho años en el gobierno estatal fueron pocos para los arribistas que llegaron al PAN a corromperlo y a escalar o saltar de puesto en puesto, a enriquecerse y a favorecer a sus allegados. No obstante, para la sociedad que los padeció al menos en los últimos dos tercios, pero señaladamente en el último –el sexenio de Emilio González Márquez, que está por concluir–, fue demasiado tiempo. Más todavía porque, aun cuando se caracterizaron por hacer mal las cosas a ojos vistas, siguieron tan campantes, como si la ciudadanía no los viera, como si no tuviera memoria ni dignidad. Pero la sociedad tuvo y tiene memoria; tuvo y tiene dignidad. Y los electores se atrevieron a dar un paso, así fuera hacia atrás, en lugar de darlo hacia un lado, hacia la izquierda. Todo tiene su razón: darle un voto de castigo a Acción Nacional, en particular al emilismo (¿algo sabrá la computadora que me lo invierte por etilismo?). La derrota de Enrique Alfaro Ramírez, del Movimiento Ciudadano, pudo deberse al factor Emilio y su equipo por haberlo apoyado abiertamente, a despecho de su excolaborador, correligionario y “amigo” Fernando Guzmán Pérez Peláez. Si no hubiera sido eso, a la mejor Alfaro gana, o al menos hubiera dado una mejor batalla. Pero no, el gobernador panista y expresidente del PDM prefirió abandonar a su suerte y darle la espalda a Guzmán, una vez que avistó en la de Alfaro una mejor campaña, con posibilidades reales de llegar al triunfo. Emilio vio en Alfaro un aliado que, desde el gobierno, podría cuidarle la espalda, la salida… o hasta la huida, por como dejó un estado encendido en su contra, no únicamente por su liviandad e importamadrismo, sino por los negocios presuntamente turbios que hizo o permitió hacer a algunos de sus hermanos y a empresarios que recibieron a manos llenas asignaciones de obras y adquisiciones. Una muestra: la organización de los XVI Juegos Panamericanos.

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En la elección del domingo 1 el PAN perdió todo. Hasta la pena de perder tan de esa manera. Pero los blanquiazules no sólo perdieron la gubernatura, sino gran número de diputaciones y las principales presidencias municipales, entre ellas, de nueva cuenta, las de la zona metropolitana encabezada por esta capital. Ni siquiera el primer gobernador de Jalisco, Alberto Cárdenas, un gran activo del panismo venido a menos, pudo obtener la victoria. El haber pasado por tantos puestos, ascendentes y descendentes sin importar los cargos con tal de vivir del presupuesto. Triste papel de Bebeto. Al paso que va, ¿se postulará como candidato de su natal Ciudad Guzmán o terminará como simple regidor, delegado municipal o gendarme en algún lugar de Jalisco? Sobra decir que en todo esto el gran perdedor es Acción Nacional, que desde hace mucho perdió su doctrina y perdió todo.

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Los factores Televisa y Gaviota. Pocos días antes de las elecciones pregunté a la dueña de una fonda de mercado –gran catalizadora del sentir popular– qué la había decidido a dar su voto por Enrique Peña Nieto. “Soy fanática de las telenovelas y soy fanática de La Gaviota. Por eso, nada más”, me respondió. Ahí está dicho todo el por qué ganó este hombre hecho por Televisa. Funcionó el marketing, la asociación (¿casorio por mera conveniencia?) Angélica Gaviota Rivera-Peña Nieto. Pero, ¿es creíble el triunfo del exgobernador del Estado de México después de tantos tropezones, tantas metidas de patas, sobre todo después de tanto rechazo de jóvenes y viejos? Seguramente todo es posible con una televisora tan avasallante y un pueblo mayoritariamente ignorante y manipulable a base de telenovelas.

 

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