Señor director:
Le solicito publicar en Palabra de Lector la siguiente carta.
El primero de julio de 1974 quedó instituido el Día del Ingeniero. A decir verdad, se trata de un reconocimiento tardío en nuestro país, como ocurrió en el caso de los maestros. Recordemos que ambas ocupaciones han sido primordiales en la construcción del México posrevolucionario, y que en nuestras escuelas técnicas gran número de ingenieros prestaron servicio como maestros rurales, y algunos fueron asesinados debido a la intolerancia religiosa de principios de los años 30.
Con motivo de la expropiación petrolera, un grupo importante de ingenieros organizaron un laboratorio para producir tetraetilo de plomo. Los directivos de las industrias petroleras expropiadas decían que “los monos” mexicanos no podrían producir este elemento indispensable para la producción de gasolina. Cuando varios ingenieros trataron de obtenerlo, hubo dos muertos, pero el equipo restante redobló sus esfuerzos antes de que se acabara la reserva de gasolina y consiguió elaborar dicha sustancia. Esta fue una forma de ejercer la soberanía nacional ante los intereses imperialistas de las grandes potencias de la época.
La deuda del Estado mexicano con la ingeniería nacional es grande, máxime que los gobiernos neoliberales y los de la derecha clerical han marginado a los ingenieros de las decisiones del país, y los liderazgos de los gremios de la ingeniería mexicana que se fundaron para defender el ejercicio profesional han sido usurpados –como en el caso de la Asociación Mexicana de Ingenieros Mecánicos Electricistas (AMIME)– por funcionarios de la CFE que no cuentan con representación. Asimismo, la Asociación Mexicana de Ingenieros en Comunicaciones Eléctricas y Electrónicas (AMICEE) fue despojada, en esta administración federal, de un hermoso edificio histórico en el cual se prestaba un servicio social a la ingeniería mexicana.
No creo necesario enumerar más agravios por parte de los gobiernos, pero sí considero conveniente replantearnos la necesidad de rescatar nuestros gremios haciendo que quienes ocupen las dirigencias señalen los desatinos de los gobiernos federal y locales; solidarizarnos con nuestros compañeros técnicos e ingenieros despedidos de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, aglutinados en el SME; defender las industrias petrolera y eléctrica, e impulsar el desarrollo de la ciencia y la tecnología.
Obsérvese por ejemplo lo que ocurre en China, que crece a una tasa anual de 6% y cuyo Consejo de Ministros está integrado en su mayoría por ingenieros. Debemos exigir el respeto a las leyes y al estado de derecho y no permitir que el lenguaje perverso que usan los políticos impere.
Ya estamos hartos de economistas, licenciados, seudocomunicadores y seudolíderes sindicales que nunca han trabajado, así como de la representación magisterial que plantea el cierre de Normales porque sus estudiantes son críticos y sólo busca preservar la explotación de más de 60 millones de mexicanos con la complicidad de las televisoras, olvidando que el espectro radioeléctrico es propiedad de los mexicanos y debe estar a su servicio.
No dejemos en la desesperanza a la juventud mexicana que reclama educación, trabajo y vida digna, como tampoco a los ancianos que esperan pensiones dignas y servicios médicos de calidad.
Votemos en conciencia.
No permitamos la llegada de quienes piden urgentemente las reformas estructurales y las privatizaciones, o de quienes justifican su actuación arbitraria criminalizando la protesta pública. No olvidemos las represiones, desapariciones y asesinatos políticos de los gobiernos priistas, pero tampoco la ineptitud de los panistas con Pasta de Conchos, la guardería ABC, los asesinatos de periodistas y más de 60 mil muertos.
Ingenieros mexicanos, feliz primero de julio. (Carta resumida.)
Atentamente
Ingeniero Ernesto M. Pereira Cámara








