El debate entre candidatos presidenciales del domingo 10 había generado gran expectación, lo que se tradujo en una sintonía televisiva de 22 puntos en señal abierta, cifra que sólo suelen alcanzar las telenovelas y los partidos de futbol.
La radio también transmitió el evento en múltiples canales, la televisión de paga en emisoras nacionales y extranjeras como CNN. La cobertura de este canal abarcó toda América Latina, por lo cual los mexicanos en el exterior y los interesados en el proceso pudieron ver el debate en vivo.
Una vez terminado el ejercicio democrático, la mayor parte de las emisoras congregaron a comentaristas para calificar el debate y a sus participantes. CNN, Canal Once, Milenio, Canal 2, Canal 13, entre otros. La fragmentación y el horario hizo que el raiting bajara drásticamente; también la evidente parcialidad de los supuestos analistas. El eje central para calificar a los contendientes fue quién ganó o perdió.
Al día siguiente los periódicos retomaron el tema. Algunos lo hicieron bajo el mismo criterio: quién obtuvo el primero, segundo, tercer y cuarto lugar. Reforma asignó a Vázquez Mota el triunfo, seguida de AMLO, Peña Nieto y al final Quadri, tanto entre los especialistas congregados por el diario en tres ciudades del país, como entre los cibernautas de las redes. Lo mismo hicieron Milenio y El Universal. El argumento fue la transformación de Vázquez Mota al “ponerse los guantes”, “transformarse en una guerrera” y “dar la sorpresa”.
Según estas aseveraciones, el debate no es de ideas, ni de propuestas sino de agresiones en tono personal. Se descalifica ad hominem, no al proyecto. Y con eso se ganan puntos. La audiencia está acostumbrada al show en televisión. Si no hay espectáculo, se convierte en aburrido spot, como señalan algunos analistas. Qué corra la sangre pues de eso está hecha la urdimbre de una pantalla, hoy cuestionada por los jóvenes.
Los mismos a los que ahora todos los candidatos aclaman, pero a los cuales se les da muy escaso tiempo aire y se les quiere confinar a las redes.
La pregunta es inevitable: ¿Cuáles serían las cabezas de los diarios si AMLO hubiese sacado los guantes en lugar de Josefina? Me atrevo a decir que contrarios al candidato, a quien acusarían de haber perdido por belicoso, por no tener propuestas ni proyecto.
Es seguro que de aquí al final de la campaña electoral, sin que importe demasiado la crítica de los muchachos, la televisión continuará siendo tan parcial como hasta ahora, a favor del PRI. Esa imagen se reproduce hasta en el New York Times, que dice que el candidato indestructible pese a todo es Peña Nieto.
También impacta la abundancia de programas creados en todos los canales públicos; Once, Canal 22 y TV UNAM al frente de los cuales se encuentran conductores que no son periodistas, que ignoran toda una tradición periodística al interrogar a sus invitados, al conformar las mesas redondas con personajes que se repiten de un foro a otro. Sobra decir que entre los convidados siempre se encuentran en desventaja numérica los que buscan el cambio de gobierno, alentándolo con su actuar y sus reflexiones.








