Si las campañas políticas del siglo pasado se basaban en los manifiestos, las proclamas y los mítines donde se repartían gorras, camisetas, bolsas para el mandado, botones, plumas, lápices y demás, hoy –debido al avance de la tecnología– están pensadas más para la pantalla en los medios audiovisuales y el ciberespacio que para la calle.
Incluso, dice el investigador Juan Manuel Aurrecoechea, los actos públicos se planean para ser fotografiados y televisados; son puestas en escena donde los asistentes forman parte del espectáculo, y la gente a la cual realmente está dirigido es la que lo verá por televisión, internet o lo que sea, y “ahora los spots son mucho más importantes, cuando antes no existían”.
Curador de la exposición De Porfirio Díaz a Vicente Fox. Propaganda electoral en México durante el siglo XX, que actualmente se presenta en el Museo del Objeto del Objeto (MODO), el especialista en historia de la fotografía, la caricatura y el cine cuenta en entrevista con Proceso que Bruno Newman, fundador y patrocinador del recinto, lo invitó a esta curaduría tras haber organizado la exposición La Revolución Mexicana en el espejo de la caricatura estadunidense, en el Museo Carrillo Gil, en el marco de las fiestas del Bicentenario.
Le hablaron de la existencia de una colección superior a los trece mil objetos que da cuenta de las campañas políticas de más de cien años. Como siempre le ha interesado la propaganda, el diseño, la política y la gráfica, aceptó (él es coautor con el sociólogo Armando Bartra del volumen titulado Puros cuentos. Historia de la historieta en México).
El proyecto surgió en noviembre del año pasado y debía estar listo para su apertura en marzo, por ello no tuvo mucho tiempo para hacer más investigación, con más documentos, otros archivos o colecciones, pero le entusiasmó porque la colección le parecía interesante por sí misma, al margen de describir los objetos, hacer fichas técnicas y demás formalidades.
Decidió simplemente dejar que los objetos hablaran por sí mismos, presentarlos “lo más neutralmente posible”, sin demasiados textos informativos, pero sí con datos duros y claros, y que los espectadores llegaran y leyeran la selección de dos mil objetos como quisieran:
“Que la colección hablara como el inconsciente del sistema político mexicano.”
Así, la muestra tiene un orden cronológico, expresado en sus diversos temas: “Del ocaso de Porfirio Díaz al sufragio efectivo. 1900-1911”; “La Revolución y las urnas. 1917-1934”; “Los años del partido hegemónico. 1940-1982”; y “El pluralismo y la competencia. 1988-2000”.
Pero también se agrupan objetos que de otro modo se perderían, como pines, botones, plumas, lápices, encendedores, cachuchas. En un recorrido guiado, el investigador explica que así se puede ver cómo el mismo objeto se ha venido utilizando a lo largo de un siglo con algunos cambios.
Los botones de la época de Díaz, por ejemplo, tenían un diseño “europeizado” que simulaba un camafeo o tenía bordes dorados, y la imagen del personaje con su traje de militar y sus medallas. Los más actuales muestran a un Cuauhtémoc Cárdenas o un Ernesto Zedillo sonrientes, sin las formalidades del traje o la corbata, son de plástico o lata.
Las plumas pasaron de marcas como Parker, que seguramente se repartían sólo entre allegados al candidato o a gente con la que éste quería congraciarse, a plumas de plástico baratas repartidas por montones. Abundan objetos muy comunes: tazas, ceniceros, cajas de cerillos, carteles y banderitas, hasta cigarros como Delicados que apoyó a Díaz Ordaz, piezas de loza, botellas para bebidas alcohólicas, y aquella de refresco con la imagen de Zedillo, relojes de pared y de pulso.
Muchos de los objetos son utilitarios o cuando menos pretenden estar presentes en todo momento, como un juego de lotería o uno de cartas con la imagen de Adolfo López Mateos, pues el fin de la propaganda –subraya Aurrecoechea– es meterse en el inconsciente de la gente y estar en todos lados y a toda hora”.
Los objetos se complementan con un conjunto de publicaciones del acervo de Armando Bartra, fotografías y documentos del Archivo General de la Nación y el Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca.
Llama la atención que personajes como Díaz, quien se perpetuó en el poder, los candidatos del PRI de las épocas del llamado “carro completo” e incluso José López Portillo, que se presentó a elecciones sin competidor alguno, hicieran de cualquier modo una campaña política.
El investigador indica que se debe revisar la historia electoral para entender cómo algunas campañas eran una especie de “fiesta” para celebrar un cambio que en realidad no llegaba pues era el gatopardismo, “cambiar” para que nada cambie. Era, al final, la fiesta de la continuidad. Hay una imagen emblemática de ello de Adolfo López Mateos: una tarjeta holográfica que al moverse muestra a su antecesor Adolfo Ruiz Cortines.
“No era como hoy, que todos quieren ser diferentes para decir: ‘No soy culpable de lo que hicieron los anteriores’. Pero todo vuelve a ser continuidad, unos dejarán de ser diputados para ser senadores…”
A lo largo de cien años los objetos siguen siendo casi los mismos. Y dice el especialista que podría pensarse: “¿A quién se le ocurre ganar votos con una pluma o una gorra?”, pero sí tienen “una gran rentabilidad política”. Ahora se suman estrategias de marketing y hasta se traen especialistas de despachos internacionales, que se dice hicieron ganar al candidato de España, de Brasil, de “Tumbuctú”, y diseñan una imagen desde el peinado hasta la forma de vestir y de peinarse de los candidatos.
Aunque la colección tiene bastante material sobre la campaña de 2006, la muestra llega sólo hasta Vicente Fox, porque así lo decidió Newman, y Aurrecoechea estuvo de acuerdo por considerar que el candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, vuelve a competir, obligaba a tratar “con muchísimo cuidado” el tema para no inclinarse en su favor o en su contra. Además sigue al frente del gobierno Felipe Calderón. Todo ello pudo hacer que el público asistiera por ver cómo se les presentaba y no la historia de las elecciones, propósito final de la muestra.
El investigador indica también que siempre han existido los ataques y descalificaciones entre candidatos, aunque no estén plasmados en los objetos de la exhibición, pero seguramente estaban en sus manifiestos. Confía que en el futuro la sociedad sea cada vez más crítica y las campañas sean menos de un “candidato producto” y más de difusión política y de participación social, pues “Finalmente, elegir gobernantes es importante, ¿no? Hay objetos que pueden parecer humorísticos, pero hay una historia grave de decisiones políticas que han marcado el rumbo del país y el destino de mucha gente”.








