SAN ANDRÉS COHAMIATA.- Su anhelo era ser enfermera; terminó convirtiéndose en la primera feminista wixárika.
Patricia Moreno Salas tiene 34 años. Originaria de esta comunidad huichola metida en las entrañas de la Sierra Madre Occidental, cursó hasta el tercer semestre de preparatoria poco antes de quedar embarazada y tener que casarse. Ahora representa a Jalisco en un grupo de mujeres indígenas que han unido sus voces para denunciar la opresión machista y exigir la equidad de género dentro de sus comunidades en cada estado.
El nuevo movimiento feminista indígena ah trabajado desde 2004 con mujeres wirrárikas para fomentar los derechos de las mujeres e impulsar cambios en leyes y normatividades para que incluyan su derecho a ser propietarias de tierra, ya sea como ejidatarias y comuneras, o como herederas y representantes en los órganos locales de gobierno.
Este año una de las alumnas de Moreno Salas, María Trinidad Reza Mijares, se convirtió en la primera mujer que asume un cargo público en la historia de la etnia: es presidenta del consejo de vigilancia de la comunidad y, aunque parece tímida, a sus 52 años Trinidad no titubea cuando se trata de dialogar y llegar a acuerdos con los demás funcionarios de San Andrés.
Moreno Salas relata cómo se logró este avance: “Mi objetivo era sensibilizar a las autoridades para que las mujeres pudieran aspirar a cargos públicos. Primero tuve comencé a trabajar con ellas informándoles sobre sus derechos, luego nos pusimos las pilas y comenzamos a exigir un espacio en el gobierno. Se opusieron argumentando que sólo los comuneros podían participar, pero vimos que también había mujeres comuneras y dueñas de sus propias tierras, por lo que no les quedó de otra y nos reconocieron nuestro derecho a participar, votar y ser votadas, y ahora vemos los resultados.”
Desde el año pasado la Sociedad Mexicana Pro Derechos de la Mujer (Semillas) y la Organización de la Naciones Unidas le otorgaron a Moreno Salas una beca en formación de liderazgos femeninos para la defensa de los derechos de la mujer. En 2012, el segundo año de la beca, le toca trabajar en el asunto que considera más complejo hasta ahora: la educación sexual y los derechos reproductivos de las mujeres indígenas.
“Es un tema difícil, pues aquí es común y bien visto que un hombre pueda tener una o varias mujeres y no casarse. Es común que los varones emigren y no regresen nunca, y también se da que tengan hijos entre parientes cercanos. Por eso vemos hoy, más que nunca, madres solteras con varios hijos pero sin marido o un hombre que las apoye. Ahora me toca trabajar con esas mujeres para brindarles apoyo y oportunidades de trabajo, pero sin perder de vista el tema de la prevención.”
En su comunidad las mujeres suelen tener hijos desde los 13 años y dejan de estudiar para formar familias, que llegan a tener hasta 10 integrantes. Además, señala que los talleres y foros en los que ha participado desde que tenía 26 años, ha comprobado que las indígenas sienten vergüenza al hablar de estos temas.
“Para las mujeres de mi comunidad es muy difícil hablar sobre su sexualidad –indica–, pero es algo natural y un problema de salubridad en el que tenemos que trabajar. Por eso pretendo enfocar buena parte de mi proyecto a los jóvenes, con el fin de impartir talleres de educación sexual en los que se promueva el uso del condón, la cultura de revisión para hacer pruebas de VIH y de otras enfermedades de transmisión sexual.”
Además de ganarse el reconocimiento de las más de 700 mujeres que trabajan con ella en su comunidad, Moreno Salas ha recibido varios premios estatales y federales, acude a foros internaciones y ya fue invitada a impartir en 2013 varias conferencias en Europa sobre el derecho de la mujer. Por eso comenta con una sonrisa:
“Cuando me comenzaron a invitar de otras comunidades de fuera, como San Sebastián, para hablar sobre temas de violencia intrafamiliar y equidad de género, las autoridades de mi comunidad comenzaron a tenerme respeto y a darse cuenta de que, aunque hable de sexo, no pretendo deshonrar a mi cultura, sino que busco aportar al mejoramiento de la comunidad. Las mujeres también tenemos derechos. Por más calladas que parezcamos, tenemos mucho que decir”.








