Confiado en que será gobernador, quién sabe con cuáles fundamentos, el candidato panista Fernando Guzmán promete a sus votantes el cielo, que por algo es azul… Y así va cuesta abajo en la campaña, con unos ajustes por aquí y la retórica por allá, seguro de que los jaliscienses desean más de lo mismo, tras los errores del pragmático Alberto Cárdenas, el panista de perfil priista Francisco Ramírez Acuña y el impresentable Emilio González, de quienes Guzmán fue funcionario y alfil.
Después de los mil traspiés de los panistas jaliscienses, sobre el actual gobierno, parece llegar a su fin la supuesta transición que representó en su momento el triunfo de Alberto Cárdenas Jiménez: las fracturas internas son inocultables, la campaña de Fernando Guzmán Pérez Peláez por la gubernatura va al desfiladero; corrientes enteras apoyan a Enrique Alfaro y muchos ya se adelantan al control de daños.
Como si no pasara nada, el candidato Guzmán exuda confianza, sonríe a la menor provocación y da por hecho el triunfo. Dice que “Beto (Cárdenas), Francisco (Ramírez Acuña) y Emilio (González) metieron la primera, la segunda y la tercera velocidad; a nosotros nos toca la cuarta”.
Si todo fuera como en la última gira a los pueblos del sur de Jalisco, como Zacoalco de Torres, Gómez Farías, Atoyac y Teocuitatlán, que visitó el 3 y el 4 de junio, en efecto Guzmán sería bienaventurado. Allá les preguntaba una y otra vez a los asistentes que lo vitoreaban: “¿De qué color es el cielo?” “¡Azul!”, gritaban. “¿Y el infierno?”, seguía el candidato. “¡Rojo!”, contestaban sus seguidores. “¿Y a dónde quieren ir?”, los cuestionaba en la cima de su euforia. La respuesta era la correcta: “¡Al cielo, al cielo, al cielo!”.
Uno recuerda al candidato, 28 años atrás, en una manifestación callejera por las calles de Guadalajara contra Jesús Reyes Heroles, secretario de Educación del gobierno de José López Portillo. Entonces coreaba con la misma pasión: “¡Viva Cristo Rey!”, y enardeció a miles de tapatíos en la Plaza de la Liberación al defender el derecho de los padres a dar una educación católica a sus hijos. Eran sus primeros pasos con la organización derechista Desarrollo Humano Integral y Acción Ciudadana (DHIAC), el cual ya no aparece en los currículos que hoy hace circular.
Posteriormente entró al PAN de la mano de Manuel Clouthier, Maquío, pero los panistas tradicionales lo aceptaron a regañadientes. No obstante, tras la llegada de Alberto Cárdenas al gobierno de Jalisco, Guzmán fue diputado local en 1995 y secretario general de Gobierno a partir de 1998. En el periodo de Francisco Ramírez Acuña fue diputado local y después federal. Con el tercer gobernador panista, Emilio González, volvió a la Secretaría General de Gobierno. En ese lapso fue un apoyo fundamental del cardenal Juan Sandoval Íñiguez para exigir que se esclareciera el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas.
Cuando llega a los mítines en medio de una batucada de jóvenes entusiastas que le deleitan el oído con voces de “¡gobernador, gobernador!”, a Guzmán Pérez Peláez le brillan los ojos, levanta los pulgares, reparte besos y abrazos, se deja tomar fotos.
Parte de esa gente, los más humildes habitantes de las colonias, le siguen el juego por simpatía real, lanzan porras y ondean banderas mientras él se jacta: “Han dicho que yo soy de mano dura y no se han equivocado, pero yo les digo aquí que, de ser gobernador, voy a tener más dura la mano para tratar al crimen organizado, para enfrentar la corrupción”.
–Usted dice que hará respetar la ley con mano dura, ¿pero dónde quedan los derechos humanos? –le cuestiona el reportero al término de su gira.
–Ah, también velaremos por ellos. Yo he estado siempre a favor del respeto de la persona humana y de todos sus derechos, empezando por el derecho a la vida.
Las fracturas
Ya en el poder, los neopanistas empezaron a controlar al partido de abajo hacia arriba, mientras Alberto Cárdenas le atribuía los errores de su administración a la novatada. Hubo saldos positivos que iban desde la franqueza para plantarse ante la gente hasta ciertos éxitos en la regionalización económica, dice el analista Andrés Gómez Rosales.
Pero los tropiezos continuaron. El simpático góber no entendió el cambio profundo de la sociedad jalisciense, harta de muchas décadas de corrupción, de impunidad y de ineficiencia de los gobernantes priistas, y dejó que cientos de arribistas se despacharan del erario.
Despuntaron personajes como César Coll, primer presidente municipal panista, Fernando Garza (hoy aspirante a la gubernatura por el PRD) en la punta del llamado Grupo Zapopan, y Francisco Ramírez Acuña, quien saltó como en los mejores tiempos del PRI de la alcaldía de Guadalajara a la gubernatura.
A Ramírez Acuña se le conoce como el mandatario panista más priista de la historia. Su gobierno repitió la improvisación y el desorden administrativo de su antecesor, pero le añadió mano dura contra la sociedad –desde los jóvenes de Tlajomulco hasta los altermundistas reprimidos en Guadalajara– y el inusitado crecimiento de los negocios al amparo de la función pública.
En cuanto a Emilio González, su gobierno fue una farsa, desde su temeridad de presentarse en público con unas copas encima y el alucine de sentirse el próximo presidente de la República, hasta el reparto de dinero público a empresas particulares y su puntada de mentarles la madre a muchos jaliscienses.
“Todos nosotros venimos de las heridas que dejó el 22 de abril en Guadalajara”, dice a este reportero Carlos Hernández, líder de varios grupos panistas que apoyan a Josefina Vázquez Mota en la presente campaña. “Pocos entendimos que debíamos privilegiar el respeto a la gente, la conciencia política, los principios. En contraste, se privilegió el pragmatismo y el mesianismo. Se dio cabida a todos y llegamos a un punto en que lo importante no era hacer política con los ciudadanos sino negociar cargos, tajadas del pastel, canonjías, dinero público para ganar poder. Poco a poco se perdió el rumbo. El colmo lo vivimos con Emilio González”.
–Todo indica que el PAN va al desastre…
–No, el PAN ya está en el desastre. Lo importante no es si ganamos o perdemos el 1 de julio, sino que, pase lo que pase, ya perdimos la oportunidad histórica que nos dio el pueblo de Jalisco para gobernar. Hay que volver a retomar el camino perdido, recomenzar con ánimo. ¿Qué más nos queda?
Para el doctor Andrés Valdez Zepeda, profesor investigador de la Universidad de Guadalajara, el resultado está cantado: el PAN perderá la Presidencia, la gubernatura de Jalisco, las mayorías de los congresos federal y estatal y la mayor parte de la zona metropolitana de Guadalajara.
“No se necesita ser adivino para esperar un resultado así; las señales que han dejado las rupturas internas del PAN y que llegaron a su punto más caliente con la contienda interna por la candidatura actual al gobierno, apuntan hacia allá”, comenta.
–Luego Francisco Ramírez Acuña queda relegado del escenario político del estado con su exilio en España, y crecen las versiones que señalan a Herbert Taylor como el impulsor del voto útil para Enrique Alfaro. El mismo Fernando Guzmán ha hablado de un Judas dentro de sus filas –se le plantea.
–La expulsión de los 46 panistas que apoyan a Alfaro es el síntoma de una crisis grave. Por otra parte no es un secreto la jugada de Emilio González, quien tuvo siempre dos cartas: primero, su secretario general de Gobierno, después Enrique Alfaro, a quien apoyó con amplitud de recursos económicos.
“También se da un fenómeno: crece en la zona metropolitana la existencia de corrientes amplias del panismo a favor de Alfaro, que lo ven como una alternativa, molestos con la imposición panista de Guzmán y seguros de que nunca votarían por el PRI.”
–¿Qué les queda a los panistas al final de la campaña?
–Se arma ya un grupo que quiere terminar lo menos peor en esta contienda para tener algo de poder a la hora de hacer el recuento de los daños. Yo veo que allí podrían estar Alberto Cárdenas, gente como Taylor, todos los que se opusieron a que llegara a la candidatura Fernando Guzmán y los que se queden con la maquinaria del Comité Estatal del PAN. Muchos se van a recriminar, buscarán culpables; nadie, es seguro, asumirá la derrota.
Ajustes finales
Héctor Álvarez Contreras, coordinador de la campaña al gobierno por el blanquiazul, no se arredra. Manotea, es puntual, exige eficacia hasta en los mínimos detalles a su equipo. Admite que su candidato va “en segundo lugar”, “pero remontaremos en los siguientes 15 días; apuesto a un final cardiaco, voltearemos todos los pronósticos y daremos una gran sorpresa”. De todas formas se queja:
“El PRI ha metido unos 100 millones de pesos en anuncios espectaculares y lonas, y otros 400 millones más en anuncios en camiones, taxis, calcomanías, más de 10 mil bardas en todo el estado y gastos en medios electrónicos. Es un escándalo; está claro que tienen apoyos de empresarios fuertes y de seguro los dividendos de los sobreprecios que con descaro hicieron en el concreto hidráulico, unos 300 millones de pesos cuando Aristóteles fue alcalde de la ciudad.
“Y luego están las amistades oscuras y las relaciones peligrosas que tiene Aristóteles, que son también gente de dinero. Otro caso parecido es el de Enrique Alfaro, que viene de la misma cuna de Aristóteles y tiene inclinaciones y mañas similares. También él ha gastado enormes cantidades de dinero en su campaña y todo mundo lo puede ver. Nosotros no contamos con tantos recursos, pero además nos atenemos al tope que indica la ley.”
En mayo pasado, cuando Álvarez llegó a coordinar la campaña, se puso a trabajar en su imagen y según él “ahora el candidato se ve más natural, más espontáneo. Además agregamos la promoción de carteles y calcomanías en donde subrayamos que no tiene cola que le pisen, pero sobre todo insistimos en recuperar la pasión que le hacía falta a la campaña. Hubo enfrentamientos fuertes y cuestionamientos serios dentro de las filas panistas, pero ahora se ajustaron todos los relojes y le apostamos al trabajo de tierra que siempre nos ha caracterizado”.








