Guerra de encuestas

A Otto von Bismarck (1815-1898), ministro de Guillermo II de Prusia y uno de los artífices de la unificación de Alemania, se le atribuye una frase que habla de aquellos momentos en que más se debe poner en duda la palabra de cierto tipo de personas: “Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería”. Y aun cuando el famoso Canciller de Hierro pensaba en sus contemporáneos, ese dictamen sigue teniendo vigencia en los días que corren y bien se podría aplicar al proceso electoral que ahora mismo se vive en nuestro país y muy particularmente en el estado de Jalisco, donde la ciudadanía está llamada para acudir a las urnas el próximo 1 de julio, a fin de renovar todos los puestos de elección popular tanto en ámbito local como en el federal.

Son tantos los intereses políticos y económicos que están en juego en la presente zafra electoral, que no sólo muchos de los contendientes directos han recurrido a toda clase de medios y argucias –incluidas las medias verdades y los embustes completos–, con la esperanza de sacar alguna ventaja, sino que representantes de las fuerzas vivas y de la llamada “sociedad civil” tampoco han querido dejar pasar la ocasión, ya sea para tratar de favorecer al partido o candidato de sus simpatías, o para buscar poner en aprietos a sus desafectos políticos, echando mano de cuanto medio se halle a su alcance, incluido el propalar datos e información de dudosa o nula veracidad.

Uno de los medios más socorridos para este fin son las encuestas electorales. Desde antes de que comenzaran las campañas, éstas se han venido publicando y comentando en la prensa en intervalos de pocas semanas. El objetivo aparente de lo anterior sería el de medir “científicamente” las preferencias de la ciudadanía. Sin embargo, no siempre se puede descartar otro propósito que nada tiene que ver con el aspecto meramente informativo: influir en el ánimo de los potenciales votantes y de manera particular en aquellos que todavía no deciden el sentido de su voto o entre quienes no parecen estar muy animados para acudir a las urnas.

Aun cuando las encuestas más comunes son las realizadas por despachos presuntamente “especializados” y cuyos servicios contratan distintas empresas del ramo de la comunicación –en más de un caso, son algunas de esas empresas las que realizan directamente esas mediciones–, rara vez se trata de ejercicios estadísticos inocentes, imparciales, socialmente útiles y de puro interés periodístico. Y ello porque varias de esas empresas también defienden intereses políticos.

En el caso específico de la elección para gobernador de Jalisco, han sido tan grandes las discrepancias en las encuestas publicadas entre dos diarios de la localidad que esa diferencia mayúscula sólo se puede atribuir a dos cosas: o a la deficiente elaboración de alguna de esas encuestas, o a una manipulación intencionada de la misma. En una fecha coincidente (21 de mayo), Mural y Milenio Jalisco publicaron sus mediciones más recientes. Y aun cuando ambos le dieron el primer lugar en las preferencias electorales al candidato del PRI, Aristóteles Sandoval, atribuyéndole un 46% en la intención del voto, difirieron diametralmente en el segundo puesto.

Según el sondeo de Mural, levantada en 40 municipios de las distintas regiones del estado, Enrique Alfaro, candidato del Movimiento Ciudadano (MC), habría subido de 17 a 28 % en las preferencias electorales, y esto en el intervalo de poco menos de dos meses. Este diario regional, perteneciente al Grupo Reforma, destaca otro dato: “A 40 días de la elección, Enrique Alfaro … supera al panista Fernando Guzmán en la segunda posición rumbo a la gubernatura”. El mismo diario da al abanderado blanquiazul 20% de las simpatías electorales, con una pérdida neta de nueve puntos porcentuales y con una obvia tendencia a la baja.

Por su lado, Milenio Jalisco coloca al candidato del PAN, Fernando Guzmán Pérez Peláez, en el segundo lugar con 29%, y coloca en una lejana tercera posición a Enrique Alfaro con un rezagado 13%. Es decir, según la encuesta de este diario que todavía hace un año se llamaba Público, el candidato panista contaría con una intención del voto de más del doble que Alfaro.

¿Cómo es posible que esas encuestas, aplicadas por las mismas fechas (del 10 al 15 de mayo, la de Mural, y del 11 al 13, la contrata por el Grupo Milenio) y sobre la misma realidad (las distintas regiones de Jalisco) haya podido arrojar resultados tan opuestos? En la primera de ellas, Alfaro aparece con 8.1% por encima del candidato panista, y en la otra el candidato de MC se hallaría ¡16 puntos porcentuales! por abajo del abanderado del PAN. Si de entrada se descarta una eventual intención dolosa entre quienes realizaron y publicaron esas mediciones, lo único que podría explicar resultados tan divergentes sería que una de esas dos encuestas estuvo particularmente mal hecha. ¿Cuál de ellas?
Debido a que hasta el martes de la semana pasada no había aparecido ninguna otra medición sobre el particular, no hay manera de saberlo con certeza. Sin embargo, hace un mes el diario capitalino El Universal dio a conocer una encuesta en la que Enrique Alfaro aparecía en la segunda posición, algo que difería igualmente del sondeo anterior de Milenio Jalisco (27 de abril) y el cual colocaba al abanderado de MC ¡en cuarto lugar!, dándole un exiguo 5.9%. Y aun cuando la medición estadística más reciente de este diario hable eufemísticamente de que Alfaro “logró avanzar 6.5 porcentuales” (Milenio Jalisco, 21 de mayo), este resultado difiere en un abismal ¡15 %! con respecto a la medición de Mural.

Más allá de a quién le pueda asistir la razón, no dejan de ser significativos dos hechos: la marcha juvenil del 23 de mayo por varias calles y avenidas tapatías, y el comportamiento reciente del candidato priista a la gubernatura, al que hasta ahora todas las encuestas siguen colocando como puntero. En el primer caso, el del recorrido de los jóvenes tapatíos identificados con el movimiento #YoSoy132, estos hicieron dos paradas de protesta en las afueras de la sede de Televisa Guadalajara y en la del Grupo Milenio Jalisco, para exigir un manejo imparcial de la información y particularmente de las campañas políticas. En el caso específico de Milenio Jalisco, ¿cómo no pensar que el reclamo de los jóvenes estaba motivado por la controvertida encuesta que ese diario había publicado dos días antes?

Por lo que hace a Aristóteles Sandoval y sus promotores, llama la atención que de un tiempo para acá se ocupen con tanta insistencia de Enrique Alfaro, hasta el extremo de haberse desentendido del panista Fernando Guzmán. ¿Tendría sentido lo anterior si, como asegura la encuesta de Milenio Jalisco, el alcalde con licencia de Tlajomulco marcha en un lejano tercer lugar? No, la preocupación de Sandoval y los sandovalistas (incluidos algunos antialfaristas confesos como los integrantes del clan político de la UdeG) se debe al crecimiento de la candidatura de Alfaro, a pesar de que su postulación es de un partido tan menor que ni siquiera tiene registro local. No de otro modo se explica que hasta el propio Aristóteles Sandoval acuse al abanderado de MC de ser “el candidato del gobernador”.

¿Es exagerado considerar lo anterior como una guerra de encuestas? No, en la medida en que esas mediciones provisionales, y dudosamente científicas, vienen siendo utilizadas por los candidatos y por quienes los rodean como otra arma más de la contienda electoral que habrá de decidirse en cuatro semanas más. l