Criticado por sectores del PRD, el expanista Fernando Garza afirma que realiza su campaña prácticamente solo, pues casi nunca consulta a la dirigencia del partido. Entrevistado en un café en el que se reúnen políticos y empresarios tapatíos, dice que sus actividades las concentra en la zona metropolitana porque ahí está 65% de los votos. E insiste: “con mi propuesta quiero evidenciar lo mal que está Jalisco”.
El candidato del PRD al gobierno de Jalisco, Fernando Garza Martínez, dice que en su campaña rara vez consulta a la dirigencia del partido, que controla Raúl Padilla López, y aprovecha para desligarse del también líder del Grupo Universidad.
Garza, quien durante 24 años militó en el PAN, renunció a él luego de que la cúpula local optó por Jorge Alberto Salinas Osornio como candidato a la alcaldía de Guadalajara. Alegó que en su antiguo partido no había ya vida democrática ni valía la pena continuar en sus filas.
Y aun cuando no es militante del PRD, lo lanzó como su candidato a la gubernatura. Diversos sectores se preguntan qué motivó al partido a inclinarse por un personaje que antes militó en la derecha proclive a defender la vida desde la concepción, a una izquierda que promueve el derecho al aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Garza se defiende. Dice que al cambiar de partido no traiciona sus principios, pues él nunca ha estado a favor del aborto, pero tampoco de que se criminalice a la mujer que recurre a esa práctica. Según él, la verdadera doctrina del PAN tiene un alto contenido social que se asemeja a algunos postulados del PRD –y aun a los del PRI–, pero algunos de sus militantes “la han llevado al extremo”.
“¿De dónde sale el fundamento de la doctrina del PAN? De la encíclica de León XIII en 1890. Si se lee bien, la encíclica tiene muchos cortes sociales, como atacar la pobreza, emprender (acciones) con sentido social. ¡Métete a los discursos de Efraín González Morfín!, candidato a la Presidencia de la República en 1970. En esos discursos has de cuenta que es El Peje”, asevera Garza Martínez.
–¿Por qué aceptó la candidatura del PRD? –se le pregunta.
–Con mi propuesta (quiero) evidenciar lo mal que está Jalisco. Tenemos el lugar 22 en primaria y el 17 en secundaria. Cómo es posible que la economía del estado crezca por debajo de lo que crece la media del país. De ser el segundo lugar en economía, hoy es la cuarta. En productividad ocupamos el lugar 14. Eso quiere decir que estamos haciendo mal la tarea.
La entrevista se realizó en el café Martinique, muy frecuentado por políticos y empresarios locales. Apenas empieza a hablar Garza, se acerca a saludarlo Arturo Cañedo Castañeda, quien fue contralor estatal en la gestión de Francisco Ramírez Acuña. En una cercana mesa está Guillermo Martínez Mora, candidato del PAN a diputado local por el Distrito 10; en otra José Pérez Ramírez, presidente del consejo directivo de Radiodifusoras y Televisoras de Occidente (Rato).
Garza presume que conoce a todos los contendientes y los respeta; eso no le impide ver sus fallas, dice.
Al alcalde con licencia de Atlacomulco Enrique Alfaro Ramírez, abanderado del Movimiento Ciudadano, el entrevistado le critica su anterior militancia en tres partidos, pero sobre todo que ahora se presente como “candidato ciudadano”.
Y lo cuestiona: “¿Cómo puede prometer seguridad pública cuando durante su gestión en Tlajomulco se encontraron los dos laboratorios más grandes de drogas sintéticas y no se dio cuenta?”.
Acerca del panista Fernando Guzmán Pérez Peláez, Garza le reprocha que se promocione como el “único candidato que ha salido de un proceso democrático”. “¡No tiene vergüenza!”, exclama; “¿cuánto se gastó?” “(Los panistas) usaron los padrones de 70 y Más, el de Oportunidades, con Piso Firme; uso la estructura de gobierno del estado a través de la Secretaría de Desarrollo Humano” que encabezó Martín Hernández Balderas, hoy aspirante a senador.
Según Garza, Guzmán “tenía cinco años usando la nómina para colocar gente que lo apoyara”. Y lo reprueba porque, dice, él fue responsable de la política interna del estado y coordinador del gabinete de seguridad y ahora le avienta la bronca al gobernador por los problemas de seguridad; además, tiene mala relación con el Congreso local y como funcionario emilista tuvo una “intromisión constante” en el Poder Judicial.
Con relación con al priista Jorge Aristóteles Sandoval, Garza es más benévolo, aunque, comenta, sus promesas de campaña en materia de seguridad no son muy creíbles, pues durante su gestión como alcalde no atendió ese problema. “Yo he sido víctima de robo en mi casa”, afirma.
Los atropellamientos
Aun cuando pone en tela de juicio las encuestas que dan la delantera a Aristóteles Sandoval, Garza Martínez asegura que el priista puede ganar; también expresa sus dudas de que Enrique Alfaro esté en segundo lugar, pues ese sitio lo debería ocupar Fernando Guzmán, como aseguran varios sondeos, uno de los cuales le da 13% y otro 28% en las preferencias electorales.
“Eso es imposible –estalla–. Las encuestas son trajes a la medida si no se hacen profesionalmente. En una encuesta (elaborada por el Centro Estratégico para el Desarrollo del CUCSH) yo traigo 13%, Alfaro 16%, Guzmán casi 30% y Aristóteles 40%.”
El entrevistado asegura que el PRD carece de una estructura, por lo que algunos panistas están apoyando su campaña, aunque sus posibilidades de ganar sean bajas. Y adelanta: “Mínimo vamos a sacar 15 puntos. Estoy viendo la reacción de la gente en la calle. Quiere un cambio: ni PRI ni PAN”.
Hasta el cierre de edición, Garza Martínez ha gastado 7.2 millones de pesos y espera que el CEN del PRD le entregue 1.5 millones más.
Proceso Jalisco le pregunta si ha pedido apoyo a empresarios, admite que sí, pero nadie se arriesga a aportar por él. “Algunos constructores me dicen: ‘Si estuvieras en otro partido, sí te apuesto algo’”, relata.
Garza Martínez ha centrado su campaña a la zona metropolitana de Guadalajara “por una razón es muy sencilla”: aquí está 65% de los votos. ¿Para qué voy a Chiquilistlán, si tiene sólo 2 mil 500 votantes?”. Detalla que dedica dos días a los municipios de Guadalajara y Zapopan, medio día para Tlaquepaque y Tonalá y dos días hace giras fuera de la ciudad.
Algunos de sus compañeros del grupo Zapopan –el exalcalde Juan Sánchez Aldana, Jorge Urdapilleta Núñez y el exsecretario general de gobierno Raúl Octavio Espinoza Martínez– no lo están apoyando. La semana pasada Espinoza incluso lanzó un llamado a los panistas para que le den su voto a Alfaro Ramírez.
Garza asegura que dejó el PAN porque el partido “ha dejado de lado la doctrina y principios y está inmerso en intereses personales o de grupo”. Muestra de que no hay democracia en el seno del organismo es la imposición de candidatos, dice, y pone un ejemplo:
“En la última contienda panista interna en la que participé hubo una afiliación masiva (de 2 mil 200 personas) totalmente irregular. El único fin era impulsar a Jorge Salinas como candidato. Al puro estilo priista, la línea del CEN era que Salinas era el candidato y que mis reclamos no correspondían. Por eso renuncié al partido.”
Su primer “atropellamiento” en el PAN, relata, fue cuando el entonces líder del partido, Eduardo Rosales, impuso a Emilio González como candidato a la gubernatura. En ese tiempo el partido amenazó a los presidentes municipales con retirarles los recursos si respaldaban la candidatura de Garza.
Deslindes
Fernando Garza admite que no tiene ninguna relación con el candidato presidencial del Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador; incluso comenta que sólo lo vio cuando ambos coincidieron en la Unión de Comerciantes del Mercado de Abastos.
La falta de contacto con López Obrador, quien apoya de manera abierta a Enrique Alfaro, se debe, dice, a que el coordinador de Morena, Enrique Ibarra Pedroza, y el presidente de Alianza Ciudadana, Esteban Garaiz, lo están “bloqueando”.
–¿Qué opina acerca de que López Obrador levantó la mano a Alfaro?
–Se me hace una mala estrategia (sobre todo porque en Jalisco) se identifica a López Obrador como perredista.
–Como parte de la guerra sucia se repartieron volantes y mantas en donde se dice que el candidato del PRD es un traidor. ¿Eso lo perjudica?
–Yo no he visto esos volantes ni las mantas. (Alfaro) es un mentiroso. Primero dice que el PRD es un lastre; eso me lo dijo cuando me invitó a unirme a él. Incluso me dijo: “Si me salgo yo, se acabó el PRD en Jalisco”. Pero al poco tiempo pidió el voto del PRD, ¿no que no sirve?
Para Garza, es improbable que el sol azteca vaya a perder el registro como partido. “Lo perdería si yo declino y me sumo a él (Alfaro). Porque él no es candidato del PRD. Los votos que deje de obtener el partido no se sumarán a él, porque no hay coalición”.
También se deslinda de Raúl Padilla, con quien, dice, tiene una relación lejana. Cuenta que el primer contacto que tuvo con él fue en 2002, durante la Feria Internacional del Libro (FIL), de la que Raúl es presidente vitalicio, cuando el país invitado fue Cuba.
Ese año una delegación del país caribeño vino a la exposición pero no asistió el presidente Fidel Castro Ruz. Meses antes, en marzo, el mandatario asistió a la Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas sobre el Financiamiento al Desarrollo en Monterrey, donde el presidente Vicente Fox “invitó” al mandatario a salir del país para no incomodar al presidente de Estados Unidos, George W. Bush. La frase de “comes y te vas” pronunciada por Fox se hizo célebre.
Era difícil que Castro pisara suelo tapatío para asistir a la FIL. Sin embargo, durante su gestión como alcalde de Guadalajara, Garza Martínez comentó a Raúl Padilla sobre la conveniencia de traer a Castro a la ciudad:
También relata que le dijo al embajador cubano: “A mí me vale madre lo que diga Fox. Yo quiero que venga Fidel”.
Cuando le dieron luz verde, Garza viajó a La Habana para entregar él mismo la invitación al líder revolucionario.
“En Cuba me dieron un trato preferencial. Me alojaron en una residencia para invitados especiales; no la más fregona, pero si una chingona, con alberca. ¡De poca madre! Me atendieron el ministro y el viceministro de Cultura, el gobernador y el alcalde de La Habana; me organizaron una reunión con las juventudes comunistas cubanas. ¡Eran como mil cabrones!”, rememora el candidato del PRD.
Por un momento pensó, dice, que no le permitirían entregar la invitación a Fidel. Pero él accedió, aunque sus guardias de seguridad le expusieron a Garza que sólo tendría 30 minutos y le prohibieron llevar cámara fotográfica.
“Estuvimos de las 9 a las 12:30. En ese rato él habló 75-80% del tiempo. No te suelta el micrófono… Fue una experiencia muy bonita”, insiste Garza.
Le sorprendió que el líder cubano tuviera una pizarra de poliestireno en la pared con papelitos de los 125 proyectos que cambiarían a Cuba: “Lo veías platicar con una vehemencia, como si tuviera toda la vida por delante. Él pensaba que iba a ser eterno, yo creo. Me gustó mucho la entrevista”.
Antes de despedirse, Fidel le dijo: “Cuando quieras venir serás bien recibido. Eres mi amigo; te agradezco que me hayas venido a invitar. No puedo ir, tengo un evento en Bolivia con Evo”.
Orígenes
Oriundo de Colima, en cuya capital lo registró su padre, Garza Martínez llegó a Guadalajara cuando tenía nueve años. Cursó el bachillerato en la escuela vocacional de la Universidad de Guadalajara y la carrera de Ingeniería Química en la misma casa de estudios. Fundó su propia empresa productora de plásticos, Garza Plast, que le permite vivir holgadamente.
Entre sus clientes tenía a Guillermo Petersen, hijo de Germán Petersen, uno de los panistas más reconocidos. Refiere también que una vez compró una máquina inyectora a Javier Ochoa Godoy, otro connotado panista. Ambos lo indujeron a afiliarse al PAN y él accedió, asegura, “cansado de ver devaluaciones del orden de 12% cada mes”.
Cuando llegó a las oficinas del partido en la calle José Guadalupe Montenegro, los directivos le informaron que cada lunes se reunía el comité de campaña. En 1991, relata, le ofrecieron por primera vez competir por una candidatura federal en el antiguo Distrito 17. En los comicios siguientes le ofrecieron competir por el Distrito 20.
“Cuando me dijeron comité de campaña, me imaginé un ejército, pero en realidad eran cuatro o cinco personas. Ahí conocí a Raúl Octavio, el que fue nuestro líder del Grupo Zapopan. Así fue como empecé en la política. Solo llegué y como dije el día que renuncié al PAN: solo me voy”, enfatiza el entrevistado. l








