Señor director:
Permítame denunciar públicamente que el pasado mes de agosto, cuando circulaba por la carretera federal a Puebla, a la altura del poblado de Tlalpizáhuac, Estado de México, sin mediar infracción o falta fui interceptado por la patrulla 09813 de la entonces denominada Agencia de Seguridad Estatal (ASE).
Al establecer contacto con el oficial, me pidió presentar mis documentos. Así lo hice y, aunque no faltó ninguno, me ordenó seguirlo. Llegamos al corralón, me señaló el sitio donde debía colocar mi camioneta y desapareció.
Enseguida llegó otro tipo, me levantó el inventario y me dijo que si no me iba “a arreglar”. Yo le pregunté cuánto era, y él contestó que serían 6 mil pesos. Al ver mi sorpresa, me dijo que consultaría si podía haber una rebaja. Poco después regresó y me dijo que serían 4 mil pesos, pero con la condición de que me llevara inmediatamente la camioneta. Esto me pareció una salvajada, además de que no existía ninguna boleta de infracción.
Traté de localizar al agente que me detuvo, y jamás lo pude ubicar o me lo negaban. Opté por solicitar auxilio en otras instancias: peregriné por la Subdelegación de Tránsito, la Oficina del Transporte, la Contraloría estatal, la CNDH, la CEDH y otras. Curiosamente, la respuesta era similar: que ellos no podían hacer nada, que me arreglara directamente con el corralón, el cual estaba concesionado a una razón social que se denomina “Castillo”.
Al presentarme de nuevo en el corralón, insistieron en que sólo llevando la cantidad de dinero mencionada liberarían mi camioneta. Les reclamé entonces que me mostraran las infracciones, y manifestaron que no estaban cobrando ninguna infracción, que simplemente pagara y ya.
Mi camioneta es muy vieja y deteriorada (una Dodge 350 modelo 1985), que utilizaba para trasladar mi mercancía y que, a mis 60 años de edad, era mi único sostén. No creo que sea ético ni humano despojarme arteramente de mi herramienta de trabajo.
Sería un tanto injusto señalar como único responsable al señor Eruviel Ávila, ya que en la fecha del acontecimiento referido él apenas se estrenaba como gobernador, y los vicios de los que he sido víctima ya se arrastraban desde el sexenio del señor Peña Nieto, quien no hizo nada por combatirlos.
No me explico cómo el señor Peña Nieto pretende ser ahora presidente de la República y se compromete a combatir la pobreza cuando los policías que él tuvo y que dejó lo único que hacen es aumentar la pobreza. Es vergonzoso que a plena luz del día esos policías se coloquen en las calles de día o de noche para sorprender a los automovilistas y saquearlos.
Cada vez que uno circula por las calles de Edomex pareciera que se encuentra en calles de Kabul, Afganistán, o de Bagdad, Irak, y que no diga el señor Peña Nieto que no está enterado, porque si ahora no sabe lo que pasa a 90 kilómetros de su domicilio, ¿cómo se enterará de lo que ocurre a miles de kilómetros al norte y al sur del país si es que llega a ocupar la Presidencia de la República?
Por dignidad seguiré luchando por recuperar mi herramienta de trabajo, porque no es justo que unos malandrines como los policías del Edomex, en complicidad con la concesionaria Castillo, continúen haciendo de las suyas en contra de la ciudadanía que sí trabaja.
El gobernador Eruviel Ávila tiene la última palabra.
Atentamente
Manuel García Cruz
Teléfono: 044/55/38909208








