Cualquiera podría suponer que el encabezado se refiere a unos torsos desnudos en una propaganda del PRD, pero no es el caso. No tiene sentido ocuparse de vacuas procacidades. Don Juan Ruiz de Alarcón escribió una pieza de teatro muy famosa, allá por el año 1619, con este título. Aquí se utiliza para connotar la inesperada irrupción de nuestros jóvenes a las calles, que vino a darle sabor al caldo al presente proceso electoral, que se veía tan desangelado. Fue tan llena de jolgorio, tan festiva, cantada tan a voz en cuello, que le queda esta calificación.
No está claro cómo se armó el tinglado. Como la afluencia de mensajes y amarres corre de manera difusa y profusa en las redes sociales, muchos usuarios se encadenaron en el compromiso de salir a la calle y manifestarse. La novedad es que ocurra en Guadalajara, la ciudad conventual por excelencia, la gazmoñería viva, el vivo retrato de la ñoña pudibundez. Pues se dio. El pasado sábado 19 de mayo, a pleno mediodía, con el pesado calor de la una de la tarde, desfilaron por el centro, por la emblemática avenida Juárez, unos 3 mil manifestantes. Coreaban consignas espontáneas, cargaban cartulinas y mantas elaboradas al vapor. Ejercitaron el derecho a ocupar la plaza pública, que es de todos; a marchar por las arterias del rancho grande, que también son de todos. No les inhibió el secuestro que sufren éstas tiempo ha por su majestad el automóvil.
Aquí nunca se ven procesiones políticas y menos si son convocadas para protestar o para oponerse a alguna medida impopular o a un personaje siniestro. Aquí vivimos en el limbo. Se lleva a la Virgen a Zapopan mediante turbamulta o se contemplan desfiles cívicos, los debidamente autorizados. A lo sumo responde la población con su presencia a la farándula pesada, para las Fiestas de Octubre o para los festivales del mariachi. Pero por causa de fervorín político, nunca se había visto. Y menos así de espontánea y nutrida como se experimentó tan rara vivencia esta vez. Por eso hay que registrarlo.
Quienes hayan propalado la iniciativa deben estar satisfechos de la respuesta tapatía. Se dice que de las 20 ciudades del país en que hubo respuesta, la tapatía fue la más nutrida, tras la del Distrito Federal. Habrá que tirar una raya en el agua. El motivo visible fue para pronunciarse en contra del PRI y de su candidato Peña Nieto. De alguna manera había que repudiar del sonsonete acrítico con que los medios masivos se lo inoculan a la población. Ya resulta insufrible la aparición de su imagen, que la vemos hasta en la sopa. Los mensajes mercantiles con que atruena su reiteración es punto menos que atosigante. Se comprende la reacción de hartazgo contra tan infame sonsonete.
Los responsables de que la campaña de Peña Nieto atraque a feliz puerto deben estar preocupados por esta manifestación de rechazo generalizado. Por exceso, por saturación, se les está revirtiendo la fórmula. Ya tienen vacunada a la gente en contra de este infumable producto milagro. Ya no pueden estar haciendo las cuentas alegres del gran capitán. Y si las hacen, en su salud lo hallarán, como bien pontifican los rancheros.
La algarada fue festiva e interminable. Casi ninguno de los marchantes llevaba desocupadas las manos. Abundaban las pancartas y los papelones escritos a mano. No cesaron de corear consignas a voz en cuello. Y pronto se conjuntaban las voces, de manera que el volumen hizo cuerpo y atronó el cielo tapatío. Fue una manifestación auténtica. Algunas de las leyendas portadas eran graciosas, otras provocativas: “Fuera Aristóteles; Aristóteles represor, no gobernador; No más PRI; Pueblo, despierta, el PRI no da respuesta; Atenco no se olvida; La reforma laboral del PRI quita derechos, traición a los trabajadores; Televisa te idiotiza, TV Azteca te apendeja; Pueblo informado, jamás manipulado; La democracia vale más que un copete; Peña Nieto, entiende, el pueblo no te quiere; No cometamos los mismos errores que nuestros padres; Cerebro sí, copete no; No queremos más Salinas ni Montiel; Mismo dinosaurio, distinto copete; Gaviota, gaviota, tu viejo es un idiota; Ya nos quitaron los sueños, por eso despertamos”.
Lo mejor y más inusitado de esta festiva algarada es que sean los jóvenes de todo el país quienes hayan abrazado la campaña. Es bueno que dirijan sus dardos en contra del PRI, en contra del candidato del sistema, en contra de la mentira edulcorada. Pero lo mejor es que hayan interiorizado la tarea como propia, con el entusiasmo que impregnan los muchachos a sus faenas, con la alegría y la jovialidad de sus años tiernos. La juventud mexicana parece despertar de un letargo penoso, al que había estado sometida. Y el grito de esperanza brota enjundioso otra vez desde nuestras universidades, públicas o privadas. La UNAM, la UAM, el IPN; pero también los de la Ibero y los del Tec. Son indicios de buen temporal. Y como los jóvenes son ruidosos y joviales, sin buscar más endechas a su calificación, gritan a lo más que les da su ronco pecho. Hacen uso pues de sus pechos privilegiados.
Sin embargo, en medio de toda esta embriagante euforia estudiantil hay otra vez una gran ausencia. Otra vez, como en 1968, los contingentes de la UdeG brillan por su ausencia. Por más que se les busca en el escenario de la protesta y de la toma de conciencia espontánea, no aparecen. Se les impone otra vez, contra su salutífero grito de protesta, la aviesa estulticia, el silencio vergonzante con que les mantienen sometidos sus titiriteros. Otra vez brota de los espacios universitarios de Jalisco el penoso silencio de los emasculados.
Cuando pasen los días, estos jóvenes medrosos y pusilánimes vivirán los reclamos y las puyas de sus iguales, por no haberse sumado a tiempo a una algarada que les es propia, que atizan con sus propios leños. Y no tendrán respuesta, como nunca la tuvieron para su ausencia cómplice de la rebeldía del 68. A los estudiantes de la UdeG les pesan la conciencia social y su expresión abierta. Desafinan en las canciones de liberación que cunde entre el coro de los esclavos. No les enciende la audacia de conquistar las estrellas. Siguen conformándose con poco, como buenos evirados y obedientes. Sus cuadrillas andan por las calles haciéndole más bien la campaña a Trino y a Leobardo, del PRI, o a un PRD local, desdentado e insulso. Hasta allá llega la mediatización y la inoculación de antivalores que practica en la UdeG el tenebroso padillismo. ¿Cuándo amanecerá, camarada, para la juventud de Jalisco?








